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Pasión Desnuda en el Cenote Donde Grabaron Abismo de Pasion

7127 palabras

Pasión Desnuda en el Cenote Donde Grabaron Abismo de Pasion

El sol del mediodía caía a plomo sobre la selva yucateca, filtrándose entre las hojas verdes como cuchillos de luz. Bajé por la escalera de madera tallada, el aire húmedo pegándose a mi piel como una caricia pegajosa. Mi corazón latía fuerte, no solo por el calor, sino por la emoción de estar aquí, en el cenote donde grabaron Abismo de Pasion. Aquella telenovela que me había hecho suspirar noches enteras con sus dramas pasionales, y ahora yo, Daniela, de veintiocho años, con mi novio Marco a mi lado, lista para crear nuestra propia historia ardiente.

Marco me tomó de la mano, su palma áspera y cálida contra la mía. "Mira esto, Dani, parece de otro mundo", murmuró con esa voz grave que siempre me erizaba la piel. Llevábamos meses planeando este viaje a Quintana Roo, escapando del ajetreo de la Ciudad de México. Él, con su metro ochenta de puro músculo forjado en el gym, y yo, curvas generosas que él no se cansaba de explorar. Bajamos hasta el agua turquesa, cristalina, que olía a tierra mojada y cloro natural. El eco de las gotas cayendo desde la bóveda rocosa resonaba como un susurro secreto.

¿Y si hoy hacemos nuestra propia escena de pasión aquí mismo? pensé, mientras me quitaba el pareo, quedando solo en bikini negro que apenas contenía mis pechos.
Marco se desvistió rápido, su short de baño marcando el bulto que ya empezaba a crecer. Nos metimos al agua fría, que me golpeó como un amante impaciente, erizando cada poro de mi cuerpo. Nadamos despacio, rozándonos adrede, sus piernas fuertes rozando las mías bajo el agua. El cenote era nuestro, pocos turistas a esta hora, solo el chapoteo suave y nuestras risas ahogadas.

Flotamos en el centro, donde el agua era más profunda, sus brazos rodeándome la cintura. "Sabías que este es el cenote donde grabaron Abismo de Pasion, ¿verdad? Aquí mismo, Angélica y Damián se besaron por primera vez", le dije, recordando las escenas que me habían puesto caliente tantas veces. Él sonrió pícaro, ese hoyuelo en la mejilla que me deshacía. "Pues hagamos que nuestra pasión sea más abismal que la de ellos, carnalita". Sus labios capturaron los míos, un beso salado por el sudor y el agua, su lengua invadiendo mi boca con hambre contenida.

Acto primero del paraíso: el deseo despertando. Mis manos subieron por su pecho mojado, sintiendo los pectorales duros, el vello rizado que picaba delicioso contra mis palmas. Él gruñó bajito, ese sonido gutural que vibraba en mi vientre. El agua nos mecía, fresca contra mi piel ardiente, mientras sus dedos desataban el nudo de mi bikini superior. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras por el frío y la excitación. "Estás chida así, Dani, como diosa maya", susurró, bajando la cabeza para lamer uno, succionando con fuerza que me arrancó un gemido eco en la cueva.

Nos alejamos un poco hacia una repisa rocosa sombreada, donde el agua llegaba solo a la cintura. El olor a musgo y flores silvestres se mezclaba con el almizcle de nuestros cuerpos. Mi pulso tronaba en los oídos, más fuerte que el goteo constante.

Quiero que me folle aquí, donde millones soñaron con pasión como esta
, pensé, mientras le bajaba el short. Su verga saltó dura, venosa, palpitando en mi mano. La apreté suave, sintiendo el calor que contrastaba con el agua helada. Él jadeó, "Pinche Dani, me vas a matar", y me alzó contra la roca lisa, mis piernas envolviéndolo.

La tensión crecía como la marea, acto segundo: la escalada al éxtasis. Rozó su punta contra mi entrada, ya empapada no solo por el cenote. "¿Quieres que te entre ya, morra?" preguntó, ojos negros fijos en los míos, pidiendo permiso con esa mirada que me empoderaba. Asentí, besándolo feroz. "Sí, Marco, hazme tuya aquí mismo". Empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El agua chapoteaba alrededor, salpicando nuestras pieles unidas. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes, mientras él me llenaba por completo, su pubis contra mi clítoris hinchado.

Empezó a moverse, embestidas profundas y rítmicas, el agua facilitando cada roce. Sentía cada vena de su verga frotando mis paredes internas, el placer subiendo en oleadas. Mis uñas se clavaron en su espalda ancha, oliendo a protector solar y hombre sudado. Él mordisqueaba mi cuello, lamiendo el agua que corría por mi escote. "Te sientes tan chingona adentro, tan apretada", gruñía entre dientes. Yo arqueaba la espalda, tetas rebotando contra su pecho, el roce enviando chispas a mi cerebro.

El calor entre nosotros combatía el frío del cenote, vapor subiendo de nuestros cuerpos. Cambiamos: yo lo empujé contra la roca, montándolo como amazona. El agua nos llegaba a los muslos ahora, permitiendo que bajara y subiera con furia. Su verga me taladraba, golpeando ese punto que me hacía ver estrellas.

Esto es mejor que cualquier telenovela, puro fuego mexicano
. Sudor y agua se mezclaban, goteando salado en mi lengua cuando lo besé. Sus manos amasaban mi culo redondo, dedos hundiéndose en la carne suave.

La intensidad subía, respiraciones entrecortadas, gemidos que se volvían gritos ahogados. Olía a sexo crudo, a feromonas flotando en el aire húmedo. Mis paredes se contraían alrededor de él, ordeñándolo, mientras el orgasmo se acercaba como tormenta. "Me vengo, Marco, no pares", supliqué. Él aceleró, "Yo también, guapa, juntos". El clímax nos golpeó como avalancha: yo convulsionando, chorros de placer escapando, él hinchándose dentro, llenándome con su leche caliente que se mezclaba con el agua.

Acto tercero: el afterglow sereno. Nos quedamos unidos, flotando en el cenote donde grabaron Abismo de Pasion, pero nuestra historia era real, tangible. Jadeando, besos suaves ahora, lenguas perezosas. El sol se filtraba en rayos dorados, calentando nuestras pieles exhaustas. Bajé las piernas despacio, su verga saliendo con un pop jugoso. Semen y mis jugos flotaban en hilos blancos en el agua turquesa.

"Eres lo máximo, Dani. Esto supera cualquier drama de telly", dijo riendo bajito, abrazándome fuerte. Yo apoyé la cabeza en su hombro, inhalando su olor post-sexo, a sal y victoria.

Nunca olvidaré este cenote, no por la novela, sino por nosotros
. Nos vestimos lentos, besándonos entre risas, el cuerpo pesado de placer satisfecho. Subimos la escalera, el mundo exterior pareciendo menos gris.

De regreso al auto, con el viento secando nuestro cabello, supe que este viaje acababa de empezar. La pasión no era abismo, era cenote infinito, profundo y cristalino como el agua que nos había visto unirnos. Marco me miró de reojo, mano en mi muslo. "¿Listos para la siguiente locación, wey?". Sonreí, lista para más.

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