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El Color de la Pasion Capitulo 27 Fuego en la Piel

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El Color de la Pasion Capitulo 27 Fuego en la Piel

Valeria se recargaba en la barandilla del balcón de su casa en Puerto Vallarta, con el mar Caribe susurrando promesas al atardecer. El sol teñía el cielo de rojo pasión, como si el universo supiera lo que vendría esa noche. Hacía semanas que Alejandro no aparecía, envuelto en sus viajes de negocios por la ciudad de México, pero esta vez le había mandado un mensaje: "Llego al anochecer, mi reina. Prepárate pa' lo que te tengo guardado." Su corazón latía con fuerza, un tambor de deseo que le aceleraba el pulso en las sienes.

Adentro, en la sala iluminada por velas de coco y vainilla, el televisor murmuraba el final de El Color de la Pasion Capitulo 27. La protagonista, con ojos llameantes, se entregaba a un beso prohibido que hacía eco en el alma de Valeria. Qué neta, esto me prende como mecha, pensó, mientras el aroma salino del mar se mezclaba con su perfume de jazmín. Se sirvió un tequila reposado, el líquido ámbar quemándole la garganta como un presagio de caricias ardientes. Su piel morena, suave como seda, erizaba bajo el vestido ligero de algodón que apenas cubría sus curvas generosas.

¿Y si esta vez es diferente? ¿Si su cuerpo me hace olvidar todo? Ay, Valeria, no seas pendeja, siempre termina en explosión.

El sonido de la puerta principal la sacó de su ensimismamiento. Pasos firmes, varoniles, cruzaron el pasillo. Alejandro entró al balcón, alto, con esa camisa blanca entreabierta que dejaba ver el vello oscuro de su pecho. Sus ojos cafés, profundos como pozos de miel, la devoraron de inmediato.

"¿Qué onda, chula? Te extrañé verga." Su voz ronca, con ese acento tapatío que la volvía loca, la envolvió como humo de tabaco.

Valeria se giró despacio, su cadera balanceándose con picardía. "Órale, wey, ¿y tú? Mira que me tuviste aquí sola, viendo mis novelitas." Se acercó, rozando su pecho con los senos, sintiendo el calor que irradiaba de él como un horno encendido.

Acto uno de su danza privada acababa de empezar. Sus labios se encontraron en un beso suave al principio, saboreando el tequila en su boca, el salitre en su lengua. Manos expertas bajaron por su espalda, apretando sus nalgas con posesión juguetona. Su piel sabe a mar y a hombre, pensó ella, mientras sus dedos se enredaban en el cabello negro y ondulado de él.

La llevaron adentro, al sofá de cuero suave que crujía bajo su peso. Alejandro la sentó en su regazo, sus muslos fuertes abriéndose para ella. El vestido se subió solo, revelando las bragas de encaje negro que apenas contenían su humedad creciente. Él olfateó su cuello, inhalando profundo. "Hueles a pecado, mi amor. A panocha lista pa' mí."

Valeria rio bajito, un sonido gutural que vibró en su pecho. "No seas mamón, pero neta que sí. Tócame, cabrón." Sus manos guías bajaron la cremallera de su vestido, liberando sus pechos plenos, los pezones oscuros endureciéndose al aire fresco. Él los tomó en sus palmas callosas, masajeando con ternura que pronto viró a hambre. Chupó uno, la lengua girando como remolino, mientras ella arqueaba la espalda, gimiendo suave. El sonido de su succión, húmedo y obsceno, llenaba la habitación junto al romper de olas lejanas.

La tensión crecía como tormenta en el Pacífico. Valeria deslizó la mano por su entrepierna, sintiendo la verga dura como hierro bajo los pantalones. Qué chingona se siente, gruesa y palpitante, solo pa' mí. La liberó con impaciencia, la piel aterciopelada caliente en su puño. Él gruñó, un animal herido de placer, mientras ella la acariciaba de arriba abajo, untando el precúm que brotaba como néctar salado.

No aguanto más, pero quiero que dure. Que me haga rogar.

La levantó en brazos, como si no pesara nada, y la llevó al cuarto. La cama king size, con sábanas de satén rojo, los esperaba. La tumbó boca arriba, besando su vientre, bajando hasta las bragas empapadas. El olor a su excitación, almizclado y dulce, lo enloqueció. Las arrancó con dientes, exponiendo su concha hinchada, labios rosados brillando. "Mírate, toda mojada por tu hombre."

Su lengua atacó sin piedad, lamiendo el clítoris con círculos lentos, luego rápidos. Valeria se retorcía, uñas clavándose en las sábanas, el placer subiendo como lava. Sabe a mí, a sal y fuego. Gemía alto ahora, "¡Sí, así, no pares, pendejo caliente!" Él metió dos dedos gruesos, curvándolos para golpear ese punto que la hacía ver estrellas, el sonido chapoteante de su jugo mezclándose con sus jadeos.

Pero ella quería más, quería fundirse. Lo jaló arriba, guiando su verga a la entrada. "Cógeme ya, Alejandro. Hazme tuya." Él empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. El dolor placer la invadió, su interior apretándolo como guante de terciopelo. Comenzaron a moverse, ritmos lentos primero, sintiendo cada roce, cada vena pulsando dentro.

El sudor perlaba sus cuerpos, goteando entre pechos y abdomen. El slap slap de piel contra piel resonaba, junto a sus respiraciones entrecortadas. Él aceleró, embistiendo profundo, sus bolas golpeando su culo. Valeria clavó las piernas en su espalda, urgiéndolo. Es como El Color de la Pasion Capitulo 27, pero real, crudo, nuestro. Sus pezones rozaban el pecho velludo de él, chispas de electricidad en cada roce.

La intensidad escalaba. Él la volteó a cuatro patas, admirando su culo redondo, la concha abierta invitándolo. Entró de nuevo, manos en sus caderas, tirando de ella contra sí. "¡Qué rico te sientes, Valeria! ¡Mi reina!" Ella empujaba hacia atrás, follándolo con furia, el cabello negro pegado a su espalda sudorosa. El olor a sexo impregnaba el aire, espeso, embriagador.

Me vengo, lo siento, no aguanto... ¡Dios!

El clímax la golpeó como ola gigante. Su concha se contrajo, ordeñando su verga, jugos chorreando por sus muslos. Gritó su nombre, el cuerpo temblando en espasmos. Alejandro la siguió segundos después, gruñendo como bestia, llenándola con chorros calientes que la hicieron sentir completa. Se derrumbó sobre ella, besando su nuca, sus corazones latiendo al unísono.

En el afterglow, se acurrucaron bajo las sábanas revueltas. El mar cantaba su nana afuera, las velas parpadeando sombras en las paredes. Él acariciaba su cabello, suave como ala de mariposa. "Te amo, chula. Esto es lo que extrañaba."

Valeria sonrió, saboreando el beso perezoso en su hombro. Esto es pasión de verdad, no novela. Pero qué chido que El Color de la Pasion Capitulo 27 me prendió la mecha. Su cuerpo aún hormigueaba, satisfecho pero con eco de deseo. Mañana sería otro día, pero esta noche, en sus brazos, el mundo era perfecto.

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