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Pa Sión Separar en Silabas

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Pa Sión Separar en Silabas

La noche en el Condesa estaba viva con ese bullicio que solo México City sabe armar los viernes. Luces de neón parpadeando en las fachadas, risas de borrachos saliendo de los bares y ese olor a tacos al pastor mezclándose con el perfume de las chavas bien puestas. Yo, Ana, había salido con las morras a desquitarnos del pinche estrés de la chamba, pero la neta, lo que buscaba era un poco de acción que me quitara el mal de ojo del ex pendejo que me dejó plantada.

Ahí lo vi, recargado en la barra del bar, con una chela en la mano y una sonrisa que prometía problemas del bueno. Alto, moreno, con barba de tres días y ojos que te escanean como si ya te tuvieran en la mira. Se llamaba Diego, un diseñador gráfico freelance que andaba platicando con unos cuates sobre poesía erótica mexicana. Órale, wey, le dije acercándome, ¿y qué, ya separaste la pasión en sílabas o nomás la nombras? Soltó una carcajada ronca que me erizó la piel y me invitó una michelada. Hablamos de todo: de Sor Juana pero en versión cachonda, de cómo las palabras pueden ser más calientes que un beso. Sus manos rozaban las mías accidentalmente, y cada roce mandaba chispas directas a mi entrepierna.

La química era brutal. Sus ojos se clavaban en mis labios mientras yo le contaba anécdotas de mi chamba en la editorial, editando novelitas románticas que me ponían caliente solo de leerlas. Pasion separar en silabas, murmuró de repente, como si leyera mi mente, pa...sión. Así se saborea de verdad, ¿no? Me mordí el labio, sintiendo el calor subir por mi cuello. Neta, ese wey sabía jugar. Terminamos la chela y salimos a la calle, el aire fresco contrastando con el bochorno que ya traíamos adentro. Caminamos hasta su depa a unas cuadras, tomados de la mano, riéndonos de tonterías. Al entrar, el olor a su colonia amaderada me invadió, mezclado con el leve aroma a café de la mañana.

Acto uno completo: la chispa encendida. Cerró la puerta y me acorraló contra la pared del pasillo, sus labios chocando con los míos en un beso hambriento. Sabían a limón y sal de la michelada, ásperos pero suaves, su lengua explorando la mía con urgencia. Mis manos subieron por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa. Qué chingón se siente esto, pensé, mientras él gemía bajito contra mi boca. Me levantó en brazos como si no pesara nada y me llevó al sillón de la sala, iluminado solo por la luz tenue de una lámpara. Me sentó en su regazo, mis piernas abiertas a horcajadas sobre él, y sentí su verga ya dura presionando contra mi panocha a través de la falda.

Nos besamos lento ahora, saboreando. Enséñame, susurró, cómo separar la pasión en sílabas mientras me tocas. Sonreí pícara y empecé el juego. Pa, dije besando su cuello, inhalando su sudor fresco. Mis dedos desabotonaron su camisa, rozando sus pezones duros. Sión, lamí su oreja, mordisqueándola suave. Él jadeó, sus manos subiendo por mis muslos, levantando la falda hasta encontrar mis calzones húmedos. Estoy empapada, carajo, pensé, el pulso latiéndome en las sienes. El sonido de su respiración agitada llenaba la habitación, mezclado con el tráfico lejano de la ciudad.

La tensión crecía como una tormenta. Le quité la camisa, admirando su pecho moreno, salpicado de vello oscuro. Mis uñas arañaron suave su piel, dejando rastros rojos que lo hicieron gruñir. Tu turno, cabrón, le dije, y él rio, bajándome el top para exponer mis chichis. Sus labios capturaron un pezón, chupándolo con hambre, la lengua girando en círculos que me arquearon la espalda. Be...so, murmuró contra mi piel, be-so de fuego. Sentí su aliento caliente, el roce húmedo de su boca enviando ondas de placer directo a mi clítoris. Mis caderas se movían solas, frotándome contra su bulto, el calor de su verga palpitando como un corazón acelerado.

Lo empujé al sillón y me arrodillé entre sus piernas, desabrochando su jeans con dedos temblorosos de anticipación. Su pinga saltó libre, gruesa y venosa, la punta ya brillando de precum. La olí, ese olor almizclado a hombre excitado que me vuelve loca. Ca...riño, separé las sílabas lamiendo desde la base hasta la cabeza, saboreando la sal salada de su esencia. Él metió las manos en mi pelo, no jalando, solo guiando, gimiendo putamadre qué rico. Chupé despacio, mi lengua trazando cada vena, succionando la cabeza mientras mis manos masajeaban sus huevos pesados. El sonido obsceno de mi boca en él, los jadeos roncos, el sabor inundándome la garganta... todo me tenía al borde.

Esto es pasión pura, wey. Separarla en sílabas la hace eterna, como si cada pedacito explotara por separado.

Me levantó, quitándome la falda y los calzones de un tirón. Me tendió en el sillón, sus ojos devorándome. Abre las piernas, preciosa, ordenó suave, y obedecí, exponiendo mi concha hinchada, los labios mojados reluciendo. Se arrodilló y hundió la cara ahí, su lengua lamiendo mi clítoris con maestría. Co...ño, gemí, separando yo misma las sílabas mientras sus dedos entraban en mí, curvándose para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El olor de mi arousal mezclado con su saliva, el chapoteo húmedo, sus gruñidos vibrando contra mi piel... arqueé las caderas, clavando las uñas en sus hombros. Más, Diego, no pares, pendejo delicioso.

La intensidad subía. Me volteó boca abajo, mi culo en pompa, y sentí la cabeza de su verga rozando mi entrada. ¿Quieres que te la meta? preguntó, voz ronca. Sí, chingá dame toda tu pa-sión, supliqué. Empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Lleno, caliente, palpitante. Empezó a bombear, primero suave, luego más duro, sus caderas chocando contra mi culo con palmadas sonoras. Sudor goteando de su pecho a mi espalda, el olor a sexo impregnando el aire. Mis tetas rebotando, sus manos apretando mis caderas, tirando de mí contra él. Qué apretada estás, Ana, qué chingón, jadeaba. Yo respondía con gemidos, Más rápido, rómpeme, cabrón.

El clímax nos alcanzó como un tren. Sentí la presión building en mi vientre, mis paredes contrayéndose alrededor de su verga. Me vengo, Diego, grité, y exploté, ondas de placer sacudiéndome, el jugo chorreando por mis muslos. Él gruñó profundo, hinchándose dentro de mí, y se corrió con fuerza, chorros calientes llenándome hasta rebosar. Colapsamos juntos, su peso sobre mí reconfortante, respiraciones entrecortadas sincronizándose.

En el afterglow, nos quedamos abrazados en el sillón, piel pegajosa de sudor, el corazón latiendo calmándose. Me besó la frente, suave. Pa-sión separar en sílabas... qué juego más culero y perfecto, murmuró riendo. Yo sonreí, trazando círculos en su pecho. Neta, esto fue más que sexo. Fue poesía viva, palabras hechas carne. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero adentro, habíamos creado nuestro propio mundo. Quién sabe si sería solo una noche, pero carajo, valió cada sílaba.

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