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La Pasión Carnal de Cristo Pelicula Completa Español Latino

6500 palabras

La Pasión Carnal de Cristo Pelicula Completa Español Latino

En el corazón de la Ciudad de México, durante una noche calurosa de Semana Santa, tú, Ana, una mujer de treinta años con curvas que vuelven locos a los hombres, entras a tu departamento en Polanco. El aire huele a jazmín del balcón y a la cena que preparaste: enchiladas suizas con ese toque picante que te encanta. Cristo, tu amante de músculos definidos y ojos oscuros como la noche, ya está ahí, recostado en el sofá de piel suave, con una cerveza fría en la mano. Es un güey alto, moreno, con esa barba recortada que raspa delicioso contra tu piel.

Órale, nena, ven pa'cá, te dice con esa voz grave que te eriza la piel. Tú sonríes, sientes el calor subiendo por tus muslos mientras te acercas. Han estado juntos seis meses, puro fuego consensual, explorando cada rincón de sus cuerpos como si fuera la primera vez. Esta noche, él propuso algo chido: ver la Pasion de Cristo pelicula completa español latino en la tele grande, pa' ambientarnos con la Semana Santa. Tú accedes, riendo bajito, porque sabes que con él, cualquier película termina en pasión.

Encienden la pantalla, el sonido de latidos fuertes y música épica llena la sala. Las velas que pusiste en la mesa de centro parpadean, lanzando sombras danzantes en las paredes blancas. Te sientas a su lado, tu pierna rozando la suya, el calor de su cuerpo traspasando el pantalón de mezclilla. Huele a su colonia masculina mezclada con sudor fresco, ese aroma que te hace mojar la tanguita de encaje. Tus dedos juguetean con el borde de su playera, sintiendo los abdominales duros debajo.

¿Por qué carajos esta película me prende tanto? Piensas, mientras ves las escenas de sufrimiento, pero en tu mente se transforma en deseo puro, en cuerpos entrelazados en éxtasis.

El primer acto avanza: tú apoyas la cabeza en su hombro, tu mano baja despacio por su pecho. Él gira la cara, sus labios rozan tu oreja. Estás cañona esta noche, Ana, murmura, y su aliento caliente te hace arquear la espalda. La película muestra azotes, pero tú solo sientes el pulso acelerado entre tus piernas. Cristo apaga el volumen un poquito, su mano grande cubre tu muslo, apretando suave. ¿Quieres que la pausemos? pregunta, pero tú niegas con la cabeza, mordiéndote el labio.

La tensión crece como una tormenta. Sus dedos suben por tu falda corta, rozando la piel sensible del interior de tus muslos. Tú gimes bajito, el sonido ahogado por los gemidos dramáticos de la película. Huele a tu excitación, ese olor dulce y almizclado que llena el aire. Cristo te besa el cuello, su lengua trazando círculos húmedos, saboreando el salado de tu piel. Pinche rica que estás, gruñe, y tú respondes abriendo las piernas, invitándolo.

Acto dos: la escalada. Él te jala a su regazo, tus nalgas sentándose sobre su verga dura que presiona contra ti a través de la tela. Sientes cada vena, cada latido, como un tambor en tu clítoris. Tus caderas se mueven solas, frotándote contra él, el roce áspero del jeans enviando chispas por tu espina. La película sigue, ahora con la corona de espinas, pero tú solo ves estrellas cuando Cristo mete la mano en tu blusa, pellizcando tus pezones erectos. ¡Ay, cabrón, sí! jadeas, el dolor placentero mezclándose con el placer puro.

Te quitas la blusa con prisa, tus tetas grandes rebotando libres, los pezones rosados pidiendo atención. Él chupa uno, fuerte, succionando como si quisiera devorarte, su saliva tibia corriendo por tu piel. Tú bajas la mano, desabrochas su cinturón, liberas su pito grueso y venoso, palpitante en tu palma. Qué chingón está tu verga, Cristo, dices con voz ronca, masturbándolo despacio, sintiendo la piel suave sobre el acero duro. Pre semen gotea, resbaloso, y tú lo untas, oliendo ese aroma varonil que te enloquece.

Esto es nuestra pasión, no la de la película. Nuestra, carnal, sudorosa, eterna.

Él te voltea, te pone de rodillas en el sofá, tu culo en pompa hacia él. La falda sube, exponiendo tu panocha empapada, los labios hinchados brillando bajo la luz de las velas. Cristo besa tus nalgas, muerde suave, luego su lengua lame desde el clítoris hasta el ano, chupando tus jugos como néctar. Sabes a miel, mamacita, dice, y tú tiemblas, las rodillas flojas, el placer subiendo en olas. Metes la mano entre las piernas, frotas tu botón mientras él lame, el sonido chapoteante mezclándose con la banda sonora épica.

La intensidad sube: Cristo se para, te penetra de un golpe lento, su verga abriéndote centímetro a centímetro. ¡Órale, qué prieta estás! gime, y tú sientes cada pulgada estirándote, llenándote hasta el fondo. Empieza a bombear, lento al principio, el slap-slap de carne contra carne resonando. Sudor perla sus pectorales, gotea sobre tu espalda, caliente. Tú arqueas, empujas contra él, Chíngame más duro, güey, no pares. Él obedece, agarrando tus caderas, follándote como animal, pero con ternura en los ojos cuando te miras por encima del hombro.

Internamente luchas: el placer es abrumador, quieres que dure, pero el orgasmo acecha. Cambian posición: tú encima, cabalgándolo en el sofá, tus tetas rebotando, uñas clavadas en su pecho. Él mama tus chichis, muerde, mientras tú giras las caderas, su pito rozando ese punto adentro que te hace ver fuegos artificiales. Huele a sexo puro, a fluidos mezclados, a velas quemándose. La película llega a la crucifixión, pero ignoran, perdidos en su propio calvario de éxtasis.

Acto final: el clímax. Tú aceleras, Me vengo, Cristo, ¡me vengo! gritas, tu panocha contrayéndose alrededor de él, chorros calientes empapando sus bolas. Él ruge, ¡Toma, nena, toda!, y explota dentro, semen espeso llenándote, goteando por tus muslos. Pulses acelerados, respiraciones jadeantes, se derrumban juntos, piel pegajosa contra piel.

En el afterglow, la película termina sola, créditos rodando. Tú yaces sobre su pecho, oyendo su corazón galopante calmarse. Sus dedos acarician tu cabello húmedo. Fue mejor que cualquier película, susurras, besando su piel salada. Él ríe bajito, Nuestra pasión de Cristo, completa, en español latino puro. Sientes paz, conexión profunda, el aroma de sus cuerpos entrelazados como promesa de más noches así. Las velas se apagan, pero el fuego entre ustedes arde eterno.

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