Pasión Italiana Wattpad
Leí Pasión Italiana en Wattpad una noche de esas que el calor de la Ciudad de México te hace sudar hasta los pensamientos. Era una historia ardiente, de una morra mexicana que se topaba con un italiano galán, todo pasión y manos expertas. Neta, me dejó con el corazón latiendo a mil y un cosquilleo entre las piernas que no se iba ni con un baño frío. Me llamo Ana, tengo veintiocho pirulos, trabajo en una agencia de diseño chida en Polanco, y vivo en un depa con vista al skyline que me hace sentir viva. Esa noche, mientras scrolleaba el celu en mi balcón, con el olor a tacos de canasta subiendo desde la calle y el ruido de los cláxones lejanos, decidí que ya estaba harta de leer. Quería lo real.
Al día siguiente, en un cafecito hipster de la Roma, con aroma a espresso fuerte y croissants recién horneados, lo vi. Alto, moreno, con ojos verdes que brillaban como el mar de Positano, y una sonrisa que prometía pecados. Se llamaba Marco, italiano de Milán, aquí de viaje por negocios.
"Ciao bella, ¿puedo sentarme? Este lugar está a reventar."Su voz era ronca, con ese acento que me erizaba la piel, como si cada palabra fuera un roce. Simón, le dije, y de ahí platicamos horas. Hablamos de comida —él alucinado con los chilaquiles, yo babeando por su pasta casera—, de la vida loca en México versus la elegancia milanesa. Sentí su mirada recorriéndome, deteniéndose en mis labios, en el escote de mi blusa floja. El aire se cargaba de algo eléctrico, y mi cuerpo respondía con un calor que subía desde el estómago.
Quedamos en vernos esa misma noche. Él propuso un rooftop bar en Condesa, con luces tenues y música lounge que vibraba en el pecho. Llegué con un vestido negro ceñido que me hacía curvas de infarto, tacones altos y el perfume dulce de vainilla que siempre uso para sentirme pinche poderosa. Marco ya estaba ahí, con camisa blanca arremangada mostrando antebrazos fuertes, olor a colonia cítrica que me mareaba. Bailamos pegaditos, su mano en mi cintura firme pero suave, su aliento cálido en mi cuello. Órale, este wey sabe lo que hace, pensé, mientras su muslo rozaba el mío y un jadeo se me escapaba disimulado.
La tensión crecía como tormenta. En el taxi de regreso, sus dedos jugaban con el borde de mi vestido, subiendo lento por mi muslo. Mi piel ardía bajo su toque, erizada de chicken skin. Lo besé primero, neta, no aguanté. Sus labios eran suaves, con sabor a vino tinto y deseo puro. Lenguas enredadas, manos explorando.
"Ana, mi amor, eres fuego puro."Llegamos a mi depa, la puerta se cerró con un clic que sonó a liberación. Lo jalé al sofá, quitándole la camisa con urgencia. Su pecho ancho, velludo justo, músculos tensos bajo mis uñas. Olía a hombre, a sudor limpio y esa colonia que ya era adictiva.
Me levantó en brazos como si nada, riendo bajito. Este italiano es de película. En la recámara, con la luna colándose por las cortinas, me tendió en la cama king size. Sus besos bajaban por mi cuello, mordisqueando suave, enviando chispas directo al clítoris. Le quité el pantalón, liberando su verga dura, gruesa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo el calor, las venas marcadas, el pulso acelerado. Él gimió,
"Dio mio, Ana..."y me abrió las piernas con delicadeza. Su lengua en mi piel, lamiendo pezones que se endurecían como piedras, bajando al ombligo, al monte de Venus.
El cuarto olía a sexo inminente, a mi humedad mezclada con su aroma masculino. Me comió el coño con maestría italiana, lengua experta girando en mi clítoris, chupando lento, luego rápido. Gemí fuerte, arqueando la espalda, las sábanas revueltas bajo mis puños. Neta, nunca me habían lamido así. Mis jugos lo empapaban, él los saboreaba con gruñidos hambrientos. Introdujo dos dedos, curvándolos justo ahí, masajeando mi punto G hasta que vi estrellas. Me vengo, cabrón, me vengo. El orgasmo me sacudió como terremoto, piernas temblando, grito ahogado en la almohada.
Pero no paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, nalguitas redondas que cacheteó juguetón.
"Qué rico culo, preciosa."Me puse de rodillas, él detrás, verga rozando mi entrada húmeda. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Sentí cada vena, el grosor estirándome delicioso. Embestidas lentas al principio, su pelvis chocando mis nalgas con palmadas suaves, sudor goteando. Aceleró, mis tetas rebotando, su mano en mi clítoris frotando en círculos. El sonido de piel contra piel, nuestros jadeos mezclados, el olor almizclado del deseo puro. Es como la historia de Wattpad, pero mejor, mil veces mejor.
Cambié de posición, montándolo como amazona. Sus manos en mis caderas guiándome, yo rebotando fuerte, sintiendo su verga golpear profundo. Mirada clavada en la suya, esos ojos verdes nublados de placer.
"Cógeme más duro, Marco, no pares."Él se incorporó, mamando mis tetas mientras yo cabalgaba salvaje. El clímax nos alcanzó juntos, mi coño contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo, su leche caliente llenándome en chorros potentes. Gritamos al unísono, cuerpos temblando, colapsando en un enredo sudoroso.
Después, en la afterglow, yacimos pegados, su corazón martillando contra mi pecho. El aire fresco de la noche entraba por la ventana, mezclándose con nuestro olor a sexo satisfecho. Me acariciaba el pelo, besando mi frente. Pasión Italiana de Wattpad hecha realidad, pensé, sonriendo en la oscuridad. Hablamos bajito de volver a vernos, de viajes a Italia, de más noches así. No era solo cogida; era conexión, chispas que prometían fuego eterno. Al amanecer, con su brazo alrededor, supe que esa historia apenas empezaba.