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Frases Sobre la Pasión en el Trabajo que Desatan el Deseo

6174 palabras

Frases Sobre la Pasión en el Trabajo que Desatan el Deseo

Entré a la oficina esa mañana con el sol de México City colándose por las ventanas altas del edificio en Polanco. El aire olía a café recién molido y a las croissants que repartía la secretaria, un aroma que siempre me ponía de buenas. Yo, Ana, llevaba tres años en esa agencia de publicidad, subiendo peldaños como buena tijera que soy, pero hoy todo se sentía diferente. Él acababa de llegar: Javier, el nuevo director creativo, con esa sonrisa pícara y ojos cafés que te escanean como si ya supieran tus secretos.

En la junta matutina, nos sentamos alrededor de la mesa de conferencias, con laptops abiertas y tazas humeantes. Javier se paró al frente, camisa blanca arremangada mostrando antebrazos fuertes, y empezó a hablar. "Frases sobre la pasión en el trabajo", dijo, garabateando en el pizarrón blanco. "Eso es lo que necesitamos para encender esta campaña. No nomás vender, sino arder con lo que hacemos". Su voz grave retumbaba en mi pecho, y yo sentí un cosquilleo en la nuca, como si sus palabras se colaran bajo mi blusa ajustada.

Me quedé mirándolo mientras listaba: "La pasión en el trabajo es como un fuego que no se apaga, te consume y te hace más fuerte". Neta, güey, cada frase salía con un tono que no era solo profesional. Olía a su colonia, madera y algo especiado, y yo crucé las piernas bajo la mesa, sintiendo el roce de mi falda contra los muslos.

¿Por qué carajos me está poniendo así este pendejo? Solo está hablando de trabajo, Ana, contrólate
, pensé, pero mi pulso ya latía más rápido.

La junta terminó, pero Javier me pidió quedarme. "Ana, tú entiendes de pasión creativa. Ayúdame a pulir estas frases sobre la pasión en el trabajo". Solo nosotros dos en la sala, el zumbido del aire acondicionado y el tráfico lejano de Reforma como banda sonora. Se acercó, su mano rozó la mía al pasar el marcador, y juro que sentí electricidad. "Prueba esta: 'En el trabajo, la pasión es el sudor que une cuerpos en un ritmo perfecto'". Lo dijo mirándome fijo, y yo tragué saliva, imaginando ese sudor en su piel morena.

El día avanzó con emails y reuniones, pero la tensión crecía como tormenta de verano. Al rato del lunch, me mandó un chat: "Frases sobre la pasión en el trabajo: 'Deja que el deseo fluya como café caliente por tus venas'". Reí, pero mi cuerpo respondía. En el baño, me miré al espejo, pezones duros bajo el bra, y me toqué un segundo, oliendo mi propio aroma mezclado con el jabón de lavanda. Órale, esto no es normal.

Al final del día, la oficina se vació. Quedamos solos revisando mockups en su cubículo. La luz tenue de la lámpara de escritorio pintaba sombras en su mandíbula cuadrada. "Ana, dime, ¿qué frase te prende más?", preguntó, su aliento cálido cerca de mi oreja. Yo me giré, nuestros rostros a centímetros. "La que dice que la pasión en el trabajo te hace temblar hasta el alma", susurré, y lo besé. Sus labios sabían a menta y deseo, su lengua invadiendo con hambre contenida todo el día.

Acto segundo: la escalada. Sus manos grandes subieron por mi espalda, desabrochando el sostén con maestría mientras yo le quitaba la camisa, sintiendo el calor de su pecho contra mis palmas. Olía a hombre, a sudor limpio y esa colonia que me volvía loca. "Neta, Javier, desde la junta no aguanto", gemí, y él rio bajito, voz ronca: "Esas frases sobre la pasión en el trabajo eran para ti, güey. Sabía que prenderían". Me levantó sobre el escritorio, papeles volando, y besó mi cuello, mordisqueando suave, enviando chispas directo a mi entrepierna.

Mi falda se subió sola, sus dedos explorando mis muslos, rozando la humedad de mis panties.

¡Qué chingón se siente esto! Cada roce es fuego, cada jadeo música
. Le bajé el pantalón, liberando su verga dura, gruesa, palpitante en mi mano. La apreté, sintiendo las venas, el calor que irradiaba. Él gruñó, un sonido animal que me mojó más. "Cógeme con pasión, como si fuera tu mejor proyecto", le pedí, y él obedeció, quitándome todo, lamiendo mis tetas, succionando pezones hasta que arqueé la espalda.

Nos movimos al sofá de la sala de juntas, piel contra piel, el cuero frío contrastando con nuestro calor. Su boca bajó, besando mi vientre, llegando al centro. Lengua experta en mi clítoris, chupando suave luego fuerte, dedos dentro curvándose justo ahí. Grité, "¡Sí, cabrón, así!", piernas temblando, olor a sexo llenando el aire, jugos míos en su barbilla. Él se incorporó, ojos negros de lujuria: "Tu pasión en el trabajo me tiene loco, Ana". Me penetró lento, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estirón delicioso, su grosor rozando paredes sensibles.

Empezamos un ritmo, él embistiendo profundo, yo clavándole uñas en la espalda, gimiendo en su oído. Sudor goteando, mezclándose, slap-slap de cuerpos chocando, su aliento jadeante: "Eres fuego puro". Aceleramos, yo montándolo ahora, rebotando, tetas saltando, control total. Siento cada vena, cada pulso, el placer subiendo como ola. Él me apretó las nalgas, guiándome, "Frases sobre la pasión en el trabajo: 'Cabalga hasta explotar'".

La tensión creció, mis músculos apretándolo, su verga hinchándose más. Gemidos se volvieron gritos ahogados, el orgasmo me rompió en mil pedazos, contracciones salvajes ordeñándolo. Él se vino segundos después, caliente dentro, gruñendo mi nombre, "¡Ana, chingada madre!". Colapsamos, pegajosos, respirando entrecortado.

El afterglow. Quedamos abrazados en el sofá, piel fresca ahora, olor a sexo y satisfacción. Él me besó la frente, suave. "Eso fue más que pasión en el trabajo, ¿verdad?". Sonreí, trazando su pecho con dedo. "Neta, Javier, tus frases prendieron algo eterno". La oficina en silencio, solo nuestros corazones latiendo al unísono. Mañana seguiría el trabajo, pero ahora con un secreto ardiente. Salimos tomados de la mano, noche mexicana envolviéndonos, prometiendo más frases y más fuego.

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