Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Pasión Emprendedora Desnuda Pasión Emprendedora Desnuda

Pasión Emprendedora Desnuda

6529 palabras

Pasión Emprendedora Desnuda

Mi nombre es Ana, y desde que lancé mi línea de cosméticos artesanales en el corazón de la Roma Norte, he sentido que mi pasión emprendedora es como un fuego que no se apaga. Ese día en el evento de networking en Polanco, con el sol de la Ciudad de México bañando las terrazas de los rascacielos, todo cambió. Llevaba un vestido rojo ajustado que realzaba mis curvas, el aroma de mi perfume de vainilla y jazmín flotando a mi alrededor como una promesa. La brisa tibia rozaba mi piel, y el bullicio de risas y copas chocando llenaba el aire.

Ahí lo vi: Marco, inversionista guapo con ojos cafés profundos y una sonrisa que prometía travesuras. Qué chido, neta, pensé mientras me acercaba a su grupo. Hablamos de negocios, de cómo mi marca de cremas orgánicas con ingredientes de Oaxaca estaba rompiendo el mercado. Él escuchaba atento, su voz grave vibrando en mi pecho como un tambor lejano.

¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón? Es solo un carnal con lana, pero esa mirada... me está desnudando sin tocarme.

La tensión creció con cada sorbo de mezcal ahumado. Sus dedos rozaron los míos al pasarme la copa, un toque eléctrico que subió por mi brazo hasta erizarme la nuca. "Tu pasión emprendedora es contagiosa, Ana", me dijo, su aliento cálido con notas de limón y humo. Sentí un cosquilleo entre las piernas, húmedo y traicionero.

Al atardecer, el cielo se tiñó de naranjas y rosas sobre Reforma. Me invitó a cenar en un rooftop cercano, con vistas al Ángel custodiando la ciudad. La mesa íntima, velas parpadeando, el jazz suave de un trío en vivo envolviéndonos. Pedimos tacos de arrachera jugosos, el sabor carnoso explotando en mi boca, jugos chorreando por mi barbilla. Él limpió una gota con su pulgar, y lo chupé instintivamente, saboreando su piel salada.

"Eres una mujer que no se conforma, ¿verdad?", murmuró, su rodilla presionando la mía bajo la mesa. Asentí, el calor subiendo por mis muslos. Hablamos de sueños: yo expandiendo mi negocio a Guadalajara, él buscando proyectos que lo apasionen de verdad. Pero entre líneas, el deseo latía. Su mano subió por mi pierna, deteniéndose en el borde de mi falda, preguntando permiso con los ojos. Le di un sí con una mirada ardiente.

En su suite del hotel Four Seasons, el aire acondicionado zumbaba suave, contrastando con el pulso acelerado de mi corazón. La ciudad brillaba abajo como un mar de luces. Me besó despacio, sus labios firmes probando los míos, lengua explorando con hambre contenida. Olía a colonia cítrica y hombre, un aroma que me mareaba. Sus manos desabrocharon mi vestido, deslizándolo por mis hombros, exponiendo mis pechos al fresco del cuarto. Gemí cuando sus dedos rozaron mis pezones, endureciéndolos como piedras preciosas.

¡Neta, qué rico! Este pendejo sabe cómo tocar. Mi pasión emprendedora siempre me lleva a lo grande, ¿por qué no en la cama?

Caímos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Él se quitó la camisa, revelando un torso definido, vello oscuro bajando hasta su abdomen. Lo besé ahí, lamiendo el sudor salado de su piel, bajando hasta desabrochar su pantalón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con anticipación. La tomé en mi mano, sintiendo su calor pulsante, el terciopelo sobre acero. Él gruñó, un sonido gutural que vibró en mi clítoris.

Me recostó, besando mi cuello, mordisqueando suave hasta dejar marcas rosadas. Bajó por mi vientre, inhalando profundo mi aroma de excitación, mezclado con mi loción de coco. "Estás cañón, Ana", susurró antes de sepultar la cara entre mis piernas. Su lengua lamió mi panocha empapada, saboreando mis jugos dulces y salados. Chupó mi clítoris hinchado, círculos lentos que me arquearon la espalda. El placer era un rayo, ondas desde mi centro hasta las puntas de los pies. Gemí alto, "¡Ay, cabrón, no pares!", mis caderas moviéndose solas contra su boca.

El sonido de succión húmeda llenaba la habitación, mis dedos enredados en su pelo negro, tirando suave. Introdujo dos dedos, curvándolos para golpear ese punto sensible adentro, mientras su lengua no cejaba. El orgasmo me golpeó como ola del Pacífico, mi cuerpo convulsionando, jugos brotando en su boca. Gritó mi nombre ahogado, lamiendo cada gota.

Pero no paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, nalgas redondas. Sus manos amasaron mi carne, separando para besar mi ano, un roce prohibido que me hizo jadear. "Te quiero toda", dijo, y lubricó su verga con mi humedad. Entró despacio en mi panocha desde atrás, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena rozando mis paredes, llenándome hasta el fondo. "¡Qué chingona estás!", jadeó, embistiendo lento al principio.

El ritmo creció, piel contra piel cacheteando, sudor perlando nuestros cuerpos. Olía a sexo crudo, almizcle y vainilla. Mis tetas rebotaban con cada thrust, pezones rozando las sábanas ásperas. Alcancé atrás para apretar sus bolas pesadas, sintiendo cómo se tensaban. Él me jaló el pelo suave, arqueándome, besando mi hombro. "Córrete conmigo, mi emprendedora apasionada", gruñó en mi oído.

Esta pasión emprendedora mía no tiene límites. Lo quiero todo, su leche caliente adentro.

El clímax nos alcanzó juntos. Su verga se hinchó, pulsando chorros calientes que inundaron mi interior, mientras yo me deshacía en espasmos, uñas clavadas en las sábanas. Colapsamos, jadeantes, su peso cálido sobre mí protector. Besos perezosos en mi nuca, risas compartidas.

Después, en la bañera de hidromasaje, burbujas perfumadas y agua tibia envolviéndonos. Hablamos bajito de futuros: tal vez él invierta en mi negocio, pero sobre todo, en noches como esta. Su mano jugaba con mi pezón bajo el agua, enviando chispas residuales. Salimos envueltos en albornoces suaves, pidiendo room service de chilaquiles con huevo y café de olla humeante. El sabor picante y reconfortante selló la noche.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, lo miré dormir. Mi pasión emprendedora no solo construye imperios de belleza, también despierta fuegos en el alma. Me vestí, dejando una nota: "Gracias por la inversión más chida de mi vida. Llámame para más negocios". Bajé a la calle vibrante, el tráfico de la CDMX rugiendo, lista para conquistar el día con esa glow post-sexo en mi piel.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.