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La Pasion de Cristo Pelis Plus

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La Pasion de Cristo Pelis Plus

La lluvia azotaba las ventanas de mi depa en la Roma Norte, un sonido constante como un tambor lejano que aceleraba mi pulso. Afuera, el Distrito Federal se empapaba bajo el manto gris del cielo, pero adentro todo era fuego lento. Me recargué en el pecho de Cristo, mi hombre, sintiendo el calor de su piel a través de la playera ajustada que marcaba cada músculo de su torso. Olía a jabón fresco mezclado con ese sudor varonil del gimnasio, un aroma que siempre me ponía en calentura. Sus manos grandes, callosas de tanto trabajar en la construcción, me rodeaban la cintura, y su aliento cálido me rozaba el cuello.

Órale, mi reina, murmuró con esa voz grave que me hace temblar las rodillas, ¿qué peli chida le echamos ojo esta noche en Pelis Plus? Algo que nos prenda el mood.

Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi cuerpo curvilíneo que él tanto adoraba, volteé a verlo con ojos pícaros. Neta que este wey me trae loca, pensé mientras mi mano bajaba por su abdomen duro.

Quiero que me devore esta noche, que me haga suya como solo él sabe.
La Pasion de Cristo, le dije, lamiéndome los labios. La acabo de ver en Pelis Plus, carnal. Es intensa, llena de sufrimiento y entrega total. Me late que la veamos juntos, a ver si nos inspira algo.

Él rio bajito, un sonido ronco que vibró en mi pecho. ¿La Pasion de Cristo Pelis Plus? Simón, nena. Si te prende, a mí me prende doble. Sacó su cel, abrió la app de Pelis Plus que usábamos para todo tipo de cine prohibido y gratis, y en segundos la pantalla del tele se llenó con la intro dramática. Nos acomodamos en el sofá de piel suave, yo entre sus piernas, mi espalda contra su entrepierna que ya sentía hincharse. La luz parpadeante del proyector pintaba sombras en nuestras caras, y el sonido de la multitud en la peli retumbaba como un eco en mi vientre.

Al principio, todo era tranquilo. Las escenas de oración en el huerto, el sudor de ese Cristo en la pantalla, goteando por su piel expuesta. Yo sentía el mío propio brotar entre mis muslos, un calor húmedo que empapaba mis panties de encaje. Cristo me besaba el hombro, su lengua trazando círculos lentos, saboreando la sal de mi piel. Su aliento sabe a tequila y menta, ay wey, qué rico. Mi mano se coló bajo su bóxer, rozando la verga semidura que palpitaba como un corazón acelerado. Él gruñó suave, apretándome más contra él.

La peli avanzaba, los latigazos sonaban secos, crudos, y en vez de repulsión, una tensión prohibida nos invadió. Imagínate ese sacrificio por amor, susurró Cristo en mi oreja, su mano subiendo por mi muslo interno, rozando el borde de mi short. Yo daría todo por ti, mi vida. Sus dedos encontraron mi humedad, presionando el clítoris a través de la tela. Gemí bajito, el sonido ahogado por los gritos de la pantalla. Neta que esto es lo más caliente que hemos hecho.

Apagó el tele con un clic, la habitación se sumió en penumbras solo rota por los relámpagos afuera. No aguanto más, pendeja, dijo juguetón, volteándome de golpe para ponerme a horcajadas sobre él. Nuestros labios chocaron en un beso feroz, lenguas danzando con sabor a deseo puro, saliva mezclada y respiraciones entrecortadas. Le arranqué la playera, mis uñas clavándose en su pecho velludo, sintiendo los latidos desbocados bajo mi palma. Él me quitó el top, liberando mis tetas llenas que rebotaron libres; sus ojos se oscurecieron de lujuria al ver mis pezones duros como piedras.

Estás cañona, Ana, jadeó mientras chupaba uno, su boca caliente succionando con fuerza, dientes rozando lo justo para mandarme chispas al cerebro. Yo arqueé la espalda, oliendo el aroma almizclado de mi propia excitación mezclada con su sudor. Mis caderas se movían solas, frotándome contra su verga tiesa que asomaba del bóxer, la tela áspera contra mi concha empapada.

Quiero sentirlo dentro, ya, que me llene hasta el fondo.

Lo empujé al sofá, bajando de rodillas entre sus piernas musculosas. El piso frío contrastaba con el calor de su piel. Saqué su verga gruesa, venosa, palpitante, con una gota de precum brillando en la punta. La olí primero, ese olor macho intenso que me mareaba, luego la lamí desde la base hasta la cabeza, saboreando la sal amarga. ¡Ay, cabrón! rugió él, enredando sus dedos en mi pelo. La chupé despacio al principio, labios estirados alrededor del grosor, lengua girando en la corona sensible. Él gemía, caderas subiendo, follándome la boca con cuidado, siempre atento a mis ojos para no pasarse.

Pero yo quería más. Me levanté, quitándome el short y las panties de un jalón, exponiendo mi panocha rasurada, hinchada y reluciente. Vente, Cristo, hazme tuya como en esa peli, le rogué, montándome de nuevo. Él me guió, la cabeza de su verga abriendo mis labios vaginales, resbalando en mi jugo abundante. Entró centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente, llenándome hasta que nuestros pubes se tocaron. ¡Qué chingón se siente! Tan grueso, tan profundo. Empecé a cabalgar, tetas botando, manos en su pecho para impulsarme. El sonido de carne contra carne, chapoteo húmedo, se mezclaba con nuestros jadeos y la lluvia furiosa afuera.

Sus manos amasaban mis nalgas, dedos hundiéndose en la carne suave, guiando mis movimientos. Aceleramos, sudor goteando de su frente a mi pecho, resbaloso y caliente. Me inclinó hacia atrás, cambiando el ángulo para golpear mi punto G con cada embestida. ¡Sí, así, wey! ¡No pares! grité, uñas arañando su espalda. Él se incorporó, chupando mi cuello, mordisqueando mientras me penetraba más fuerte. El olor a sexo impregnaba el aire, espeso, animal. Sentí el orgasmo construyéndose, un nudo en el vientre que se tensaba como alambre.

Vente conmigo, mi amor, me ordenó, su voz quebrada. Y exploté. Olas de placer me sacudieron, concha contrayéndose alrededor de su verga, jugos chorreando por sus bolas. Él rugió, hinchándose dentro de mí, chorros calientes inundándome el útero. Nos quedamos pegados, temblando, respiraciones sincronizadas en el afterglow. Su semen se escurría tibio por mis muslos cuando me apartó con ternura.

Volvimos a encender la peli, La Pasion de Cristo en Pelis Plus aún a la mitad, pero ahora era solo fondo. Acurrucados desnudos, piel contra piel pegajosa de sudor y fluidos, él me acariciaba el pelo. Eres mi todo, Ana. Esta pasión nuestra es eterna, susurró. Yo sonreí, saboreando el beso suave que selló la noche.

Afuera llovía, pero en mi alma brillaba el sol. Neta que con él, cada momento es resurrección.

La pantalla mostraba el calvario final, pero para nosotros, el verdadero clímax acababa de pasar. Enredados en las cobijas, con el eco de nuestros gemidos aún en el aire, nos dormimos sabiendo que al día siguiente, buscaríamos otra peli en Pelis Plus... o tal vez no necesitaríamos nada más que nosotros.

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