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Pelicula Circulo de Pasiones

6872 palabras

Pelicula Circulo de Pasiones

La noche en mi depa de la Condesa estaba perfecta, con esa brisa fresca que entra por la ventana entreabierta y el olor a jazmín del jardín de abajo subiendo hasta el balcón. Yo, Ana, acababa de poner la pelicula Circulo de Pasiones, esa joya mexicana que había oído tanto por ahí, llena de amores prohibidos y cuerpos que se enredan sin pudor. Mi carnal, Javier, se recostó en el sofá a mi lado, con una chela en la mano y esa sonrisa pícara que siempre me hace cosquillas en el estómago. Hacía meses que éramos algo más que amigos, pero esta noche sentía un chispazo diferente, como si el aire estuviera cargado de promesas.

"Órale, Ana, ¿esta peli es la buena? La que dicen que te pone como león enjaulado", dijo Javier, guiñándome el ojo mientras se acercaba un poco más. Su pierna rozó la mía, y el calor de su piel a través del short me erizó la nuca. Asentí, acomodándome el pelo suelto sobre los hombros, sintiendo ya cómo mi cuerpo respondía a su cercanía. La pantalla se iluminó con las primeras escenas: un círculo de amantes en una hacienda lujosa, sus miradas cruzándose como chispas, el sonido de risas bajas y copas tintineando.

El cuarto se llenó de la música sensual de la película, un tango ardiente que hacía vibrar el aire. Javier pasó el brazo por detrás de mí, sus dedos jugueteando con el tirante de mi blusa holgada. Qué wey tan descarado, pensé, pero no me aparté. Al contrario, mi piel se encendió bajo su toque, un hormigueo que bajaba por mi espina hasta el vientre. En la pantalla, una mujer de curvas generosas se desabrochaba el vestido lentamente, revelando pechos firmes que brillaban bajo la luz de las velas. Olía a su perfume mezclado con el mío, algo dulce y picante, como tamarindo con chile.

"Mira nomás cómo se mueve esa morra", murmuró Javier, su aliento cálido en mi oreja. Su mano bajó a mi muslo, acariciando despacio, subiendo centímetro a centímetro. Sentí mi pulso acelerarse, el corazón latiéndome en las sienes, y un calor húmedo creciendo entre mis piernas. La película avanzaba: los personajes formaban un círculo, tocándose con manos expertas, gemidos suaves que se colaban en nuestro cuarto como una invitación.

No aguanto más, neta. Quiero que me toque como en esa peli, sin prisas, saboreando cada roce.

Me giré hacia él, mis labios rozando los suyos en un beso que empezó tierno pero se volvió hambriento. Sus manos me alzaron la blusa, exponiendo mi vientre plano, y su boca descendió por mi cuello, lamiendo con lengua caliente que sabía a cerveza fría y deseo puro. Gemí bajito, el sonido ahogado por el de la película donde ahora un hombre besaba el interior de unos muslos temblorosos. Javier me recostó en el sofá, su cuerpo pesado y delicioso sobre el mío, el roce de su playera contra mis pezones endurecidos enviando descargas eléctricas directo a mi clítoris.

Acto primero de nuestra propia película: exploración. Sus dedos se colaron bajo mi short, encontrando mi panocha ya empapada, resbaladiza como miel de maguey. "Estás chingona de mojada, mi reina", susurró, y yo reí entre jadeos, arqueando la cadera para que sus dedos entraran más profundo. El olor a sexo empezaba a impregnar el aire, almizclado y embriagador, mezclado con el popote de las chelas abiertas en la mesita. Lamí su cuello, saboreando el salado de su sudor fresco, mientras mis uñas arañaban su espalda musculosa bajo la camisa.

La tensión crecía como una tormenta en el DF, nubes negras que prometen rayos. Javier se quitó la ropa con prisa, su verga saltando libre, gruesa y venosa, palpitando contra mi muslo. La toqué, sintiendo su calor pulsante en mi palma, el terciopelo sobre acero que me hacía salivar. Quiero chuparla hasta que ruegue, pensé, pero él tenía otros planes. Me quitó el short de un jalón, separando mis piernas con manos firmes pero gentiles. Su lengua se hundió en mí, lamiendo mi clítoris con círculos lentos, succionando como si fuera el fruto más dulce. Grité su nombre, el placer subiendo en oleadas, mis caderas moviéndose solas contra su boca experta. El sonido de sus labios chupando mi humedad era obsceno, un chapoteo húmedo que rivalizaba con los gemidos de la pelicula Circulo de Pasiones de fondo.

En el medio del acto, las dudas asomaron como sombras fugaces. ¿Y si esto cambia todo entre nosotros? ¿Y si mañana duele? Pero su mirada, oscura y llena de fuego, las disipó. "Te quiero así, Ana, entregada y salvaje", dijo, y yo respondí montándome sobre él, guiando su verga a mi entrada. Despacio, centímetro a centímetro, me hundí en él, sintiendo cómo me llenaba por completo, estirándome deliciosamente. El roce interno era fuego puro, cada vena rozando mis paredes sensibles. Empecé a moverme, cabalgándolo con ritmo creciente, mis tetas rebotando libres, sudor perlando mi piel.

Sus manos en mis nalgas, amasándolas, guiándome más fuerte. "¡Así, carnala! ¡Chíngame duro!", gruñí, y él embistió desde abajo, su pelvis chocando contra la mía con palmadas sonoras. El sofá crujía bajo nosotros, el aire cargado de nuestro olor: sudor, sexo, pasión cruda. En la pantalla, el círculo de amantes alcanzaba su clímax colectivo, gemidos en coro que nos empujaron al borde. Sentí el orgasmo construyéndose, una presión ardiente en mi bajo vientre, mis músculos contrayéndose alrededor de su verga.

"Ya vengo, Javier... ¡no pares!" Mis uñas se clavaron en sus hombros, el mundo reduciéndose a esa fricción perfecta, al latido compartido de nuestros corazones. Él gruñó, profundo y animal, "¡Yo también, mi amor!" y explotamos juntos. Mi coño se apretó en espasmos, leche caliente inundándome mientras él se vaciaba dentro, pulsos calientes que me prolongaron el placer hasta las lágrimas. Caí sobre su pecho, jadeando, su corazón galopando contra mi mejilla, el sabor salado de su piel en mis labios.

El final llegó suave, como la lluvia fina que empezó a caer afuera, tamborileando en la ventana. La película había terminado, créditos rodando en silencio. Javier me acarició el pelo, besándome la frente. "Eso fue mejor que cualquier peli, neta", murmuró, y yo sonreí, sintiendo un calor nuevo en el pecho, no solo físico. Nos quedamos así, enredados, el olor a nuestros cuerpos mezclados lingering en el aire, promesas de más noches así.

Me levanté despacio, piernas temblorosas, para cerrar la ventana. La ciudad brillaba abajo, luces de neón y autos zumbando, pero en nuestro mundo todo era paz. Regresé al sofá, acurrucándome contra él. Esto es lo que necesitaba, un círculo de pasiones real, nuestro propio círculo. Su mano en mi cintura, un beso perezoso, y supe que esto apenas empezaba.

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