Pasión de Cristo Animada
En las calles empedradas de San Miguel de Allende durante la Semana Santa el aire huele a incienso quemado y a flores de bugambilia que trepan por las paredes coloniales. Tú caminas entre la multitud vestida de morado y negro susurrando oraciones mientras los tambores retumban anunciando la procesión. El sol del atardecer tiñe todo de oro líquido y tu piel se eriza con la brisa fresca que trae ecos de cantos gregorianos. Ahí lo ves por primera vez a él Cristo el hombre que interpreta al Nazareno en la pasión de Cristo animada la representación más viva y teatral del pueblo.
Sus ojos oscuros te atrapan desde la cruz improvisada. Tiene el cuerpo esculpido como un dios pagano músculos tensos bajo la túnica raída sudor brillando en su pecho moreno. Cuando baja clavos falsos en las palmas y grita "Padre perdónalos" su voz grave vibra en tu vientre despertando un calor prohibido. Tú aprietas las piernas sintiendo el pulso acelerado entre tus muslos. ¿Qué carajos me pasa? piensas mientras la gente llora a tu alrededor pero tú solo imaginas esas manos fuertes arrancándote la blusa.
Después del viacrucis la multitud se dispersa y tú te quedas rezagada fingiendo ajustar tu rebozo. Él se acerca quitándose la corona de espinas su cabello negro revuelto cayendo sobre la frente. "¿Te gustó la función güeyita?" dice con una sonrisa pícara que no cuadra con el mártir de hace rato. Su aliento huele a menta y a algo más salvaje como tierra mojada después de la lluvia. Tú asientes balbuceando "Estuvo chingona tu pasión de Cristo animada carnal. Parecías de verdad sufriendo... y gozando." Él ríe un sonido ronco que te hace cosquillas en la nuca. "Ven acompáñame a la sacristía. Tengo sed de algo más que agua bendita."
En la sacristía polvorienta iluminada por velas parpadeantes el aroma a cera derretida se mezcla con su sudor masculino. Él se quita la túnica quedando en boxers ajustados que marcan su verga gruesa ya medio parada. Tú tragas saliva el corazón latiéndote como tambor de concheros.
No mames esto es pecado pero qué rico pecadopiensas mientras él te jala por la cintura sus labios rozando tu oreja. "¿Quieres sentir mi pasión de Cristo animada de verdad mi reina?" murmura chupándote el lóbulo. Sus manos callosas suben por tu espalda desabrochando el sostén con maestría mexicana.
Tú gimes arqueándote contra él el roce de su pecho peludo contra tus chichis eriza tu piel. Sus besos bajan por tu cuello saboreando el salado de tu sudor "Qué rica hueles a mujer en calor" gruñe metiendo la lengua en tu escote. Tú agarras su verga por encima de la tela sintiéndola palpitar caliente y dura como hierro forjado. "Ay Cristo dame tu cruz" jadeas riendo nerviosa y él responde "Pídemela con fe güerita." Se arrodilla como en la pasión pero esta vez te abre las piernas besando tus muslos internos el olor a tu humedad lo enloquece.
La tensión crece lenta como la procesión sus dedos separan tus labios húmedos rozando el clítoris hinchado. Tú tiemblas oyendo tus propios gemidos rebotar en las paredes de adobe. Es como si me crucificara de placer piensas mientras él lame despacio saboreando tu jugo dulce y salado. Su lengua traza círculos expertos chupando fuerte hasta que tus caderas se sacuden solas. "¡No pares pendejo divino!" gritas y él mete dos dedos gruesos curvándolos adentro tocando ese punto que te hace ver estrellas. El sonido chapoteante de tu concha empapada llena el aire junto con su resuello animal.
Él se pone de pie su verga libre ahora goteando precum que brilla a la luz de las velas. Tú la tocas fascinada la piel aterciopelada sobre venas hinchadas el sabor salado en tu lengua cuando la lames de abajo arriba. "Qué chingona mamadora" gime él enredando dedos en tu pelo empujando suave. Tú lo chupas profundo garganta relajada tragando su esencia mientras él jadea "Así mi virgen María cabrona." El ritmo acelera sus bolas peludas golpeando tu barbilla el olor almizclado de su excitación te marea de deseo.
Pero no es suficiente la tensión palpita como cuerdas de guitarra a punto de romperse. Él te levanta contra la mesa de madera áspera que raspa tu nalga. "Te voy a follar como Dios manda" promete alineando su verga en tu entrada resbalosa. Entras despacio centímetro a centímetro estirándote deliciosamente el ardor dulce te hace arañar su espalda. "¡Qué apretadita qué rica concha!" ruge embistiendo hondo el choque de pelvis suena húmedo y obsceno.
El medio acta es puro fuego escalada imparable. Él te bombea fuerte profundo variando ritmo lento para torturarte rápido para castigarte. Tú envuelves piernas en su cintura sintiendo sus glúteos contraerse con cada estocada. Sudor gotea de su frente cayendo en tus tetas el sabor salado en tus labios cuando lo besas feroz mordiendo su lengua.
Esta es mi pasión de Cristo animada viva ardiente eternapiensas mientras el placer sube en espiral coiling en tu vientre. Él te voltea de espaldas manos en tus caderas azotando suave "¿Te gusta mi cruz güey?" y tú respondes "Sí cabrón dame más."
Sus dedos encuentran tu clítoris frotando en círculos mientras te penetra desde atrás el ángulo perfecto rozando tu G-spot. Gemidos se convierten en gritos el aire cargado de olor a sexo crudo piel contra piel resbalosa. Tú sientes el orgasmo venir como procesión inevitable olas rompiendo "¡Me vengo Cristo ayúdame!" chillas convulsionando alrededor de su verga ordeñándolo. Él gruñe animal "¡Toma mi leche santa!" y explota adentro chorros calientes llenándote hasta rebosar bajando por tus muslos.
En el afterglow colapsan juntos en el suelo fresco de la sacristía respiraciones entrecortadas corazones galopantes. Él te acaricia el cabello besando tu sien "Qué chido fue eso mi amor. Mi pasión de Cristo animada contigo." Tú sonríes acurrucada en su pecho oyendo su pulso calmarse el aroma a semen y jazmín flotando. Esto no es fin de semana santa es principio de algo pecaminoso y perfecto reflexionas mientras las velas se apagan dejando solo la promesa de más noches así. Afuera los tambores lejanos celebran la resurrección pero aquí dentro ya resucitaste en sus brazos.