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Pasion Novela Capitulos Completos

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Pasion Novela Capitulos Completos

Estaba sola en mi depa de Condesa, con el sol del atardecer colándose por las cortinas de lino, pintando todo de un naranja cálido que me hacía sentir como en una película romántica. El aroma del café recién hecho flotaba en el aire, mezclado con el perfume de las gardenias que compré en el mercado esa mañana. Agarré mi teléfono, aburrida después de un día eterno en la oficina, y busqué algo que me prendiera el ánimo. Pasion novela capitulos completos, tecleé en el buscador. Neta, qué chido hallazgo. Eran historias ardientes, de esas que te dejan la piel erizada y el cuerpo pidiendo más.

Me recosté en el sofá de terciopelo gris, con las piernas cruzadas, sintiendo el roce suave de mis shorts de algodón contra los muslos. El primer capítulo me enganchó de volada: una chava como yo, descubriendo el fuego con un tipo que la volvía loca. Leí en voz baja, mi respiración acelerándose con cada línea.

¿Y si alguien así entrara por esa puerta ahora mismo? ¿Me tocaría despacio, como en la novela?
Sentí un calor subiendo por mi vientre, mi piel picándose de anticipación. Me mordí el labio, el sabor salado de mi propia excitación en la boca.

De repente, un mensaje entró zumbando. Era Raúl, mi ex que nunca dejó de ser mi carnal con derechos. "Wey, ¿estás en tu depa? Paso por unas cheves y platicamos, ¿va?" Mi pulso se disparó. Habían pasado semanas desde la última vez, cuando nos revolcamos como animales en su cama de Cuauhtémoc. Le respondí rápido: "Órale, ven. Trae mezcal, que ando de humor." Cerré la novela a medias, pero las palabras seguían quemándome por dentro.

Quince minutos después, tocó la puerta. Lo abrí y ahí estaba, con su sonrisa pícara, jeans ajustados marcando todo y una playera negra que olía a su colonia de sándalo, esa que me volvía loca. "¡Qué onda, Ana! Neta te extrañé, pinche rica." Me abrazó fuerte, su pecho duro contra mis chichis, y sentí su calor filtrándose por mi blusa ligera. El mezcal ya destapado en su mano prometía noche de desmadre bueno.

Nos sentamos en la terraza, con la ciudad rugiendo abajo: cláxones lejanos, risas de vecinos y el viento trayendo olor a tacos de la esquina. Bebimos de la botella, el líquido ahumado bajando ardiente por mi garganta, soltándome la lengua. "Mira, wey, andaba leyendo una pasion novela capitulos completos. Me dejó bien mojada, ¿sabes?" Le guiñé el ojo, viendo cómo sus ojos se oscurecían de deseo. Él se acercó, su rodilla rozando la mía, enviando chispas por mi pierna.

"¿Ah sí? Cuéntame, ¿qué tan caliente era?" Su voz grave, como un ronroneo, me erizó los vellos de la nuca. Le describí la escena, mi mano accidentalmente en su muslo, sintiendo el músculo tenso debajo. El aire se cargó de electricidad, nuestros alientos mezclándose con el humo del mezcal.

Lo quiero ya, pero hay que jugar un rato, que el deseo crezca como en esas novelas.
Nos reímos, pero la tensión era palpable, como el zumbido de un enjambre en el estómago.

Entramos al depa, la puerta cerrándose con un clic que sonó a promesa. Él me acorraló contra la pared del pasillo, sus manos grandes en mi cintura, jalándome hacia él. "Eres un peligro, Ana. Me pones como loco." Sus labios rozaron mi cuello, el aliento caliente haciendo que se me arqueara la espalda. Olía a hombre, a sudor limpio y deseo puro. Lo besé con hambre, mi lengua danzando con la suya, saboreando el mezcal dulce y salado de su boca. Sus dedos se colaron bajo mi blusa, acariciando mi piel suave, subiendo hasta mis chichis. Gemí bajito, el sonido vibrando entre nosotros.

