El Fuego de la Pasión La Rosa de Guadalupe
Me acomodé en el sillón gastado de la sala con una taza de atole de chocolate humeante en las manos el aroma dulce envolviéndome como un abrazo tibio. Era noche de La Rosa de Guadalupe mi guilty pleasure los martes. Ese capítulo titulado El fuego de la pasión La Rosa de Guadalupe me tenía clavada. La protagonista una morra como yo de veintiocho años devota pero con un volcán adentro luchaba contra sus antojos. "Diosito dame fuerza" decía ella mientras el galán la miraba con ojos que prometían pecado. Sentí un cosquilleo en el vientre el calor subiendo por mis muslos.
¿Y yo qué? ¿Cuándo voy a dejar que mi fuego salga?Apagué la tele cuando terminaron los créditos y me miré en el espejo del pasillo. Mi blusa blanca ajustada mis jeans que marcaban curvas mi pelo negro suelto cayendo en ondas. "Hoy no sales güey" me dije pero el corazón latía fuerte.
La fiesta patronal del barrio en la plaza principal era un desmadre chido. Olores a elotes asados carnitas fritas y claveles rojos flotando en el aire. Mariachis tocando El Rey con trompetas que retumbaban en el pecho. Me colé entre la gente bailando un poquito con mis amigas del trabajo. "¡Órale Rosa qué rica estás!" gritó Lupita mi carnala pasando un brazo por mis hombros. Reí pero mis ojos buscaban algo más. Entonces lo vi. Alto moreno con camisa negra desabotonada un poco caminando con esa sonrisa pícara que te hace mojar de golpe. Se llamaba Diego lo supe porque alguien lo llamó. Nuestras miradas chocaron y sentí chispas reales como en el programa.
"¿Bailas?" me dijo acercándose su voz grave oliendo a colonia fresca y un toque de sudor masculino que me erizó la piel. Asentí sin palabras la mano grande envolviendo mi cintura. Sus dedos tocaron mi cadera suave pero firme el ritmo de la cumbia pegándonos. Sentí su pecho duro contra mis tetas el calor de su aliento en mi oreja. "¿Viste La Rosa hoy?" murmuró. "El fuego de la pasión... qué chido". Me reí nerviosa
Este pendejo sabe justo lo que pienso. Bailamos horas sus manos bajando un poquito más cada canción hasta que mi nalga rozó su verga dura. "Vamos a caminar" propuso y yo dije que sí con la voz ronca de deseo.
Caminamos por las calles empedradas del centro el viento fresco trayendo olor a jazmín de los patios ajenos. Hablamos de todo de la vida en Guadalajara de sueños locos. "Yo quiero sentir todo sin culpas" confesó él deteniéndose bajo un farol. Sus ojos cafés me devoraban. Me acerqué yo esta vez mis labios rozando los suyos suaves calientes con sabor a chela ligera y menta. El beso empezó tierno lenguas tímidas explorando luego se volvió fuego bocas chocando manos enredadas en pelo. Gemí bajito cuando su lengua lamió mi cuello el sabor salado de mi piel volviéndome loca. "¿Quieres venir a mi casa?" susurré empoderada sintiendo mi concha palpitando húmeda. "Sí carnala sí" respondió con urgencia.
En su depa pequeño pero chulo con posters de fútbol y velas aromáticas supe que esto era mío. Cerró la puerta y me acorraló contra la pared besándome como si el mundo se acabara. Sus manos subieron por mi blusa quitándosela despacio exponiendo mis tetas en encaje negro. "Qué chingonas" gruñó chupando un pezón la lengua girando húmeda enviando rayos de placer directo a mi clítoris.
Esto es mejor que cualquier capítulo de La Rosa. Le quité la camisa tocando su pecho velludo duro los músculos tensos bajo mis uñas. Bajé la mano a su pantalón sintiendo su pija gruesa latiendo "Estás bien puesto güey" le dije juguetona.
Nos movimos a la cama desatando el resto. Él de rodillas lamió mi panza bajando lento besando mis muslos internos el olor de mi arousal llenando el cuarto almizclado dulce. "Abre las piernas preciosa" pidió y obedecí exponiéndome su lengua en mi concha lamiendo despacio primero los labios mayores chupando jugos calientes. Gemí fuerte arqueando la espalda el sonido de su succión húmeda mezclándose con mis jadeos. "¡Más Diego más!" suplicaba mis manos en su pelo negro tirando. Metió un dedo grueso curvándolo rozando mi punto G el placer acumulándose como tormenta. Saboreé su boca después besándolo compartiendo mi esencia salada dulce.
Lo empujé a la cama montándolo yo arriba empoderada. Su verga erecta venosa palpitante yo la tomé guiándola a mi entrada mojada. Bajé despacio sintiéndola estirarme llenarme centímetro a centímetro el ardor delicioso de la fricción. "¡Ay cabrón qué rica!" grité empezando a mover caderas en círculos frotando mi clítoris contra su pubis. Él gemía agarrando mis nalgas amasándolas fuerte el slap slap de piel contra piel resonando. Sudor perlando nuestros cuerpos salado en mi lengua cuando lo besé. Aceleré cabalgándolo fuerte pechos rebotando sus manos pellizcando pezones enviando descargas.
Este es mi fuego mi rosa abriéndose.
Cambié de posición él encima ahora misionero profundo sus embestidas potentes golpeando mi cervix placer punzante. "Te sientes de la verga Rosa tan apretada tan caliente" jadeaba besando mi cuello mordisqueando suave. Enrosqué piernas en su cintura clavando talones pidiendo más. El olor a sexo intenso sudor almizcle envolviéndonos sonidos de gemidos ahogados piel resbalosa. Sentí el orgasmo venir tensión en vientre olas creciendo. "¡Me vengo Diego!" grité convulsionando mi concha ordeñando su pija chorros de placer mojando sábanas. Él rugió segundos después "¡Yo también!" llenándome con chorros calientes espeso su cuerpo temblando sobre el mío.
Quedamos jadeando abrazados el corazón latiendo al unísono su peso reconfortante. Besos suaves post-sexo lentos saboreando el afterglow. "Fue chingón" murmuró acariciando mi pelo. Sonreí besando su pecho "El fuego de la pasión La Rosa de Guadalupe en vivo y a todo color". Reímos bajito. Me quedé pensando en la cama su brazo alrededor mientras la luna entraba por la ventana. Ya no era la Rosa devota reprimida. Había soltado mi fuego mi rosa había florecido empapada de pasión. Mañana vería el programa diferente sabiendo que mi propia historia era mejor más real más mía.