Pasión Muerte y Resurrección de Cristo Carnal
En las calles empedradas de San Miguel de Allende durante la Semana Santa el aire olía a incienso y a jazmines en flor. María caminaba con su rebozo negro ajustado al cuerpo rezando el viacrucis pero su mente andaba en otra. Neta pensó ¿por qué carajos la pasión de Cristo me pone tan caliente? Cada estación la hacía imaginar no clavos ni espinas sino manos fuertes sujetándola piel contra piel sudada.
Alejandro la esperaba en la plaza principal disfrazado de soldado romano con una túnica que marcaba sus músculos chonchos. Era su pinche amante secreto un carpintero local que la volvía loca con solo una mirada. "Órale güey" le dijo él acercándose con esa sonrisa pícara "ven pa'cá que te ayudo a cargar tu cruz". Ella se rio bajito sintiendo ya el cosquilleo entre las piernas. Sus ojos se clavaron en el bulto que se marcaba bajo la tela áspera.
La procesión avanzaba con tambores retumbando y velas parpadeando. María y Alejandro se escabulleron por un callejón estrecho hacia la casa abandonada de un tío lejano. Adentro el polvo bailaba en rayos de sol filtrados por las persianas rotas. Él la empujó suave contra la pared de adobe aún tibia del sol. "Esta noche vas a vivir tu propia pasión muerte y resurrección de Cristo" murmuró él con voz ronca besándole el cuello. Ella jadeó oliendo su sudor mezclado con el aroma terroso de la tierra.
¿Y si Dios me castiga? se preguntó María mientras sus dedos temblorosos desataban la blusa. Pero neta esta pasión es divina carnal pura como el vino de la cena.
Acto primero de su ritual privado. Alejandro la desvistió lento saboreando cada pliegue de su falda huipil. Sus pechos morenos saltaron libres los pezones duros como piedras de obsidiana. Él los lamió con lengua experta saboreando el salado de su piel. "Estás rica como tamal en mole" gruñó chupando más fuerte. María arqueó la espalda sintiendo el roce áspero de su barba contra la suavidad sensible. El sonido de sus labios húmedos llenaba el cuarto como un rezo pecaminoso.
Manos grandes la exploraron bajando por su vientre plano hasta el monte de Venus cubierto de vello negro rizado. Ella separó las piernas invitándolo con un gemido gutural. "Ándale cabrón tócame ya" suplicó. Sus dedos gruesos se hundieron en su concha empapada resbalosos de jugos calientes. El olor almizclado de su excitación impregnó el aire pesado. María mordió su labio inferior probando sangre dulce mientras él frotaba su clítoris hinchado en círculos lentos tortuosos.
Pero no era solo carne. Alejandro la miró a los ojos profundos cafés como pozos de chocolate. "Te quiero desde que te vi en la iglesia María. Eres mi Virgen mi Magdalena". Ella sintió un nudo en la garganta. Él no es solo un pendejo bueno pa'l sexo pensó es mi salvador en esta vida de misas y rosarios. Lo besó feroz enredando lenguas en un baile húmedo de saliva y deseo reprimido.
La tensión crecía como tormenta en el desierto. Él se quitó la túnica revelando su verga erecta venosa gruesa palpitando al ritmo de su pulso acelerado. María la tomó en mano sintiendo el calor vivo la piel aterciopelada sobre acero. "Es enorme" susurró lamiendo la punta salada de precum. Lo succionó profundo hasta la garganta ahogando un ronroneo de placer. Él gruñó agarrándole el pelo suave guiándola en un vaivén hipnótico. El sonido chapoteante de su boca llena resonaba obsceno contra las paredes silenciosas.
Esto es mi vía crucis mi sufrimiento dulce divagó ella mientras lágrimas de esfuerzo rodaban por sus mejillas. La pasión me parte en dos pero qué chido duele.
Escalada inevitable. Alejandro la levantó en brazos fuertes piernas de ella envolviéndolo como enredadera. La penetró de pie lento primero rozando cada centímetro de sus paredes internas calientes contraídas. "¡Ay Dios!" gritó ella sintiendo el estiramiento delicioso la fricción que encendía nervios dormidos. Él embestía ahora rítmico profundo el choque de pelvis sudorosas slap slap slap como aplausos profanos.
El cuarto se llenó de sus jadeos entrecortados el crujir de la cama vieja donde cayeron enredados. Olor a sexo puro almizcle sudor piel quemada por fricción. María clavó uñas en su espalda dejando surcos rojos como latigazos. "Más fuerte rómpeme" rogaba arqueando caderas para recibirlo entero. Él obedecía poseído gruñendo palabras sucias "Tu concha me aprieta como virgen prieta". El clímax se acercaba oleadas de placer subiendo por su espina dorsal.
Interno conflicto la frenaba un segundo. ¿Es pecado gozar así? La pasión muerte y resurrección de Cristo fue dolor puro ¿y la mía? Pero Alejandro la besó tierno "Déjate ir amor esto es resurrección". Eso bastó. Su primer orgasmo la azotó como rayo cuerpo convulsionando chorros calientes empapando sus muslos unidos. Gritó su nombre un alarido primal que escapó por la ventana mezclándose con cantos lejanos de la procesión.
Él no paró siguió bombeando implacable prolongando su éxtasis hasta que ella suplicó "Para carnal me muero". Pero era muerte fingida la pequeña muerte del placer supremo. Alejandro se corrió entonces rugiendo llenándola de semen caliente espeso que goteaba por sus nalgas. Colapsaron jadeantes piel pegajosa corazones tronando como tambores de muerte.
Acto final renacer. Tras el reposo breve cuerpos aún temblorosos se miraron con ojos vidriosos de post-orgasmo. "No hemos terminado" dijo él sonriendo malicioso. La volteó boca abajo besando su espalda sudada lamiendo el sudor salado. Sus dedos juguetearon su ano fruncido untándolo con sus jugos mezclados. "Confía en mí" murmuró. Ella asintió resucitaré en sus brazos pensó.
La penetró por detrás lento cuidadoso abriéndose paso en su virginidad trasera. Dolor inicial placer inmenso. "¡Está cañón!" exclamó ella empujando hacia atrás. Ritmo creció salvaje nalgas chocando contra abdomen peludo. Manos de él en sus tetas amasándolas pezones pellizcados enviando chispas directas a su clítoris. El olor de sus fluidos anales mezclados con semen viejo era embriagador primitivo.
María se tocó sola frotando furioso su botón inflamado. Ondas nuevas la barrieron orgasmo doble anal vaginal en uno. "¡Resucito Cristo mío!" aulló cuerpo rígido luego flácido en rendición total. Alejandro la siguió eyaculando profundo dentro marcándola como suya. Cayeron exhaustos en charco de placer mutuo.
En la afterglow yacían abrazados escuchando grillos nocturnos y cohetes lejanos de la quema de Judas. "Fue mi pasión mi muerte y resurrección" susurró ella trazando cruces en su pecho ancho. Él la besó frente perfumada "Y seremos eternos en esto carnal divino". El aire fresco entraba por la ventana refrescando pieles ardientes. María sonrió serena empoderada. La fe y el fuego se funden en mí ahora.
Salieron al amanecer tomados de la mano listos para la vigilia de resurrección. Pero en sus venas corría un nuevo evangelio de placer consensual eterno.