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Crimenes de Pasion Pelicula Completa en Carne Viva

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Crimenes de Pasion Pelicula Completa en Carne Viva

Ana se recargaba en la barra del cinebar en la Condesa, con el bullicio de la noche capitalina filtrándose por las ventanas empañadas. El olor a palomitas calientes y tequila reposado flotaba en el aire, mezclándose con el perfume dulce de las mujeres que pasaban riendo. Tenía veintiocho años, curvas que volvían locos a los mirones y un trabajo en una agencia de publicidad que la mantenía siempre al borde del estrés. Esa noche, solo quería desconectarse, ver un trailer y tal vez ligar con alguien que valiera la pena.

Órale, pensó, mientras el proyector mostraba un avance de Crimenes de Pasion Pelicula Completa, esa película prohibida que todos buscaban en la red por sus escenas de deseo desenfrenado. La pantalla vibraba con gemidos ahogados y miradas que prometían fuego. Su piel se erizó bajo el vestido negro ajustado, imaginando cuerpos entrelazados en la oscuridad.

Entonces lo vio. Javier, alto, con barba recortada y ojos café que brillaban como el fondo de una taza de café de olla. Se acercó con una cerveza en la mano, sonriendo de lado. —Neta, esta peli es una chulada, ¿no? Crimenes de Pasion Pelicula Completa... me dan ganas de vivirla, dijo, su voz grave rozando su oído como un susurro caliente.

Ana sintió un cosquilleo en el estómago. ¿Coincidencia o destino? Su olor a colonia fresca con toques de madera la invadió, y cuando sus dedos rozaron los de ella al pasarle la lima, una corriente eléctrica subió por su brazo. Charlaron de todo: de la vida loca en la CDMX, de cómo el tráfico te hace odiar y amar la ciudad al mismo tiempo, de antojos de tacos al pastor a medianoche. La tensión crecía con cada risa, cada mirada que se demoraba en los labios del otro. Él la hacía sentir viva, deseada, como si el mundo se redujera a ese rincón iluminado por luces neón.

Este wey me trae de cabeza, pensó Ana. Su piel morena brilla bajo las luces, y neta, quiero saber cómo sabe.

Una hora después, salieron tomados de la mano, el aire fresco de la noche chocando contra su calor interno. Caminaron hasta su departamento en Roma Norte, riendo de tonterías, sus cuerpos rozándose accidentalmente —o no tanto—. El elevador era un horno; cuando las puertas se cerraron, Javier la acorraló suavemente contra la pared, su aliento cálido en su cuello.

No aguanto más, mamacita —murmuró, y ella respondió con un beso que sabía a tequila y promesas.

Adentro, el lugar era chido: muebles de madera oscura, vistas a los edificios iluminados, música de Natalia Lafourcade de fondo bajita. Sacaron una botella de mezcal artesanal, el humo del copalito impregnando el aire con aroma terroso. Se sentaron en el sofá de piel suave, pero en vez de encender la tele para buscar Crimenes de Pasion Pelicula Completa, Javier la jaló hacia él. Sus labios se encontraron de nuevo, esta vez más urgentes, lenguas danzando con sabor a humo y sal.

Ana jadeaba, sus manos explorando el pecho firme bajo la camisa. Lo desabotonó despacio, oliendo su sudor limpio mezclado con la colonia. Su piel es como terciopelo caliente, pensó, mientras él bajaba la cremallera de su vestido, exponiendo sus senos plenos. Javier gimió al verlos, sus pezones endureciéndose al roce del aire acondicionado y su mirada hambrienta.

Eres una diosa, Ana. Neta, me tienes bien puesto —dijo, besando su clavícula, bajando por el valle entre sus pechos. Ella arqueó la espalda, el sonido de su respiración agitada llenando la habitación. Sus dedos se hundieron en el cabello de él, guiándolo más abajo. El roce de su barba en su vientre la hizo temblar, un calor líquido formándose entre sus piernas.

La tensión era palpable, como el preludio de una tormenta. Ana luchaba internamente:

Esto es una locura, apenas lo conozco... pero carnal, se siente tan bien. ¿Por qué negarlo? La vida es para quemarse.
Javier la levantó en brazos, llevándola a la cama king size, donde las sábanas de algodón egipcio esperaban frías contra su piel ardiente.

Se desnudaron mutuamente con reverencia, explorando cada centímetro. Él lamió sus pezones, succionando con delicadeza que la volvía loca, mientras ella bajaba la mano a su erección dura como piedra, palpitante bajo sus dedos. —Ay, pendejo, estás enorme —rió ella, y él gruñó de placer, respondiendo con caricias en su monte de Venus, separando sus labios húmedos.

El olor a excitación los envolvía, almizclado y dulce, como jazmín en lluvia. Javier se arrodilló entre sus muslos, su lengua trazando círculos lentos en su clítoris hinchado. Ana gritó bajito, sus caderas moviéndose al ritmo, el sonido húmedo de su boca mezclándose con sus gemidos. Órale, qué chingón... me va a hacer venir ya. Él aceleró, introduciendo dos dedos gruesos que la llenaban justo, curvándolos contra ese punto que la hacía ver estrellas.

Ella explotó primero, un orgasmo que la sacudió como un terremoto, olas de placer recorriendo su cuerpo, sus uñas clavándose en sus hombros. Javier la besó entonces, compartiendo su sabor en su boca, y ella lo volteó sobre la cama, ansiosa por devolverle el favor.

Lo tomó en su mano, admirando las venas pulsantes, la cabeza brillante de pre-semen. Lo lamió desde la base, saboreando su esencia salada y masculina, mientras él maldecía en voz baja: —Mierda, Ana, eres una expertas... no pares, wey. Lo engulló profundo, su garganta relajándose, el sonido de succión resonando obsceno y delicioso. Javier se retorcía, sus manos enredadas en su melena, hasta que la jaló arriba.

Te quiero adentro, ahorita —exigió ella, montándolo. Se hundió en él centímetro a centímetro, el estiramiento exquisito, su calor envolviéndola como un guante perfecto. Empezaron lento, mirándose a los ojos, el slap de piel contra piel creciendo en intensidad. Él la agarraba las nalgas, guiando sus movimientos, mientras ella cabalgaba con furia, sus senos rebotando, sudor perlando sus cuerpos.

La habitación olía a sexo puro, a deseo desatado. Cambiaron posiciones: él atrás, embistiéndola con fuerza controlada, su mano en su clítoris, susurrando guarradas al oído. —Sientes cómo te lleno, preciosa? Esto es nuestro crimen de pasión. Ana se corrió de nuevo, gritando su nombre, el placer tan intenso que lágrimas rodaron por sus mejillas.

Javier la volteó, penetrándola misionero, profundo y lento ahora, sus frentes pegadas, respiraciones sincronizadas. El clímax lo alcanzó como una ola, gruñendo mientras se vaciaba dentro de ella, pulsos calientes llenándola hasta el borde. Colapsaron juntos, exhaustos, piel pegajosa contra piel, corazones latiendo al unísono.

En el afterglow, acurrucados bajo las sábanas revueltas, con la ciudad zumbando afuera, Ana trazó círculos en su pecho. —Mejor que cualquier Crimenes de Pasion Pelicula Completa, murmuró él, besando su frente.

Ella sonrió, sintiendo una paz profunda.

Esto no fue un crimen, fue redención. Pasión pura, sin culpas. Mañana quién sabe, pero esta noche fue nuestra película completa.

Se durmieron así, envueltos en el aroma de sus cuerpos satisfechos, con la promesa de más noches como esa en el horizonte caótico de la ciudad.

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