Letra De Pa Que Son Pasiones
La noche en la cantina de la colonia Juárez estaba cargada de ese olor a tequila reposado y humo de cigarros, con el eco de risas y rancheras que se pegaban al alma como el sudor en la piel. Yo, Karla, acababa de entrar con mis cuates después de un día de puro estrés en la oficina, buscando un rato de desmadre para soltar la tensión. Llevaba un vestido negro ajustado que me hacía sentir chida, con el escote justo pa' que los ojos se clavaran donde querían. Ahí lo vi, a él, recargado en la barra, con una cerveza en la mano y esa mirada de pendejo encantador que te hace mojar las bragas sin decir ni madres.
Se llamaba Diego, un morro de unos treinta, con barba de tres días, playera negra que marcaba sus bíceps y unos ojos cafés que brillaban como el mezcal bajo las luces tenues. Nuestras miradas se cruzaron mientras pedía mi chela, y órale, el carnal ya me estaba sonriendo con esa picardía mexicana que dice "ven pa'cá, mamacita". Me acerqué, neta, porque me late el tipo que no anda con mamadas, y empezamos a platicar de la vida, de corridos y de cómo la pasión es lo que nos mantiene vivos.
—Pa' que sepas, me dijo bajito al oído, su aliento caliente rozándome la oreja, las pasiones son como una letra que no se borra. Saque un papelito de su bolsillo, una servilleta arrugada, y me lo dio. Ahí estaba escrito con letra chueca pero firme: letra de pa que son pasiones. Lo leí en voz baja: "Esta letra es pa' que sepas qué son las pasiones, carnala, el fuego que quema adentro y te hace temblar". Sentí un cosquilleo en el estómago, como si esas palabras me estuvieran desnudando ya.
¿Qué chingados es esto?, pensé. Pero su voz ronca recitando la letra me tenía clavada. Olía a colonia barata mezclada con hombre sudado, y su mano rozó la mía al pasarme la servilleta. Neta, ya estaba mojada.
La plática fluyó como el tequila, hablando de amores pasados, de noches que no se olvidan. Él me contó que escribía rolas pa' desahogarse, que esa letra de pa que son pasiones la había garabateado pensando en una morra como yo, que prende el mundo con una mirada. Yo reí, pero adentro sentía el pulso acelerado, el calor subiendo por mis muslos. La cantina se llenaba de gente, el ruido de vasos chocando y botas pisando el piso de madera, pero nosotros en nuestro propio pedacito de infierno caliente.
Acto seguido, su mano se posó en mi rodilla bajo la mesa, un toque leve pero firme, como diciendo "esto apenas empieza". Le seguí la corriente, porque ¿pa' qué negar lo que el cuerpo pide a gritos? Salimos a la calle, el aire fresco de la noche mexicana nos golpeó, oliendo a tacos de la esquina y jazmines de algún jardín cercano. Caminamos hasta su troca estacionada, riéndonos de pendejadas, pero la tensión crecía con cada paso. Sus dedos entrelazados con los míos, ásperos de tanto trabajar, me mandaban chispas por la espalda.
En la troca, rumbo a su depa en Polanco —nada de barrios bajos, un lugar chido con vista a la ciudad—, no aguantamos más. Paró en un semáforo y me jaló pa' besarme. Sus labios gruesos, sabían a cerveza y a deseo puro, la lengua explorando mi boca con hambre de lobo. Gemí bajito, mi mano bajando a su entrepierna, sintiendo lo duro que ya estaba. ¡Qué chingón! pensé, apretándolo suave pa' que supiera que yo mandaba también.
Esta letra de pa que son pasiones se va a hacer realidad, wey. Quiero sentirte todo, sin prisas, pero sin pausas.
Llegamos a su depa, un lugar moderno con luces bajas y música de fondo, José Alfredo pa' ponernos románticos. Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al aire. Su boca en mi cuello, chupando suave, dejando marcas que mañana dolerían rico. Yo le arranqué la playera, oliendo su pecho sudoroso, ese aroma macho que me volvía loca. Mis uñas rasguñando su espalda, bajando hasta su pantalón. Lo desabroché, liberando su verga tiesa, gruesa, palpitando en mi mano. La apreté, masturbándolo lento mientras él me lamía los pezones, duros como piedras.
Caímos en la cama king size, sábanas frescas contra nuestra piel ardiente. Él se hincó entre mis piernas, besando mis muslos internos, el aliento caliente cerca de mi concha ya empapada. —Pa' que sientas qué son las pasiones, murmuró, antes de meter la lengua. ¡Madre mía! Lamía despacio, círculos en mi clítoris, chupando mis labios hinchados, el sabor salado de mi excitación en su boca. Gemía yo como loca, arqueando la espalda, el sonido de mis jadeos mezclándose con su slurpeo húmedo. Mis manos en su pelo, jalándolo pa' que no parara.
Pero yo no soy de las que solo reciben. Lo empujé pa' atrás, montándome encima. Su verga rozando mi entrada, resbalosa de mis jugos. Me hundí despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome delicioso. ¡Ay, wey! grité, empezando a cabalgar. Sus manos en mis caderas, guiándome, pero yo marcaba el ritmo, rebotando fuerte, mis tetas saltando con cada embestida. El slap-slap de piel contra piel, el olor a sexo invadiendo la habitación, sudor goteando entre nosotros.
Neta, esta letra de pa que son pasiones es perfecta. Su mirada clavada en mí, viéndome como diosa, me hacía ir más rápido. Sentía el orgasmo construyéndose, esa presión en el vientre.
Cambié de posición, él atrás, doggy style, agarrándome las nalgas y embistiéndome profundo. Cada empujón tocaba mi punto G, sus bolas golpeando mi clítoris. Sudor chorreando por su pecho a mi espalda, sus gruñidos roncos en mi oído: —Estás bien rica, Karla, me vas a hacer venir. Yo respondía con gemidos, empujando contra él, perdida en el placer. El clímax llegó como volcán, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer saliendo de mí, gritando su nombre.
Él se corrió segundos después, caliente dentro de mí, llenándome con su leche espesa. Nos derrumbamos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Su brazo alrededor de mi cintura, besos suaves en la nuca. El cuarto olía a nosotros, a pasión cumplida, con la ciudad brillando afuera por la ventana.
Después, recostados, fumando un cigarrito —nada de drogas, puro relax—, releímos la servilleta. Letra de pa que son pasiones, repetimos riendo. Esa noche no fue solo sexo, fue conexión, el tipo de pasión que te cambia. Me quedé a dormir, su calor envolviéndome, soñando con más letras por escribir juntos.
Al amanecer, con el sol colándose, supe que esto apenas empezaba. Pa' que sepan qué son las pasiones: fuego que no se apaga, piel que llama, almas que se enredan. Y yo, Karla, lista pa' más.