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Diarios de una Pasion Pelicula Completa en Carne Viva

6791 palabras

Diarios de una Pasion Pelicula Completa en Carne Viva

Estaba rebuscando en el clóset de Javier, ese departamento chido en la Condesa, cuando di con una caja vieja cubierta de polvo. Mi corazón dio un brinco al ver el título garabateado en la tapa con plumón negro: Diarios de una pasion pelicula completa. Sonreí pícara, porque neta que él siempre había sido un romántico empedernido, pero con un lado salvaje que solo yo conocía. Abrí la caja y saqué el primer cuaderno, el papel ya amarillento oliendo a vainilla y a algo más, como a sudor seco de noches locas.

Hoy vi a María por primera vez en el café de la esquina. Esa chava con ojos cafés que te chupan el alma, labios carnosos que piden beso. Llevaba un vestido rojo que se le pegaba al cuerpo como segunda piel. Neta, mi verga se paró al instante. Quiero hacerla mía, grabar cada gemido en mi memoria como si fuera una película.

Leí eso y sentí un calor subiéndome por el pecho, bajando hasta el ombligo. Javier y yo nos conocimos hace dos años en ese mismo café, él con su sonrisa de pendejo encantador, yo fingiendo leer un libro mientras lo espiaba. Recordé el olor a café recién molido, el vapor caliente rozando mi piel, y cómo su mirada me hacía mojarme sin tocarme. Cerré los ojos y toqué el papel, imaginando sus dedos fuertes escribiendo esas palabras. ¿Y si lo llamo? pensé, pero el orgullo me frenó. Seguí leyendo, el pulso acelerándose con cada línea.

El segundo cuaderno era más intenso. Hablaba de nuestra primera cita en el Bosque de Chapultepec, caminando bajo los árboles que susurraban con el viento. Él describía cómo mi risa sonaba como música, cómo el roce accidental de mi mano en la suya le erizaba la piel.

La besé esa noche en su puerta. Sus labios sabían a tequila y a menta, su lengua juguetona enredándose con la mía. La apreté contra la pared, sintiendo sus tetas firmes contra mi pecho, su concha caliente presionando mi pierna. Quería follarla ahí mismo, pero esperé. Esta pasión es una pelicula completa, escena por escena.

Me recargué en la cama, el colchón hundiéndose bajo mi peso, y metí la mano bajo la falda. El aire olía a su colonia vieja, esa mezcla de sándalo y limón que siempre me ponía cachonda. Mis dedos rozaron mi panocha ya húmeda, resbalosa como miel. Pinche Javier, wey, ¿por qué me dejaste? Nos separamos por tonterías, celos estúpidos, pero estas palabras avivaban el fuego. Saqué el teléfono y marqué su número sin pensarlo dos veces. "Órale, carnala, ¿qué onda? ¿Estás en la ciudad?", su voz grave me erizó la nuca al instante.

Llegó en menos de una hora, con esa camiseta ajustada que marcaba sus pectorales y jeans que dejaban ver el bulto generoso. Lo recibí en la puerta, el corazón latiéndome como tambor en quinceañera. "Encontré tus diarios de una pasion pelicula completa", le dije juguetona, agitando el cuaderno. Él se rio, ese sonido ronco que vibra en el estómago. "Entonces ya sabes el final, ¿no?". Me jaló hacia él, su boca capturando la mía en un beso hambriento. Sabía a chicle de fresa y a deseo puro, su barba raspándome la piel suave del cuello.

Nos fuimos tropezando al sillón, sus manos expertas desabotonando mi blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco de la noche. "Estás más rica que nunca, mi amor", murmuró, lamiendo mi pezón derecho hasta ponérmelo duro como piedra. Gemí bajito, el sonido escapando como suspiro traicionero. Olía a su sudor fresco, a hombre listo para devorar. Le quité la playera, mis uñas arañando su espalda tatuada con un águila mexicana, sintiendo los músculos tensarse bajo mi tacto. Bajé la mano a su entrepierna, apretando esa verga gruesa que palpitaba por mí.

Pero no era solo carnalidad. Mientras nos besábamos, le susurré: "Diarios de una pasion pelicula completa, ¿eh? Cuéntame más". Él sonrió contra mi piel, mordisqueándome el lóbulo de la oreja. "Cada página es una escena de nosotros, de cómo me vuelves loco". Me cargó como princesa al cuarto, tirándome en la cama con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda. Se quitó los jeans, su pinga saltando libre, venosa y lista, apuntándome como arma cargada. Yo me desvestí despacio, dejándolo ver mi culazo redondo, mis piernas largas abiertas en invitación.

Se arrodilló entre mis muslos, su aliento caliente rozando mi clítoris hinchado. "Neta, hueles a paraíso, María". Lamida lenta, su lengua plana lamiéndome de abajo arriba, saboreando mis jugos salados y dulces. Grité su nombre, las caderas elevándose solas, el placer como corriente eléctrica subiendo por mi espina. Él metió dos dedos gruesos, curvándolos justo ahí, en el punto G que solo él conocía. El sonido era obsceno, chapoteo húmedo mezclándose con mis jadeos y su respiración agitada. "Más, pendejo, no pares", le rogué, tirando de su pelo negro revuelto.

Pero quería más, lo necesitaba dentro. Lo jalé arriba, guiando su verga a mi entrada resbaladiza. Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. "¡Ay, cabrón, qué rico!", exclamé, mis paredes apretándolo como guante. Empezó a moverse, lento al principio, cada embestida profunda rozando mi cervix, enviando chispas de éxtasis. El sudor nos unía, piel contra piel resbalosa, el olor a sexo impregnando el aire. Sus bolas golpeaban mi culo rítmicamente, plaf plaf plaf, sinfonía erótica.

Acceleró, sus gruñidos animales en mi oído: "Eres mía, mi película completa". Yo clavaba las uñas en su espalda, arqueándome para recibirlo más hondo. El clímax se acercaba como tormenta, mi vientre contrayéndose, el placer acumulándose en espiral. "Me vengo, Javier, ¡órale!", chillé, explotando en oleadas que me dejaban temblando, chorros calientes mojando las sábanas. Él siguió bombeando, prolongando mi orgasmo hasta que rugió, llenándome con su leche espesa, pulsos calientes que sentía adentro.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones calmándose como olas en playa de Puerto Vallarta. Su peso sobre mí era reconfortante, su corazón galopando contra mi pecho. Besó mi frente, suave como pluma. "Esa fue la escena final de nuestros diarios de una pasion pelicula completa", murmuró. Reí bajito, acariciando su mejilla barbuda. "No, mi amor, esto apenas empieza. Hay secuela".

Despertamos al amanecer, luz dorada filtrándose por las cortinas, oliendo a café que él preparaba en la cocina. Nos sentamos en la mesa, desnudos aún, compartiendo miradas cargadas de promesas. Hojeamos los cuadernos juntos, riéndonos de sus anotaciones cursis, planeando nuevas aventuras. Ya no había tensiones, solo paz horny y amor profundo. Javier era mi todo, mi película eterna en carne viva.

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