Pasión Capítulo 41 El Deseo que Arde
La brisa salada de la playa de Sayulita acaricia tu piel mientras el sol se hunde en el horizonte tiñendo el cielo de naranjas y rosas intensos. Estás en la terraza de la villa rentada ese rincón perfecto con vista al Pacífico donde el rumor de las olas choca contra las rocas como un latido constante. Llevas un vestido ligero de algodón mexicano bordado a mano que se pega a tus curvas por la humedad del aire y sientes el calor acumulado entre tus muslos. ¿Cuánto falta para que llegue? piensas mientras das un sorbo a tu copa de tequila reposado el aroma ahumado subiendo por tu nariz mezclándose con el olor a mar y jazmín del jardín.
Han pasado semanas desde la última vez que Marco te tocó. Ese pendejo guapo con su sonrisa de medio lado y esos ojos cafés que te deshacen. Es tu carnal tu todo. Esta es su pasión capítulo 41 la cuenta que llevan de noches robadas de besos que queman de cuerpos que se funden como si el mundo se acabara cada vez. Lo sabes porque él lo dijo la noche anterior por teléfono "Nena esto es como un culebrón pero neta nuestro capítulo 41 va a ser el más chingón". Sonreíste entonces imaginando su voz ronca ese acento norteño que te eriza la piel.
De repente oyes el motor de su camioneta esa ranchera vieja pero chida que siempre huele a cuero y aventura. Tu pulso se acelera el corazón te late en el pecho como tamborazo en una fiesta. Bajas las escaleras descalza la arena tibia aún bajo tus pies y lo ves bajar con esa camiseta ajustada que marca sus pectorales duros y el jean desgastado que abraza sus caderas.
¡Órale qué hombre!piensas mordiéndote el labio.
—¡Mi reina! —grita él abriendo los brazos y tú corres hacia él saltando a su cuello. Sus manos fuertes te sujetan por la cintura levantándote como si no pesaras nada. El olor de su colonia mezclado con sudor fresco te invade las fosas nasales y sus labios carnosos chocan contra los tuyos en un beso hambriento. Lenguas que se enredan saliva dulce y cálida el sabor del camino en su boca. Sientes su erección presionando contra tu vientre a través de la tela y un gemido escapa de tu garganta.
—Te extrañé verga —murmuras contra su boca y él ríe bajito ese sonido grave que vibra en tu pecho.
—Yo más nena. Vamos adentro que no aguanto verte así de rica.
La noche envuelve la villa mientras entran al dormitorio principal con su cama king size cubierta de sábanas de hilo egipcio blancas como espuma de mar. Las velas de cera de abeja que encendiste parpadean lanzando sombras danzantes en las paredes de adobe. Marco te empuja suavemente contra la puerta sus manos recorren tus brazos subiendo hasta tus hombros bajando el tirante del vestido. El aire fresco roza tu piel expuesta y sientes el pezón endurecerse al instante.
Esto es el comienzo piensas mientras él besa tu cuello lamiendo la sal de tu piel. Su aliento caliente eriza cada vello de tu cuerpo y el roce de su barba incipiente raspa deliciosamente. Tus manos se cuelan bajo su camiseta palpando los músculos tensos de su abdomen ese six pack que tanto te gusta recorrer con la lengua. Lo desvestís lento saboreando cada centímetro de piel bronceada oliendo a sol y hombre.
Se separan un segundo jadeantes mirándose a los ojos. En los suyos ves el fuego puro la misma hambre que te consume por dentro. Pasión capítulo 41 pasa por tu mente como un relámpago porque cada encuentro es una entrega nueva un capítulo que escribe con sudor y gemidos.
—Quítate eso —ordena él con voz ronca señalando tu vestido y tú obedeces deslizándolo por tus caderas revelando tu cuerpo desnudo sin nada debajo. El aire acondicionado zumba suave contrastando con el calor que irradia tu piel. Marco gime bajo tragando saliva mientras te devora con la mirada bajando por tus pechos llenos tu vientre plano hasta el triángulo oscuro entre tus piernas ya húmedo reluciente.
—Estás cañón mi amor —dice arrodillándose ante ti besando tu ombligo bajando más. Sus dedos abren tus muslos y su lengua encuentra tu clítoris hinchado. El primer lametón es eléctrico un rayo que sube por tu espina dorsal. Saborea tu humedad ese néctar salado dulce que lo enloquece y tú agarras su cabello oscuro tirando suave guiándolo más profundo. El sonido húmedo de su boca chupando lamiendo se mezcla con tus jadeos y el lejano romper de olas.
Pero no quieres acabar así no todavía. Lo jalas arriba besándolo fuerte probando tu propio sabor en sus labios. Tus manos bajan a su cinturón lo desabrochan y liberas su verga dura gruesa palpitante. La acaricias de arriba abajo sintiendo las venas marcadas el calor que emana la gota de precum que unta tu palma. Él gruñe empujándote a la cama.
Te recuestas las piernas abiertas invitándolo y él se posiciona entre ellas frotando la punta contra tu entrada resbaladiza. Lento piensas pero él sabe leer tu cuerpo entra despacio centímetro a centímetro estirándote llenándote hasta el fondo. El placer es abrumador esa plenitud que te hace arquear la espalda. Empieza a moverse ritmado primero suave caricias internas que rozan ese punto sensible luego más rápido más duro el choque de pelvis piel contra piel sudor perlando vuestros cuerpos.
—¡Sí así cabrón! —gritas clavando las uñas en su espalda y él acelera embistiéndote con fuerza animal. El olor a sexo impregna el aire almizcle sudor feromonas. Sientes cada vena de su verga deslizándose dentro cada contracción de tus paredes apretándolo. Cambian de posición tú encima cabalgándolo sintiendo el control el roce de su pubis contra tu clítoris. Tus pechos rebotan él los agarra pellizcando los pezones enviando chispas directas a tu núcleo.
El clímax se acerca como una ola gigante tu vientre se contrae el placer sube en espiral.
¡No mames voy a venirme!gritas y él te aprieta las caderas contra las suyas.
—Ven conmigo nena —ruge y explota dentro de ti chorros calientes que te empujan al borde. Tu orgasmo es devastador ondas de éxtasis que te sacuden el cuerpo lágrimas de placer en tus ojos. Gritas su nombre el mundo se reduce a esa unión pulsátil.
Caen exhaustos enredados sudorosos respirando agitados. Su verga aún dentro latiendo suave mientras el afterglow los envuelve como manta tibia. Marco te besa la frente suave rozando tu cabello húmedo.
—Eso fue pasión capítulo 41 mi vida —murmura riendo bajito y tú asientes besando su pecho salado.
—Y habrá más —respondes sabiendo que esta llama nunca se apaga. La noche los acuna con su sinfonía marina y en tus pensamientos resuena la promesa de capítulos infinitos de deseo eterno de pieles que se buscan siempre.