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Esclavos de la Pasion Pelicula Completa

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Esclavos de la Pasion Pelicula Completa

La noche en la Condesa bullía con ese ruido chido de la ciudad que te envuelve como un abrazo caliente. Tú, Ana, con tu vestido negro ceñido que marcaba cada curva de tu cuerpo moreno, te movías al ritmo de la cumbia rebajada que tronaba en el bar. El aire olía a mezcal ahumado y a jazmín de los maceteros en la terraza. Habías salido con tus cuates para desquitarte del pinche estrés del trabajo, pero desde que entraste, sentiste esa cosquilla en el estómago, como si la noche te estuviera guiñando el ojo.

Ahí estaba él, Diego, recargado en la barra con una chela en la mano. Alto, con esa barba recortada que le daba un aire de galán de telenovela, ojos cafés que te taladraban sin piedad. Vestía una camisa blanca desabotonada lo justo para dejar ver el vello oscuro en su pecho. Te pilló mirándolo y sonrió, esa sonrisa pícara que dice "ya valiste, mamacita". Se acercó con paso seguro, el olor de su colonia cítrica invadiendo tu espacio.

—Órale, güeyita, ¿vienes a conquistar o qué?

Le contestaste con una risa coqueta, el corazón latiéndote como tambor en fiesta. Charlaron de todo: de los tacos al pastor que se comen en la esquina, de cómo la CDMX te chupa el alma pero no te suelta. Cada roce accidental —su mano en tu brazo al pasar el shot de tequila— encendía chispas en tu piel. El calor entre tus piernas empezaba a molestar, un pulso insistente que te hacía apretar los muslos bajo la mesa.

¿Qué carajos me pasa con este wey? Piensas, mientras su aliento roza tu oreja al susurrar un chiste sucio. Su voz grave te vibra por dentro, como si ya te estuviera tocando en secreto.

La tensión crecía con cada mirada, cada sorbo compartido. Bailaron pegaditos, su cadera contra la tuya, el sudor perlando su cuello. Sentías su verga endureciéndose contra tu vientre, dura y prometedora. No aguanto más, pensaste, y le mordiste el lóbulo de la oreja.

—Vámonos de aquí, nena. Mi depa está a dos cuadras.

No hubo palabras, solo un asentimiento febril. Caminaron por las calles empedradas, el viento nocturno fresco contrastando con el fuego que los consumía. Su mano en tu cintura, dedos hundiéndose posesivos. Llegaron al edificio moderno, subieron en el elevador donde se devoraron en un beso salvaje: lenguas enredadas, sabor a tequila y menta, sus manos amasando tus nalgas.

Adentro, el depa era puro lujo: ventanales con vista a la ciudad iluminada, velas aromáticas a vainilla encendidas. Puso música suave, rancheras electrónicas que te ponían la piel de gallina. Se sentaron en el sofá de piel suave, él sirvió dos copas de mezcal. Pero las copas quedaron olvidadas cuando te jaló a su regazo.

Sus besos bajaron por tu cuello, mordisqueando la clavícula. Qué rico huele, a hombre de verdad, sudor limpio y deseo puro. Tus manos exploraban su pecho firme, pezones duros bajo tus uñas. Él desabrochó tu vestido con dedos temblorosos, dejando tus tetas al aire. Las lamió despacio, lengua caliente trazando círculos, succionando hasta que gemiste alto, el sonido rebotando en las paredes.

Esto es una locura, Ana. Pero qué chingón se siente ser esclava de este pinche deseo. No pares, cabrón.

La cosa escaló cuando mencionó esa película que ambos conocían de oídas, una de esas joyas eróticas clandestinas que circulan en la red. —Somos como en Esclavos de la Pasion Pelicula Completa, ¿no? Rindiéndonos sin remedio. Reíste, pero era verdad. Sus manos bajaron a tu entrepierna, separando tus labios húmedos. Estabas chorreando, el olor almizclado de tu excitación llenando el aire. Metió un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí, en ese punto que te hacía arquear la espalda.

Estás bien mojada, putita mía. Dime que lo quieres.

Sí, pendejo, métemela ya.

Se quitó la ropa con prisa, su verga saltando libre: gruesa, venosa, la cabeza brillando de pre-semen. La tomaste en tu mano, piel aterciopelada sobre acero, latiendo contra tu palma. La lamiste desde la base, saboreando la sal de su piel, hasta tragártela entera. Él gruñó, manos enredadas en tu pelo, follando tu boca con embestidas controladas. El sonido obsceno de succión y saliva te ponía más caliente.

Te levantó como si no pesaras, te llevó a la cama king size con sábanas de satén fresco. Te abrió de piernas, admirando tu coño depilado, hinchado de necesidad. Bajó la cabeza, lengua plana lamiendo tu clítoris en círculos lentos. Qué delicia, su barba raspando mis muslos, el calor de su boca succionando mis jugos. Gemías sin control, caderas moviéndose solas, persiguiendo su lengua. Él chupaba tus labios, metiendo la lengua adentro, bebiendo tu esencia dulce y salada.

La intensidad subía como fiebre. Te volteó boca abajo, nalgas en pompa. Sentiste la cabeza de su verga rozando tu entrada, untándose en tus fluidos. Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. ¡Ay, wey, qué grande la tienes! Llenándote hasta el fondo, el choque de su pubis contra tus nalgas sonando como palmadas. Empezó a bombear, lento al principio, dejando que sintieras cada vena, cada pulso.

Esto es puro vicio, Ana. Su sudor goteando en mi espalda, el slap-slap de carne contra carne, su aliento jadeante en mi oreja. Somos esclavos totales de esta pasión.

Aceleró, manos agarrando tus caderas, tirando de ti contra él. Cambiaron: tú encima, cabalgándolo como reina, tetas rebotando, uñas arañando su pecho. Él te amasaba las nalgas, un dedo rozando tu ano, prometiendo más. El placer crecía en espiral, tu clítoris frotándose contra su hueso púbico. Gemías palabras sucias: —Cógeme más duro, cabrón, hazme venir.

Volteó de nuevo, misionero feroz, piernas sobre sus hombros, penetrando profundo. Sus ojos clavados en los tuyos, sudor perlando su frente. El olor de sexo impregnaba todo, almizcle, sudor, esencia compartida. Sentiste el orgasmo venir como ola: contracciones violentas, coño apretándolo como puño, gritando su nombre. Él se corrió segundos después, chorros calientes llenándote, gruñendo como animal.

Colapsaron juntos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. Te acurrucaste en su pecho, oyendo su corazón galopante calmarse. El aire fresco de la ventana besaba sus pieles húmedas. Besos suaves, caricias perezosas.

—Eso fue épico, nena. Como vivir Esclavos de la Pasion Pelicula Completa en carne propia.

Reíste bajito, el cuerpo lánguido y satisfecho. La pasión los había esclavizado, pero qué chido ser prisionero de algo tan vivo. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero en esa cama, el mundo era solo ellos, en afterglow perfecto.

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