Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Los Socios del Ritmo Pasión Tropical Los Socios del Ritmo Pasión Tropical

Los Socios del Ritmo Pasión Tropical

7042 palabras

Los Socios del Ritmo Pasión Tropical

La noche en Playa del Carmen ardía como un fogón de carbón. El aire cargado de sal marina y el eco de las olas rompiendo en la playa se mezclaba con el ritmo pegajoso de la salsa que salía de los altavoces del club tropical. Yo, Ana, subía al escenario con mi corazón latiendo al compás de los tambores, vestida con un vestido rojo ceñido que dejaba poco a la imaginación, el sudor ya perlándome la piel bajo las luces calientes.

Los socios del ritmo pasión tropical, así nos anunciaban. Mi carnal, Javier, y yo éramos el dúo que hacía enloquecer a la gente con nuestros pasos sincronizados, cuerpos rozándose en cada giro, miradas que prometían más que solo baile. Él, con su camisa abierta mostrando el pecho moreno y marcado, me tomaba de la cintura fuerte, sus manos callosas de tanto ensayar. Neta, cada vez que bailábamos, sentía esa chispa que me subía por las piernas hasta el estómago.

La multitud gritaba mientras hacíamos el primer swing. Su aliento caliente en mi cuello, el olor a su colonia mezclada con sudor macho, me ponía la piel de gallina.

"Órale, Ana, muévete así, que me traes loco"
, me susurraba al oído, su voz ronca cortando el ruido. Yo reía bajito, arqueando la espalda para que mi culo rozara su entrepierna dura. Era nuestro juego, el que nos había hecho socios perfectos en el escenario... pero ¿y fuera de él?

El show terminó con aplausos ensordecedores. Bajamos jadeantes, el público pidiendo más. Javier me jaló a la barra, pedimos dos tequilas reposados. El líquido ardía en mi garganta, calentándome por dentro mientras sus ojos cafés me devoraban.

Acto uno: la chispa

Nos sentamos en una mesa apartada, las velas parpadeando sombras en su cara.

"Hoy la rompiste, güeyita. Ese paso nuevo... uf, me pusiste a mil"
, dijo, su mano rozando mi muslo por debajo de la mesa. Sentí el calor de sus dedos subiendo despacio, y mi cuerpo respondió con un cosquilleo traicionero entre las piernas.

Yo lo miré fijo, mordiéndome el labio. Llevábamos meses así, bailando al borde del abismo. Éramos carnales en el ritmo, pero la pasión tropical nos llamaba a más. No aguanto más esta tensión, pendejo. Quiero sentirte de verdad, pensé mientras sorbía mi trago. El mar rugía afuera, invitándonos.

Le propuse ir a la playa privada del club, esa que solo usábamos para ensayar al atardecer. Él sonrió pícaro, asintiendo. Caminamos descalzos por la arena tibia, el viento nocturno revolviéndome el pelo. La luna llena pintaba el agua de plata, y el olor a yodo y coco nos envolvía.

Acto dos: el fuego se aviva

Allí, solos, pusimos música en su celular: un son cubano ardiente, perfecto para los socios del ritmo pasión tropical. Empezamos a bailar como siempre, pero sin luces ni público. Sus manos en mi cintura bajaron a mis caderas, apretándome contra él. Sentí su verga tiesa presionando mi vientre, dura como madera de palmera.

"Ana, neta, no sé cómo hemos aguantado tanto"
, murmuró, su boca rozando mi oreja. Yo gemí bajito, mis uñas clavándose en su espalda. El roce de su piel sudorosa contra la mía era eléctrico, salada al gusto cuando lamí su cuello. Olía a mar y a hombre en celo, ese aroma que me volvía loca.

Nos besamos por primera vez como amantes, no como socios. Sus labios gruesos devorándome, lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y deseo. Mis manos bajaron a su culo firme, apretándolo mientras él me alzaba, mis piernas envolviéndolo. La arena se nos metía entre los dedos de los pies, áspera y cálida.

Me recargó en una palmera, su boca bajando por mi cuello, mordisqueando hasta llegar a mis tetas. Bajó el vestido de un jalón, exponiéndolas al aire fresco. Qué chingón se siente esto, pensé mientras él mamaba un pezón, chupando fuerte, su barba raspándome delicioso. Gemí alto, el sonido perdido en las olas. Mis manos enredadas en su pelo negro, jalándolo más cerca.

Él se arrodilló, subiendo mi falda.

"Déjame probarte, mi reina tropical"
. Su aliento caliente en mi panocha ya mojada me hizo arquearme. Lamidas lentas al principio, saboreando mis jugos salados, luego rápidas, su lengua danzando como en nuestros bailes. El placer subía en oleadas, mis muslos temblando alrededor de su cabeza. Olía a sexo y arena húmeda, el ritmo de su boca sincronizado con mi pulso acelerado.

No aguanté y exploté, gritando su nombre al viento. ¡Javier, cabrón, sí!. Me levantó temblorosa, besándome para que probara mi propio sabor dulce y salado.

Lo empujé al suelo, arena suave bajo nosotros. Le quité la camisa, lamiendo su pecho sudoroso, bajando hasta su pantalón. Saqué su verga gruesa, venosa, palpitante. La olí, ese olor almizclado que me enloquecía, y la metí a mi boca despacio. Él gruñó, sus caderas moviéndose al ritmo.

"Qué rico chupas, Ana... sos mis socios del ritmo perfectos"
. La chupé hondo, saboreando la gota salada de su pre-semen, mis manos masajeando sus huevos pesados.

La tensión crecía, nuestros cuerpos en sintonía como nunca. Él me volteó, poniéndome a cuatro patas sobre la arena. Su verga rozó mi entrada húmeda, provocándome.

"Dime que la quieres, mi pasión tropical"
.
"Sí, métemela ya, pendejo"
, supliqué, mi voz ronca.

Entró despacio, llenándome centímetro a centímetro. ¡Qué grande, qué chida sensación!. El estirón delicioso, su calor dentro de mí. Empezó a bombear lento, cada embestida rozando mi clítoris interno, sonidos chapoteantes mezclados con nuestros jadeos y el mar. Sudor goteando de su pecho a mi espalda, manos apretando mis tetas.

Aceleró, el ritmo furioso como nuestra salsa más salvaje. Grité con cada golpe, placer subiendo como marea. Él gruñía en mi oído,

"Te voy a llenar, Ana... sos mía"
. El orgasmo nos golpeó juntos, mi panocha contrayéndose alrededor de su verga, chorros calientes de su leche inundándome. Colapsamos, cuerpos temblando, arena pegada a nuestra piel empapada.

Acto tres: el eco del ritmo

Quedamos tendidos bajo la luna, su brazo alrededor de mí, dedos trazando círculos perezosos en mi vientre. El aire fresco secaba nuestro sudor, olor a sexo flotando aún. Lamí una gota salada de su hombro, sonriendo.

"¿Y ahora qué, socio? ¿Seguimos bailando así?"
, pregunté, mi voz suave.

Él rio bajito, besándome la frente.

"Pa'siempre, mi pasión tropical. Los socios del ritmo no se separan"
.

Sentí paz profunda, el mar susurrando promesas. Mañana ensayaríamos de nuevo, pero ahora sabíamos que el verdadero ritmo latía entre nosotros, ardiente e infinito. El sol empezaba a asomarse, tiñendo el cielo de rosa, mientras nos abrazábamos en la arena, exhaustos y plenos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.