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Pasion En Portugues

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Pasion En Portugues

Estaba en la playa de Puerto Vallarta, con el sol quemándome la piel morena y el sonido de las olas rompiendo como un susurro constante. Yo, Karla, una chilanga de veintiocho que se vino a rifar unos días para desconectarse del pinche tráfico y el estrés del DF. Vestida con un bikini rojo que me hacía sentir como diosa, pedí un michelada en la palapa del bar. Ahí lo vi: un moreno alto, con ojos verdes que brillaban como el mar al atardecer, platicando con el mesero en un idioma que sonaba como música exótica. Portugués, neta. Me quedé clavada mirándolo, sintiendo un cosquilleo en el estómago que no era del sol.

Se acercó con una sonrisa que me derritió los huesos. "Olá, linda. Tudo bem?" dijo, y su voz grave me erizó la piel. No entendía ni madres, pero qué chido sonaba. Le contesté en español, riéndome: "¡Hola, guapo! No cachó nada, pero suenas bien rico." Se rio, fuerte y contagioso, y se presentó como Thiago, un brasileño de Río que andaba de vacaciones. Pidió dos tequilas y nos sentamos en la arena, con las cervezas heladas sudando en nuestras manos. El olor a sal y coco flotaba en el aire, y mientras platicábamos –yo en mi español mexicano y él mezclando portugués con inglés–, sentí cómo su mirada me desnudaba poquito a poquito.

Me contó de las playas de Brasil, de cómo el samba hace que la gente se suelte. Yo le hablé de las fiestas en Polanco, de cómo un buen taco al pastor te pone de buenas. Pero entre risas, sus dedos rozaron mi brazo, y ¡órale! fue como electricidad.

"Thiago, ¿qué dijiste ahorita? Sonaba como poesía."
Él sonrió pícaro: "Era 'você é linda demais'. Tú eres preciosa." Me sonrojé, sintiendo el calor subir por mi cuello. La tensión crecía con cada sorbo, cada mirada. El sol se ponía, tiñendo el cielo de naranja y rosa, y su mano ya descansaba en mi muslo, cálida y firme.

Nos fuimos caminando por la playa, descalzos en la arena tibia que se metía entre los dedos. El viento traía el aroma del mar y algo más, como jazmín salvaje. Thiago se paró y me jaló hacia él, su pecho duro contra mis tetas. "Karla, quero te beijar." No entendí, pero su boca ya estaba en la mía, suave al principio, luego hambrienta. Sabía a tequila y sal, su lengua explorando la mía con un ritmo que me mareaba. Mis manos subieron por su espalda musculosa, sintiendo los tendones tensos bajo la camisa. ¡Qué rico, wey! pensé, mientras mi cuerpo se pegaba al suyo, mis caderas rozando su verga que ya se ponía dura como piedra.

Me llevó a su hotel, una cabaña con vista al mar. La puerta se cerró con un clic que sonó como promesa. Adentro, luces tenues y el ventilador zumbando. Se quitó la camisa, revelando un torso tatuado con olas y una palabra en portugués que no leí porque ya estaba babeando. Yo me desaté el bikini, dejando que mis chichis rebotaran libres, pezones duros como balas. Él gimió: "Meu Deus, que corpo perfeito." Sus manos me amasaron las nalgas, apretando con fuerza que dolía rico, mientras yo le bajaba el short. Su verga saltó, gruesa y venosa, con un olor almizclado que me mojó al instante.

Nos tumbamos en la cama king size, sábanas frescas contra mi piel ardiente. Thiago me besó el cuello, chupando suave hasta que mordió, enviando chispas directo a mi clítoris.

Esto es lo que necesitaba, un moreno que me haga olvidar todo.
Bajó por mi panza, lamiendo el sudor salado, hasta llegar a mi chocha depilada. Su aliento caliente me hizo arquear la espalda. "Tão molhada pra mim." Metió la lengua, plana y juguetona, lamiendo mis labios hinchados, saboreando mis jugos dulces y salados. Gemí alto, agarrando sus rizos negros: "¡Sigue, cabrón, no pares!" Introdujo dos dedos gruesos, curvándolos contra mi punto G, mientras su boca succionaba mi clítoris. El sonido era obsceno, chapoteos húmedos mezclados con mis jadeos y el mar de fondo.

La tensión subía como ola gigante. Quería su verga dentro, ya. Lo empujé, montándome encima. Su pija apuntaba al techo, palpitante. Me acomodé, frotando mi entrada mojada en la punta, lubricándola. Bajé despacio, sintiendo cómo me abría centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, Diosito! Era enorme, estirándome delicioso. Empecé a moverme, cabalgando con ritmo de cadera mexicana, mis tetas botando al compás. Thiago gruñía en portugués, manos en mis caderas guiándome: "Vai, amor, fode comigo." Sudábamos juntos, piel resbalosa, olor a sexo puro invadiendo la habitación.

Cambié de posición, él encima ahora, misionero profundo. Sus embestidas eran potentes, sacando y metiendo con fuerza, golpeando mi cervix en puntos que me volvían loca. El slap-slap de carne contra carne, mis uñas clavadas en su espalda, su aliento en mi oreja susurrando palabras calientes.

Pasion en portugues, eso es lo que es esto, pura pasión en portugués que me está volviendo loca.
Sentí el orgasmo construyéndose, un nudo en el vientre que se tensaba más y más. "¡Ya vengo, Thiago, no pares!" grité. Él aceleró, su verga hinchándose dentro. Explosé primero, chocha contrayéndose en espasmos, chorros de placer mojando las sábanas. Él se vino segundos después, caliente y espeso, llenándome hasta rebosar.

Nos quedamos jadeando, cuerpos enredados, el corazón latiéndome como tambor. Su peso sobre mí era reconfortante, sudor enfriándose en la piel. Me besó la frente: "Você é incrível, Karla." Sonreí, acariciando su mejilla áspera. "Tú tampoco estás tan pendejo, brasileño." Nos duchamos juntos, agua caliente lavando el pecado, jabón espumoso en curvas y músculos. En la cama de nuevo, con cervezas frías, platicamos hasta la madrugada. Me enseñó frases: "Paixão" para pasión, y lo dijo mirándome con ojos que prometían más.

Al amanecer, el sol entraba por la ventana, pintando todo dorado. Thiago se fue a su siguiente aventura, pero dejó su número y un beso que aún quema. Caminé por la playa sola, arena fresca bajo los pies, el sabor de él en mi boca. Neta, esa pasion en portugues me cambió la vida un rato. Sonreí al mar, lista para lo que viniera. Porque en Vallarta, el deseo siempre encuentra su camino.

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