Días de Pasión Película Prohibida
La pantalla del tele parpadeaba con las luces tenues de la sala, pero el verdadero fuego ardía en el aire cargado de mi departamento en la Roma Norte. Yo, Ana, acababa de invitar a Luis, ese moreno alto y musculoso que conocí en el antro la noche anterior, a pasar la tarde conmigo. Neta, wey, pensé mientras servía unos tequilas con limón y sal, su mirada me quemaba la piel como si ya me estuviera desnudando. Llevaba una blusa escotada que dejaba ver el encaje negro de mi brasier y una falda corta que rozaba mis muslos cada vez que me movía.
"¿Qué peli vamos a ver, reina?", preguntó él con esa voz ronca que me erizaba los vellos de la nuca, sentándose en el sofá de piel suave, sus piernas abiertas invitándome sin palabras.
"Una que te va a poner como diablo, carnal. Días de Pasión Película, la versión sin censura que bajé de la red. Es pura pasión mexicana, con besos que queman y cuerpos sudados enredados." Le guiñé el ojo, sintiendo ya el cosquilleo entre las piernas al imaginarlo.
Apagué las luces, solo quedó el brillo azulado del proyector. Me acurruqué a su lado, mi cabeza en su hombro ancho que olía a colonia fresca mezclada con sudor masculino. El olor me invadió, dulce y salado, como el mar en Puerto Vallarta. La película empezó: una pareja en las playas de la Riviera Maya, sus cuerpos aceitados brillando bajo el sol, besándose con hambre, las olas rompiendo de fondo como un latido acelerado.
Al principio, solo mirábamos. Su mano descansaba en mi rodilla, tibia, pesada. Sentí su pulgar trazando círculos lentos, subiendo poquito a poco por mi muslo interno.
¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón? Esto es solo una peli, pero con él aquí, se siente como si estuviéramos adentro.Mi respiración se aceleró cuando en pantalla la chava gemía bajito, arqueando la espalda mientras el vato le besaba el cuello.
"¿Te prende, Ana?", murmuró Luis en mi oreja, su aliento caliente rozándome la piel, enviando chispas directo a mi centro.
"Mucho, pendejo. Mira cómo se tocan... neta, me dan ganas." Mi voz salió ronca, traicionándome. Su mano subió más, rozando el borde de mis panties de encaje, ya húmedos por la anticipación. El aroma de mi excitación empezó a flotar, almizclado y dulce, mezclándose con el tequila en el aire.
La tensión creció como una tormenta. En la peli, se quitaban la ropa despacio, revelando piel morena, pezones duros como piedras, vergas palpitantes. Luis me volteó la cara y me besó. Sus labios eran firmes, su lengua juguetona, saboreando a tequila y deseo puro. Gemí en su boca, mis manos explorando su pecho duro bajo la camisa, sintiendo los músculos tensarse bajo mis uñas.
Acto seguido, pausamos la película. No aguantábamos más. Me levantó en brazos como si no pesara nada, mis piernas envolviéndolo por la cintura. "Vamos a hacer nuestra propia días de pasión película, mi amor", gruñó él, llevándome a la recámara. El colchón king size nos recibió mullido, sábanas de algodón egipcio frías contra mi piel ardiente.
Me tendió boca arriba, sus ojos oscuros devorándome. Se quitó la camisa despacio, mostrando abdominales marcados que lamí con la mirada. "Quítate todo, Luis. Quiero verte entero." Obedeció, bajándose los jeans y bóxers en un movimiento fluido. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, apuntando al techo, la cabeza brillante de precúm. El olor a macho excitado me golpeó, terroso y adictivo.
Me incorporé para chupársela, mis labios envolviéndola despacio, saboreando la sal de su piel, la textura sedosa sobre la dureza de acero. Él jadeó, enredando sus dedos en mi pelo largo. "Qué chida boca tienes, reina. Así, más hondo." Lamí la base, succionando las bolas pesadas, sintiendo su pulso acelerado contra mi lengua. Mis jugos corrían por mis muslos, el clítoris hinchado rogando atención.
Pero él no me dejó acabar. Me volteó, arrancándome la falda y panties de un jalón. "Ahora tú, mi diosa." Su boca descendió a mi panocha depilada, lengua plana lamiendo desde el ano hasta el botón, saboreando mis mieles. El placer era eléctrico, ondas de calor subiendo por mi espina, mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda que raspaba delicioso. Gritaba su nombre, oliendo mi propio aroma almizclado elevándose.
Entró en mí de un empujón suave, llenándome por completo. "¡Ay, cabrón, qué rica verga!" Sus embestidas empezaron lentas, profundas, el sonido de piel contra piel como aplausos húmedos, sudor goteando de su frente a mis tetas. Aceleró, mis uñas clavándose en su espalda, dejando marcas rojas.
Esto es mejor que cualquier película, días de pasión reales, su cuerpo mío, el mío suyo.
El primer orgasmo me sacudió como un rayo, paredes contrayéndose alrededor de su pija, jugos salpicando. Él no paró, volteándome a cuatro patas, cogiéndome más fuerte, una mano en mi clítoris frotando círculos, la otra jalándome el pelo. El espejo del clóset reflejaba todo: mi cara de puta en éxtasis, sus bolas golpeando mi culo redondo, brillando de sudor.
Pasamos la noche así, pero no fue solo una vez. Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, despertamos enredados, piel pegajosa. "Día dos de nuestra días de pasión película", susurró él, besándome los pezones endurecidos por el fresco matutino. Desayunamos tacos de barbacoa que pedimos por app, riendo, pero pronto volvimos a la cama.
Esta vez, más juguetón. Me untó miel de agave en las tetas, lamiéndola despacio, mordisqueando hasta que dolía rico. Yo lo até flojito con mi bufanda de seda, montándolo como amazona, cabalgando su verga dura, mis caderas girando, sintiendo cada vena frotar mis paredes internas. El sabor dulce en su piel, el gemido gutural cuando se corrió dentro, caliente y espeso, llenándome hasta rebosar.
La tarde la pasamos en la tina de hidromasaje, burbujas perfumadas a lavanda envolviéndonos. Sus dedos me penetraron por atrás mientras me comía el chochito, agua salpicando, vapor empañando los azulejos. El agua tibia lamía mi piel como lenguas invisibles, intensificando cada roce. Orgasmos múltiples, uno tras otro, hasta que temblábamos exhaustos.
Al tercer día, la pasión no menguó. Caminamos por el parque España, tomados de la mano como novios, pero bajo la falda no traía nada, su mano colándose cada rato para rozarme. Regresamos corriendo, follamos contra la puerta de entrada, luego en la cocina sobre la isla de granito frío. "Eres mi adicción, Luis. Estos días de pasión película no quiero que acaben."
Él me cargó al balcón privado, noche estrellada sobre la ciudad, luces de autos como ríos lejanos. Me penetró de pie, mis piernas alrededor de su cintura, vientos frescos secando el sudor de nuestros cuerpos unidos. El riesgo de ser vistos por vecinos nos encendía más, sus embestidas brutales, mi grito ahogado en su hombro cuando exploté de nuevo.
Al final, tendidos en la cama revuelta, pieles enrojecidas, músculos adoloridos dulcemente, nos miramos. Su dedo trazó mi espina, enviando postreríos escalofríos. "Esto fue épico, Ana. Mejor que cualquier peli."
Sonreí, besándolo suave.
Neta, estos días de pasión película prohibida cambiaron todo. No era ficción, era nuestro porno personal, grabado en la memoria, listo para repetir.El sol se ponía, prometiendo más noches así, el aroma de sexo persistiendo en las sábanas como un juramento.