Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad La Pasión de Cristo Idioma Original Carnal La Pasión de Cristo Idioma Original Carnal

La Pasión de Cristo Idioma Original Carnal

5569 palabras

La Pasión de Cristo Idioma Original Carnal

Era una noche de viernes en mi depa de la Condesa, con la lluvia repiqueteando contra las ventanas como si el cielo estuviera enojado. Sofia y yo nos acurrucamos en el sofá, con una cobija gruesa cubriéndonos las piernas y un par de chelas frías en la mesita. "Órale, carnal, vamos a ver La Pasión de Cristo idioma original", le dije, mientras encendía la tele. Ella sonrió con esa picardía que me vuelve loco, sus ojos cafés brillando bajo la luz tenue del cuarto. "Sí, Javi, en arameo puro, sin doblaje chafa, para sentirla de verdad".

La película empezó, y el sonido gutural del arameo llenó el aire, como un lamento antiguo que se metía en los huesos. Vi a Sofia morderse el labio mientras las imágenes de Jesús cargando la cruz aparecían en la pantalla. El sudor en su frente, la sangre resbalando por su piel morena... olía a incienso y a tierra mojada en mi mente, aunque solo era el aroma de la pizza que habíamos pedido antes mezclado con su perfume de jazmín. Sentí su mano rozar la mía bajo la cobija, un toque casual al principio, pero que mandó chispas por mi espina.

¿Por qué esta película siempre me pone así? Esa entrega total, ese amor que duele... me hace querer devorarla entera.

En la pantalla, María abrazaba a su hijo, y Sofia suspiró profundo, su pecho subiendo y bajando contra mi brazo. "Mira cómo la quiere, Javi... es pasión pura, ¿no?". Su voz era ronca, como si el arameo la hubiera hechizado. Acercó su pierna a la mía, el calor de su piel traspasando el piyama de algodón. Yo tragué saliva, sintiendo mi verga endurecerse despacio bajo los shorts. El ritmo de la lluvia se sincronizaba con los latidos de mi corazón, tum-tum, tum-tum, cada vez más rápido.

Avanzaba la película, los latigazos resonaban como truenos, y Sofia se removió inquieta. "Ay, no mames, qué intenso", murmuró, girando su cuerpo hacia mí. Sus tetas rozaron mi pecho, suaves y firmes bajo la blusa holgada. Olía a su excitación ya, ese olor dulce y almizclado que me enloquece, como miel caliente. Le pasé el brazo por los hombros, atrayéndola más cerca. Nuestros labios se rozaron accidentalmente al inclinarnos para tomar la chela, y el sabor de la cerveza fría en su boca me hizo gemir bajito.

"¿Quieres pausar?", pregunté, mi voz temblorosa. Ella negó con la cabeza, sus dedos ahora trazando círculos en mi muslo. "No, sigue... pero tócame". Sus palabras fueron un susurro ardiente contra mi oreja, su aliento cálido erizándome la piel. La escena de la crucifixión se acercaba, el clavo hundiéndose en la carne con un sonido metálico que vibró en mis oídos. Mi mano subió por su espalda, sintiendo cada vértebra bajo la tela fina, hasta enredarse en su cabello negro y ondulado. La besé entonces, lento al principio, saboreando sus labios carnosos, la lengua danzando con la mía en un tango húmedo y desesperado.

La tensión crecía como la tormenta afuera. Sofia se montó a horcajadas sobre mí, sus caderas presionando contra mi erección dura como piedra. "Siento tu verga tan chingona", jadeó, moliéndose contra mí mientras la película seguía de fondo, los lamentos en arameo mezclándose con nuestros gemidos. Le quité la blusa de un jalón, exponiendo sus pezones oscuros y erectos. Los lamí, succionándolos con hambre, el sabor salado de su sudor en mi lengua. Ella arqueó la espalda, clavándome las uñas en los hombros, dejando marcas rojas que ardían delicioso.

Es como si la pasión de la cruz se nos hubiera metido adentro, quemándonos vivos. Quiero sufrir con ella, gozar con ella, hasta el final.

Nos quitamos la ropa a manotazos, la cobija volando al piso. Su coño estaba empapado, resbaloso cuando metí dos dedos, curvándolos para rozar ese punto que la hace gritar. "¡Sí, Javi, así, pendejo, no pares!", chilló, su voz quebrándose en un sollozo de placer. El aroma de su excitación llenaba el cuarto, almizcle y deseo puro, mientras la película llegaba al clímax, Jesús expirando con un grito que nos erizó la piel. La puse de rodillas en el sofá, su culo redondo alzado hacia mí, invitándome. Entré en ella de un solo empujón, sintiendo sus paredes calientes apretándome como un puño de terciopelo.

Follamos con furia, mis caderas chocando contra sus nalgas con palmadas húmedas que ahogaban los truenos. Cada embestida era un latigazo de placer, su coño chorreando jugos por mis bolas. "Más fuerte, carnal, dame tu pasión toda", rogaba ella, volteando la cara para mirarme con ojos vidriosos. Sudábamos como condenados, el olor a sexo crudo impregnando el aire, mezclado con el humo imaginario de la cruz. Le jalé el pelo, arqueándola más, y ella se corrió primero, temblando entera, su grito ahogado contra el cojín: "¡Me vengo, ay Dios!".

Yo no aguanté más. Sus contracciones me ordeñaban la verga, y exploté dentro de ella, chorros calientes llenándola hasta rebosar. Nos quedamos pegados, jadeando, mientras la pantalla mostraba la tumba vacía. La lluvia amainaba, dejando solo el goteo en las ventanas.

Sofia se volteó, besándome el pecho sudoroso. "Qué chingón fue eso... La Pasión de Cristo idioma original nos prendió de la chava". Reí bajito, acariciando su espalda pegajosa. "Sí, nena, pero la nuestra es mejor". Nos acurrucamos de nuevo, exhaustos y satisfechos, el calor de nuestros cuerpos fundiéndose en la cobija. Afuera, la ciudad dormía, pero en nosotros ardía una llama eterna, lista para encenderse otra vez.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.