Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Levanta Pasiones Levanta Pasiones

Levanta Pasiones

6985 palabras

Levanta Pasiones

Entré al bar playero de Puerto Vallarta con el sol todavía picando en la piel, ese calor pegajoso que te hace sudar hasta el alma. La arena se me pegaba a las sandalias y el aire olía a sal, a coco tostado y a esas cervezas frías que los meseros gritaban ofreciendo. Yo, Carla, acababa de llegar de un día en la playa, con el bikini todavía marcado bajo el vestido ligero de algodón que se me adhería al cuerpo como una segunda piel. Neta, necesitaba algo fresco para bajar las revoluciones, pero lo que encontré fue puro fuego.

Me senté en la barra de madera astillada, rodeada de risas y música de cumbia rebajada que retumbaba en los parlantes. El bartender, un moreno grandote con sonrisa de pillo, me miró de arriba abajo. "¿Qué va a ser, mamacita?" dijo, limpiando un vaso con un trapo no muy limpio.

"Dame un levanta pasiones", respondí con una guiñada, recordando ese trago legendario que decían aquí en la costa: tequila reposado, jugo de limón fresco, un toque de chile y miel de abeja. Dicen que te despierta lo que traes dormido adentro, que levanta pasiones como por arte de magia. Órale, no era la primera vez que lo pedía, pero esa noche se sentía diferente. El líquido ámbar llegó en un vaso escarchado, burbujeante, y al primer sorbo, el fuego del tequila me bajó por la garganta, picante y dulce, despertando un cosquilleo en el estómago que se extendió hasta las puntas de los dedos.

Fue entonces cuando lo vi. Alto, con piel bronceada por el sol mexicano, músculos marcados bajo una camisa guayabera entreabierta que dejaba ver el vello oscuro en su pecho. Ojos cafés intensos, sonrisa torcida como la de un galán de telenovela. Se llamaba Marco, lo supe después, pero en ese momento solo pensé: este wey me va a complicar la noche. Se acercó a la barra, pidiendo una Pacifico, y su brazo rozó el mío. El contacto fue eléctrico, piel contra piel caliente, y olí su colonia mezclada con sudor fresco, ese aroma macho que te hace apretar las piernas sin querer.

¿Qué chingados me pasa? Solo vine a relajarme, no a buscar bronca... pero neta, su mirada me quema.

Acto primero de esta locura: platicamos. Él era de Guadalajara, aquí de vacaciones, trabajando en un crucero o algo así. Hablaba con ese acento tapatío que me encanta, llamándome "guapa" y "reina". Yo reía, coqueteando, mientras el levanta pasiones me soltaba la lengua. La tensión crecía con cada mirada, cada roce accidental. El bar se llenaba de gente bailando, cuerpos sudados moviéndose al ritmo de "La Chona", y él me invitó a la pista.

El segundo acto empezó con el baile. Sus manos en mi cintura, firmes pero suaves, guiándome contra su cuerpo. Sentí su calor a través del vestido, el bulto endureciéndose contra mi cadera. ¡Madre mía! El aire estaba cargado de olor a mar y a deseo, el sudor nos unía, resbaloso y salado. Mi corazón latía como tambor, pulsando en mis sienes, en mi entrepierna. "Estás riquísima, Carla", murmuró en mi oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo, enviando escalofríos por mi espina. Yo me pegué más, sintiendo sus músculos contra mis pechos, mis pezones endureciéndose como piedritas.

Nos movíamos lento, grinding al ritmo lento que pusieron, su mano bajando por mi espalda hasta apretarme el culo. Gemí bajito, el sonido perdido en la música. Este hombre levanta pasiones sin esfuerzo, pensé, mientras mi mano exploraba su pecho, sintiendo el latido acelerado bajo mi palma. El beso llegó natural, como si estuviera escrito: labios suaves al principio, luego hambrientos, lenguas enredándose con sabor a tequila y limón. Sabía a sal marina, a promesas sucias. Me mordió el labio inferior, suave, y yo arañé su nuca, tirando de su cabello.

La tensión subía como marea. "Vámonos de aquí", dijo él, voz ronca, ojos oscuros de puro antojo. Yo asentí, piernas temblorosas. Caminamos por la playa, la arena tibia bajo los pies descalzos, la luna plateada iluminando las olas que chocaban con rumor sordo. Su mano en la mía, sudorosa, tirando de mí hacia su cabaña rentada, un palafito con hamaca y vista al mar. El viento traía olor a yodo y jazmín silvestre.

Adentro, el tercer acto explotó. La puerta se cerró con un clic, y nos devoramos. Lo empujé contra la pared de madera, besándolo con furia, manos desabrochando su camisa. Su piel olía a sol y hombre, suave y áspera donde crecía el vello. Él me levantó el vestido, exponiendo mi cuerpo al aire fresco de ventilador, pechos libres saltando. "Qué tetas tan perfectas, reina", gruñó, chupando un pezón, lengua caliente y húmeda girando, dientes rozando lo justo para doler rico.

Caímos en la cama king size, sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Sus manos everywhere: bajando mi tanga empapada, dedos gruesos abriéndose paso en mi calor húmedo. ¡Ay, wey! Gemí alto, arqueándome, el sonido de mis jugos chasqueando con cada embestida de sus dedos. Olía a sexo ya, ese almizcle dulce que nos envolvía. Le bajé el pantalón, liberando su verga dura, venosa, palpitante en mi mano. La apreté, sintiendo el pulso furioso, y la lamí desde la base hasta la punta, sabor salado y almendrado en mi lengua.

"Móntame, Carla", jadeó él, tumbado, ojos vidriosos. Me subí a horcajadas, guiándolo dentro de mí despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El dolor placer inicial dio paso a éxtasis puro cuando lo tuve todo, llenándome hasta el fondo. Cabalgaba lento al principio, sintiendo cada roce en mis paredes internas, clítoris frotándose contra su pubis peludo. Sus manos en mis caderas, guiándome más rápido, tetas rebotando con cada bajada. Sudor nos chorreaba, mezclándose, pieles chocando con palmadas húmedas.

No puedo más, este levanta pasiones me tiene al borde... él levanta pasiones en cada embestida.

El clímax llegó en oleadas. Él se sentó, abrazándome fuerte, follándome profundo mientras me chupaba el cuello, dejando marcas rojas. Mi orgasmo explotó primero: un grito ronco, cuerpo convulsionando, paredes apretándolo como puño, jugos empapando sus bolas. Él gruñó como animal, corriéndose dentro, chorros calientes inundándome, prolongando mi placer. Colapsamos, jadeantes, corazones galopando al unísono.

El afterglow fue perfecto. Yacimos enredados, piel pegajosa enfriándose al viento marino, su dedo trazando círculos en mi vientre. "Neta, fuiste increíble", murmuró, besándome la frente. Yo sonreí, satisfecha, el cuerpo lánguido y lleno. Afuera, las olas seguían su canto eterno, y en mi mente, el sabor del levanta pasiones se mezclaba con el de él. Esta noche levanta pasiones que no se apagan fácil. Mañana quién sabe, pero por ahora, puro paraíso mexicano.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.