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Gifs de Pasión Desnuda

5765 palabras

Gifs de Pasión Desnuda

Estaba sola en mi depa de la Condesa, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como una promesa. El ventilador zumbaba perezoso, moviendo el aire cargado de jazmín del balcón. Agarré mi cel, neta aburrida después de un día eterno en la oficina. Scrolleé Instagram y de repente, ahí estaban: gifs de pasión que un carnal desconocido compartía en sus stories. Cuerpos entrelazados, labios devorándose, manos explorando curvas con urgencia. El sonido imaginario de jadeos me erizó la piel, y sentí un cosquilleo entre las piernas que no pude ignorar.

¿Qué chingados me pasa? pensé, mientras el pulso se me aceleraba. Ese wey, Marco, tenía un perfil chido: fotos en la Roma, tacos al pastor de fondo, sonrisa pícara que gritaba ven y descubre. Le di like a uno de esos gifs, un par de amantes enredados en sábanas revueltas, y él respondió al instante: "Esos gifs de pasión son mi vicio ¿y el tuyo?". Mi corazón latió fuerte, como tamborazo en una fiesta de pueblo.

Chateamos toda la noche. Él en Polanco, yo a unas cuadras. Hablamos de todo: el pinche tráfico de Reforma, la crema de ouragan en el Churrería, y cómo esos gifs nos prendían el fuego. "Imagínate si los hacemos realidad", me escribió, con un emoji de fuego. Yo, con las nalgas apretadas contra el sofá, respondí: "Neta, ven y muéstrame". Media hora después, sonó el interfón. Ahí estaba Marco, alto, moreno, con ojos que prometían desmadre.

Lo dejé pasar, el olor a su colonia especiada invadiendo mi espacio. "Hola, morra", dijo con voz ronca, como si ya supiera mis secretos. Nos quedamos parados en la sala, el silencio cargado de electricidad. Extendí la mano, pero él la atrapó y me jaló contra su pecho. Su calor me envolvió, piel contra piel a través de la blusa delgada. Olía a hombre, a sudor fresco y deseo crudo. "Vi esos gifs de pasión y supe que eras tú", murmuró, sus labios rozando mi oreja. Sentí su aliento caliente, y un gemido se me escapó sin querer.

Acto uno: la chispa. Lo besé primero, porque neta no soy de las que esperan. Sus labios eran suaves pero firmes, sabían a menta y tequila de cantina. Nuestras lenguas bailaron, explorando, probando. Mis manos subieron por su espalda, sintiendo músculos tensos bajo la camisa. Él me apretó la cintura, bajando hasta mis caderas, y un escalofrío me recorrió la espina.

"Esto es mejor que cualquier gif",
pensé, mientras él me cargaba hacia el cuarto, riendo bajito.

En la cama, la luz tenue de la lámpara pintaba sombras en su piel morena. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro que liberaba. Sus labios en mi cuello, chupando suave, dejando marcas que mañana dolerían rico. "Eres una chula", gruñó, y yo arqueé la espalda, ofreciéndole mis tetas. Las lamió, succionó pezones duros como piedras, el sonido húmedo llenando el aire. Mi olor a excitación subía, almizclado, mezclándose con el suyo. Toqué su verga por encima del pantalón, dura como fierro, palpitando bajo mi palma.

El medio: la hoguera. Me desvistió completa, sus ojos devorándome. "Mírate, toda mojada por mí". Deslizó dedos entre mis labios, resbalosos de jugos, y gemí fuerte, el placer punzando como chile. No pares, pendejo, supliqué en silencio. Me abrió las piernas, besando muslos internos, el roce de su barba raspando delicioso. Su lengua llegó al clítoris, lamiendo lento, círculos que me volvían loca. Sentí el pulso en mi centro, latiendo al ritmo de su boca. "¡Ay, cabrón!", grité, agarrando sus greñas.

Él se levantó, quitándose la ropa. Su cuerpo era un sueño: abdomen marcado, verga gruesa y venosa, goteando pre-semen. Me volteó bocabajo, besando mi espalda, mordiendo nalga. "Quiero cogerte así", dijo, y untó saliva en mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome llena. El dolor placer me arqueó, sus bolas chocando contra mí. Empezó a bombear, lento al principio, el sonido de carne contra carne como música prohibida. Sudor nos pegaba, resbaloso, el cuarto oliendo a sexo puro.

Me volteó de nuevo, cara a cara. Nuestros ojos se clavaron mientras él me penetraba profundo. "Dime que te gusta", jadeó. "¡Sí, wey, más fuerte!", respondí, uñas en su espalda. Aceleró, embistiéndome con fuerza, mis tetas rebotando, gemidos mezclados en un coro. Sentí la tensión creciendo, como ola en la playa de Puerto Vallarta. Sus manos en mi clítoris, frotando, y exploté. El orgasmo me sacudió, paredes apretándolo, jugos chorreando. Él gruñó, corriéndose dentro, caliente, llenándome hasta rebosar.

Acto final: el resplandor. Nos quedamos enredados, respiraciones agitadas calmándose. Su peso sobre mí era perfecto, protector. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Neta, fuiste increíble", murmuró, acariciando mi pelo. Yo sonreí, sintiendo su semen escurrir, marca de nuestra pasión.

"Esos gifs de pasión palidecen al lado de esto",
le dije, riendo bajito.

Después, en la ducha, agua caliente lavando sudor y placer. Jabón resbalando por curvas, sus manos explorando de nuevo, pero tiernas. Salimos envueltos en toallas, comimos tacos que pedimos por Rappi, riéndonos de tonterías. Él se quedó hasta el amanecer, cuerpos pegados en la cama fresca. Al despertar, con sol filtrándose por las cortinas, lo miré dormir. Esto no fue un polvo cualquiera, pensé. Era conexión, fuego que quizás dure.

Marco se fue con un beso largo, prometiendo más. "Envíame gifs de nuestra pasión", bromeó. Sonreí, sabiendo que ya no necesitaba pantallas. La vida real ardía más, con todo su olor, tacto y sabor mexicano. Y así, en mi depa de la Condesa, renací un poco más viva, lista para lo que venga.

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