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Pasion y Baile la Pelicula Sensual

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Pasion y Baile la Pelicula Sensual

Ana se acomodó en la butaca del cine, el aire cargado con ese olor a palomitas calientes y un toque de perfume barato que flotaba en la sala. Era la premiere de Pasion y Baile la Pelicula, esa cinta que todos en la Ciudad de México andaban platicando, con escenas de tango ardiente que prometían encender hasta al más tieso. Llevaba un vestido negro ajustado que le marcaba las curvas, sintiendo ya el cosquilleo en la piel por la anticipación. Órale, esta noche va a estar chida, pensó, mientras las luces bajaban y la pantalla cobraba vida.

Al lado suyo se sentó un tipo alto, moreno, con camisa blanca que se le pegaba un poco al pecho por el calor. Marco, se presentó con una sonrisa pícara, oliendo a colonia fresca y algo más, como a hombre que acaba de salir de la regadera. "Neta, esta peli pinta para no dormir", le dijo bajito, y Ana sintió un escalofrío cuando sus brazos se rozaron accidentalmente. En la pantalla, los protagonistas bailaban un vals prohibido, cuerpos pegados, sudor brillando bajo luces tenues. El ritmo de la música retumbaba en el pecho de Ana, haciendo que su corazón latiera al mismo compás.

¿Por qué carajos me late tan fuerte? Es solo una película, pero este wey al lado... mmm, huele rico, y esa mirada que me echa cada rato.

Durante la escena clave, donde la pareja se enredaba en un beso mientras giraban al son de un bolero sensual, Marco se inclinó un poco hacia ella. "Mira cómo se mueven, ¿no? Como si el mundo se acabara en ese baile". Ana tragó saliva, notando cómo su propia piel se erizaba, el calor subiendo por sus muslos. Al final de la proyección, las luces volvieron, pero la tensión entre ellos no se apagó. "Oye, ¿vamos por un trago? Hay un antro cerca con pista de baile, pa' practicar lo de la peli", propuso él, con ojos que devoraban los suyos.

Ana dudó un segundo, pero el fuego que la película había avivado en su vientre la impulsó. "Va, pendejo, pero no me hagas quedar mal en la pista". Salieron del cine riendo, la noche mexicana envolviéndolos con su brisa tibia y el bullicio de las calles. Caminaron hasta el bar, un lugar con luces neón y salsa retumbando. Pidieron tequilas, el líquido quemando la garganta de Ana como una promesa. "Salud por Pasion y Baile la Pelicula", brindó Marco, y sus dedos rozaron los de ella al chocar vasos, enviando chispas directas a su centro.

La música cambió a un tango lento, y Marco la jaló a la pista. "Ven, déjame enseñarte". Sus manos en la cintura de Ana eran firmes, cálidas, hundiendo los dedos justo donde la tela del vestido se arrugaba. Bailaron pegados, pechos rozándose con cada giro, el sudor comenzando a perlar sus nucas. Ana inhalaba su aroma: salado, masculino, mezclado con el tequila y el humo del lugar. Sus caderas contra las mías... qué chingón se siente, como en la peli, pero real, neta que me estoy mojando, pensó, mientras él la hacía girar, su aliento caliente en su oreja.

"Eres fuego, Ana", murmuró Marco, su voz ronca cortando el ruido de la banda. Ella respondió presionando más su cuerpo contra el de él, sintiendo la dureza que crecía en sus pantalones. El roce era eléctrico, cada paso un preludio de lo que vendría. Sus labios se acercaron peligrosamente, pero se detuvieron en la última escena del baile, jadeantes. "No aquí, wey... vámonos a algún lado", susurró ella, el deseo latiendo en sus venas como tambores.

Terminaron en el departamento de Marco, un loft chiquito pero chulo en la Condesa, con vista a las luces de la ciudad. Apenas cerraron la puerta, se devoraron. Besos urgentes, lenguas enredándose con sabor a tequila y menta. Ana sintió sus manos grandes deslizándose por su espalda, bajando el zipper del vestido con lentitud tortuosa. La tela cayó al suelo, dejándola en lencería negra, pezones endurecidos rozando la camisa de él. "Qué rica estás, mi reina", gruñó Marco, besando su cuello, mordisqueando suave hasta que ella gimió.

Esto es mejor que cualquier película... su boca en mi piel, me derrite, órale, no pares.

Lo empujó al sofá, quitándole la camisa con impaciencia, lamiendo el sudor salado de su pecho mientras bajaba. Sus abdominales duros bajo la lengua, el vello que bajaba hasta la cintura del pantalón. Marco la levantó como si no pesara nada, cargándola a la cama. Allá, se tumbaron, cuerpos desnudos entrelazados. Él exploró con dedos hábiles, acariciando sus senos, pellizcando pezones hasta que Ana arqueó la espalda, gimiendo "¡Sí, cabrón, así!". El olor a sexo llenaba la habitación, almizclado y dulce, su humedad empapando las sábanas.

Ana tomó el control, montándose encima, guiando su verga dura y palpitante hacia su entrada. Se hundió despacio, sintiendo cada centímetro estirándola, llenándola. "¡Qué rico, Marco! Muévete conmigo". Cabalgaron al ritmo de un baile invisible, caderas chocando con palmadas húmedas, sudor resbalando entre ellos. Él agarraba sus nalgas, amasándolas, mientras ella clavaba uñas en su pecho. El placer subía en oleadas, sus gemidos mezclándose con el tráfico lejano de la ciudad.

Cambiaron posiciones, él detrás, embistiéndola con fuerza controlada, una mano en su clítoris frotando en círculos. Ana gritó, el orgasmo rompiéndola en mil pedazos, paredes contrayéndose alrededor de él. "¡Me vengo, pendejo, no pares!". Marco la siguió segundos después, gruñendo su nombre, caliente derramándose dentro. Colapsaron, exhaustos, piel pegajosa y corazones tronando.

Después, acostados enredados, con el olor a sexo aún flotando, Ana trazó círculos en su pecho. "Neta, Pasion y Baile la Pelicula fue el detonante perfecto". Él rio bajito, besando su frente. "Pero lo nuestro fue el verdadero remake, mi amor". La noche los envolvió en calma, con promesas de más bailes, más pasión, en esta ciudad que nunca duerme.

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