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La Pasión de Cristo en Español Completa

6361 palabras

La Pasión de Cristo en Español Completa

Tú estás recostada en la hamaca de la terraza del chalet en Playa del Carmen, con el sol del atardecer tiñendo el cielo de naranjas y rosas que se reflejan en el mar Caribe. El aire huele a sal marina mezclada con el aroma dulce de las buganvillas que trepan por las paredes de adobe. Cristo, tu carnal de tantos veranos, sale de la cocina con dos chelas frías en la mano, su piel morena brillando por el sudor del calor húmedo. Es un pinche dios griego, con músculos tallados por horas en el gym y esa sonrisa pícara que te hace mojar las panties sin esfuerzo.

¿Por qué carajos me pongo así con él? piensas mientras lo ves acercarse, su camiseta ajustada marcando el pecho ancho y los abdominales que tanto te gustan lamer. Lleva el cabello negro revuelto, y sus ojos cafés te clavan como si ya supiera lo que viene. Te entrega la cerveza, sus dedos rozan los tuyos, y sientes esa chispa eléctrica que sube por tu brazo directo al clítoris. "Salud, mi reina", dice con esa voz ronca, mexicana hasta la médula, sentándose a tu lado en la hamaca que cruje bajo su peso.

Bebes un trago largo, el líquido helado bajando por tu garganta reseca, y lo miras de reojo. Han pasado semanas sin verse por sus viajes de trabajo, y la tensión sexual entre ustedes es como un volcán a punto de reventar. Hablan de tonterías: el tráfico chido de la carretera, la comida callejera que comieron en Tulum, pero sus miradas se enredan, prometiendo más. Su mano grande se posa en tu muslo desnudo, bajo la falda ligera, y el calor de su palma te eriza la piel.

Quiero que me coja ya, aquí mismo, con el mar de testigo
, confiesas en tu mente, mordiéndote el labio.

La noche cae rápido, como siempre en la costa, y encienden la fogata en la playa privada. El crepitar de las llamas ilumina sus rostros, y el humo huele a leña seca y coco tostado. Se besan por primera vez esa noche, lento, saboreando el sabor salado de sus labios y el regusto de la cerveza. Su lengua invade tu boca, explorando con hambre contenida, mientras sus manos suben por tu espalda, desatando el top del bikini. Tus pezones se endurecen al aire fresco, y él los roza con los pulgares, enviando ondas de placer que te hacen gemir bajito.

Esto es puro fuego, güey, piensas, arqueando la espalda para presionar tus tetas contra su pecho. Cristo gruñe, un sonido animal que vibra en tu piel, y te carga en brazos como si no pesaras nada. Regresan al chalet, riendo entre besos, tropezando con la puerta. Dentro, la habitación huele a sábanas frescas de algodón egipcio y a su colonia masculina, ese almizcle que te vuelve loca. Te arroja suave sobre la cama king size, y se quita la ropa con prisa, revelando su verga dura, gruesa, venosa, apuntando directo a ti como un te quiero chingar silencioso.

Te incorporas de rodillas, atraída como imán, y la tocas primero con las yemas de los dedos, sintiendo el pulso caliente bajo la piel aterciopelada. "Mírala, mi amor, toda para ti", murmura él, y tú la besas en la punta, probando la gota salada de precum que sabe a deseo puro. Lo mamas despacio al principio, girando la lengua alrededor del glande, oyendo sus jadeos roncos que llenan la habitación. Sabe a él, a mar y sudor, a todo lo que ansío. Acelera el ritmo, chupando más profundo, tus manos masajeando sus huevos pesados, hasta que él te jala del pelo suave, "Para, nena, o me vengo ya".

Te tumba boca arriba, besando cada centímetro de tu cuerpo: el cuello que huele a tu perfume de vainilla, las tetas que chupa con avidez dejando marcas rojas, el ombligo que lame haciendo cosquillas. Baja a tu concha, ya empapada, hinchada de necesidad. El primer roce de su lengua en el clítoris te hace gritar, "¡Ay, Cristo, sí!". Lamidas largas, succiones expertas, dedos curvados adentro frotando ese punto que te deshace. Hueles tu propio aroma almizclado mezclándose con el suyo, sientes tus jugos corriéndole por la barbilla mientras te corro a chorros, las piernas temblando, el corazón latiendo como tambor en tus oídos.

Pero no para ahí. La tensión sube otra vez, psicológica y física.

Quiero sentirlo todo, su peso, su fuerza, su pasión completa
. Él se coloca entre tus piernas, la verga rozando tu entrada húmeda, y te penetra lento, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Pinche enorme, me llena como nadie. Empieza a bombear, primero suave, mirándote a los ojos con esa intensidad que dice eres mía. Tú clavas las uñas en su espalda ancha, oliendo el sudor fresco que perla su piel, saboreando el beso salado mientras acelera.

El ritmo se vuelve feroz, la cama golpeando la pared con thuds rítmicos, vuestros gemidos mezclándose con el rumor de las olas lejanas. Cambian posiciones: tú encima, cabalgándolo como reina, tus caderas girando, sintiendo cómo su verga toca lo más hondo. Él te agarra el culo, azotando suave, "¡Muévete así, chula, qué rico!". El clímax se acerca, tus músculos contrayéndose alrededor de él, pulsos acelerados sincronizados. La pasión de Cristo, en español completa, aquí en mi cuerpo, pasa por tu mente fugaz, como un título perfecto para esta noche eterna.

Explota primero él, gruñendo tu nombre, llenándote con chorros calientes que te llevan al borde. Tú lo sigues, corriéndote fuerte, visión borrosa, cuerpo convulsionando, un grito ahogado que sale del alma. Colapsan juntos, jadeantes, pieles pegajosas de sudor y fluidos, corazones martilleando al unísono.

En el afterglow, Cristo te abraza por detrás, su verga aún semi-dura contra tu culo, besándote el hombro. El aire se enfría, pero sus cuerpos calientes mantienen el calor. "Eres lo máximo, mi vida", susurra, y tú sonríes, sintiendo la paz profunda post-orgasmo. Hablan bajito de planes futuros: viajes a Oaxaca, noches como esta. Esto no es solo sexo, es conexión, pasión que no se acaba. Duermen así, envueltos en sábanas revueltas que huelen a sexo y amor, con el mar cantando arrullo fuera.

Al amanecer, despiertas con su boca en tu cuello, lista para otra ronda. La pasión de Cristo, en español completa, no termina nunca.

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