Me quitó la blusa despacio, como desenvolviendo un regalo, sus ojos devorándome. "Qué chulas estás, neta." Mis pezones se endurecieron al aire fresco, y él los tomó con la boca, chupando suave al principio, luego con más fuerza. Sentí su verga dura presionando contra mi cadera, gruesa y lista.

Dios, qué ganas de sentirla adentro, llenándome toda.
Le bajé los jeans, liberándola: venosa, palpitante, con ese olor almizclado que me volvía loca. La tomé en la mano, acariciándola lento, oyendo su gruñido ronco.

Lo empujé al sofá, montándome a horcajadas. Mis shorts volaron por el aire, y él rasgó mi tanga con un dedo juguetón. "Estás chorreando, mi amor." Sus dedos exploraron mi panocha, resbalosos de mis jugos, frotando el clítoris en círculos que me hicieron jadear. El sonido húmedo de sus caricias llenaba la habitación, mezclado con mi respiración agitada. Me incliné para besarlo, mis caderas moviéndose solas contra su mano, el roce de su piel callosa enviando olas de placer por mi espina.

"Te quiero dentro, Raúl. Ya." Él sonrió, ese pendejo travieso, y me penetró de un empujón suave pero firme. ¡Ay, cabrón! Llenó cada centímetro, estirándome delicioso. Me moví arriba, cabalgándolo como en un sueño, mis uñas clavándose en su pecho. El sofá crujía con cada embestida, sudor perlando nuestras pieles, goteando entre mis chichis. Él me agarraba las nalgas, guiándome más profundo, sus caderas chocando contra las mías con palmadas sonoras. "¡Más duro, wey! ¡No pares!" Grité, el placer acumulándose como tormenta.

Cambié de posición, él encima ahora, mis piernas abiertas como alas. Me folló lento al inicio, mirándome a los ojos, sus manos entrelazadas con las mías. "Eres mía esta noche, Ana. Toda mía." El ritmo aceleró, sus bolas golpeando mi culo, el olor a sexo invadiendo todo: almizcle, sudor, jugos mezclados. Sentí el orgasmo construyéndose, un nudo apretado en mi vientre.

Ven conmigo, amor, hazme explotar.
Él gruñó, embistiendo salvaje, y yo me vine primero: un estallido cegador, mi panocha contrayéndose alrededor de su verga, jugos chorreando por mis muslos. Él siguió, tenso, hasta que se derramó dentro, caliente y espeso, su cuerpo temblando sobre el mío.

Nos quedamos así, jadeantes, pegados por el sudor que se enfriaba lento. Su peso reconfortante, el latido de su corazón contra mi pecho. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Neta, eso fue como una pasion novela capitulos completos, pero en vivo." Reí bajito, acariciando su espalda. El mezcal olvidado en la mesa, la ciudad susurrando afuera.

Después, nos duchamos juntos, el agua caliente lavando el desmadre, sus manos jabonosas en mi piel sensible. Salimos envueltos en toallas, y nos acostamos en mi cama king size, con sábanas de algodón egipcio oliendo a lavanda. Él me abrazó por atrás, su verga semi-dura contra mis nalgas, pero ya no urgencia, solo paz.

Esto es lo que necesitaba: pasión real, no solo palabras en una pantalla.
Hablamos de tonterías, de planes para ir a la playa en Puerto Vallarta, de cómo extrañábamos estos momentos.

La noche avanzó, la luna colándose por la ventana, iluminando su rostro dormido. Me quedé despierta un rato, sintiendo su respiración rítmica en mi cuello, el calor de su cuerpo envolviéndome. Mañana sería otro día de prisas, pero esta noche, en los brazos de Raúl, todo era perfecto. Como el final de una buena novela, con promesa de más capítulos por venir.

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