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Pasión por las Almas Oswald Smith PDF

6543 palabras

Pasión por las Almas Oswald Smith PDF

Tú estás recostada en tu cama king size en el corazón de la Condesa, con el aire acondicionado zumbando bajito como un susurro secreto. La noche de Ciudad de México se filtra por las cortinas sheer, luces neón parpadeando como promesas lejanas. Abres tu laptop, aburrida de las apps de citas que solo te dejan con un vacío en el pecho. Buscas algo que prenda esa chispa, algo intenso. Tecleas pasion por las almas oswald smith pdf sin pensarlo mucho, esperando encontrar un tesoro oculto de erotismo espiritual. El archivo baja rápido, y lo abres con el corazón latiendo un poquito más fuerte.

Las palabras de Oswald Smith te envuelven como humo de incienso. Habla de una pasión por las almas que quema, que consume, que une en éxtasis divino. No es lo que esperabas, pero carnal, algo se despierta en ti. Imaginas almas desnudas entrelazándose, no en iglesias frías, sino en piel sudorosa, pulsos acelerados chocando como olas en la costa de Puerto Vallarta. Tu mano baja sola por tu vientre plano, rozando la tela ligera de tu camisón de seda. El aroma de tu loción de vainilla se mezcla con el calor que sube entre tus muslos.

¿Y si la pasión por las almas es esto? Conectar tan profundo que duela de placer.
Te tocas despacio, círculos suaves, imaginando un amante que lea esas páginas contigo, que convierta texto en carne.

Decides no quedarte en fantasías. Te pones un vestido negro ceñido que abraza tus curvas como un amante posesivo, tacones que repiquetean en el piso de madera noble. Sales al bar de la esquina, ese con jazz suave y cocteles que saben a pecado. El olor a mezcal ahumado te recibe, mezclado con risas y perfume caro. Te sientas en la barra, pides un margarita con sal de hipódromo, y ahí lo ves: un vato alto, moreno, con ojos que parecen ver hasta tu alma. Se llama Diego, arquitecto, con manos grandes que prometen explorar.

¿Qué lees en esa cabeza tuya que te hace sonreír así? te pregunta, su voz grave como ron en las rocas.

Le cuentas de la descarga impulsiva, del pasion por las almas oswald smith pdf que te cayó del cielo digital. Él se ríe, pero no burlón, sino intrigado. Chingón, dice, yo lo leí hace años en la uni. Es sobre arder por conectar con lo profundo de la gente. Platican horas, las copas se vacían, el jazz se pone más lento. Sientes su rodilla rozar la tuya bajo la barra, un toque eléctrico que sube por tu espina. El calor de su cuerpo cerca, el sabor salado de sus labios cuando se acerca a susurrar.

Este pendejo me va a volver loca, y lo sabe.

Salen tomados de la mano, el aire fresco de la medianoche les besa la piel. Caminan a tu depa, riendo de tonterías, pero la tensión crece como tormenta en el desierto sonorense. En el elevador, sus manos ya exploran: dedos fuertes en tu cintura, tu aliento en su cuello oliendo a sándalo y deseo. La puerta se cierra, y lo jalas adentro, besos hambrientos que saben a tequila y promesas.

Lo empujas al sofá de terciopelo, te subes a horcajadas. Sus manos suben por tus muslos, arrugando el vestido, exponiendo piel que arde bajo su mirada. Qué chingona eres, murmura, mientras desabrochas su camisa, revelando pecho firme, vello oscuro que invita a morder. Lo besas ahí, lengua trazando caminos salados, oyendo su gemido ronco que vibra en tu pecho. Él te quita el vestido con reverencia, como si desvelara un secreto sagrado. Tus senos libres, pezones duros como piedras preciosas, y él los lame despacio, succionando hasta que arqueas la espalda, un ay cabrón escapando de tus labios.

La habitación huele a sexo inminente, a feromonas y sudor fresco. Te deslizas abajo, desabrochas su pantalón, liberas su verga tiesa, palpitante, con una gota perlada en la punta que lames como néctar prohibido. Qué rica, gime él, enredando dedos en tu pelo mientras la chupas profundo, garganta acomodándose, saliva resbalando. El sabor salado-musgoso te enloquece, tus caderas se mueven solas, panocha mojada frotándose en el aire. Él te levanta, te lleva a la cama, te acuesta con cuidado, como si fueras frágil pero ardiente.

Mis almas se tocan ya, como dice ese PDF de Oswald Smith. Pasión pura, sin filtros.

Se hunde entre tus piernas, lengua experta lamiendo tu clítoris hinchado, dedos curvándose dentro, tocando ese punto que te hace ver estrellas. Gritas su nombre, Diego, no pares, pendejo delicioso, caderas elevándose, jugos cubriendo su barbilla. El sonido húmedo de su boca en ti, olorcito almizclado de tu excitación, todo te lleva al borde. Pero él se detiene, sube, te besa con tu propio sabor en sus labios. Quiero sentirte completa, dice, y entras su verga de un empujón mutuo, consensual, perfecto.

Te llena, gruesa y caliente, estirándote delicioso. Empiezas a cabalgar, manos en su pecho, uñas marcando surcos rojos. Él empuja arriba, pelvis chocando con palmadas húmedas, qué weba tan rica tienes, gruñe. Cambian: él encima, misionero profundo, ojos clavados, almas conectando mientras follan. Sudor perlando sus cuerpos, resbaloso, tacto resbaladizo que intensifica cada roce. Tus piernas en su cintura, tacones aún puestos arañando su espalda. El ritmo acelera, pulsos latiendo al unísono, respiraciones jadeantes mezclándose.

Lo volteas a perrito, él agarra tus caderas, embiste fuerte pero cariñoso, mano bajando a frotar tu clítoris. Vente conmigo, mi reina, susurra, y explotas: olas de placer desde el útero, contrayéndote alrededor de él, gritando en mexicano puro, me vengo, chingado, sííí. Él sigue, unos empujones más, y se corre dentro, chorros calientes llenándote, gemido animal que retumba en las paredes. Colapsan juntos, entrelazados, piel pegajosa, corazones galopando como caballos salvajes.

En el afterglow, yacen envueltos en sábanas revueltas, el olor a sexo y vainilla flotando. Él acaricia tu pelo, tú trazas círculos en su pecho. ¿Sabes? Ese pasion por las almas oswald smith pdf me trajo hasta aquí, dices riendo. Él asiente, Las almas se buscan, carnal. Y qué chido encontrar la tuya. Duermen pegados, con la laptop aún abierta en la página del PDF, testigo silencioso de cómo la pasión espiritual se hizo carne vibrante. Al amanecer, el sol entra tiñendo todo de oro, y sabes que esto no termina aquí: la llama arde, lista para más.

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