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Pasión Águila Noticias Calientes

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Pasión Águila Noticias Calientes

El reflector del estudio de televisión me bañaba con su luz blanca e implacable, haciendo que mi blusa de seda se pegara un poco a mi piel sudada por el calor de las cámaras. Yo era Pasión Águila, la estrella de Pasión Águila Noticias, el noticiero nocturno que todos en la Ciudad de México esperaban con ansias, no solo por las primicias, sino porque decían que yo ponía la chispa. Esa noche, el rating había subido como cohete, gracias a mi voz ronca relatando el escándalo del día, pero en mi cabeza solo daba vueltas una idea: Marco, el camarógrafo que me enfocaba con esa mirada de lobo hambriento.

Terminé el cierre con mi sonrisa trademark, cruzando las piernas bajo la mesa para que el roce de mis medias con el borde del escritorio me recordara lo viva que estaba. "Esto es Pasión Águila Noticias, buenas noches", dije, y el director cortó. El estudio quedó en penumbras, solo quedamos Marco y yo recogiendo cables. Él era alto, moreno, con brazos fuertes de tanto cargar equipo, y un tatuaje de águila en el antebrazo que me había contado era de su rancho en Guadalajara. "Órale, Pasión, hoy la armaste chingona", me dijo con esa sonrisa pícara, acercándose más de lo necesario para enrollar un cable.

Neta, ¿por qué mi corazón late como tambor de banda? Su olor a hombre sudado mezclado con colonia barata me está volviendo loca. Llevamos meses coqueteando en los comerciales, pero hoy no aguanto más.

Me acerqué fingiendo ayudar, y mi mano rozó la suya. Electricidad pura, como si el set eléctrico del estudio nos hubiera dado un chispazo. "Wey, ¿y si nos tomamos unas cheves aquí mismo?", propuse, señalando la hielera que siempre dejábamos para después del aire. Él rio bajito, ese sonido grave que me erizaba la piel de los brazos. Sacó dos coronas heladas, el pop del corcho rompiendo el silencio del estudio vacío. Brindamos, y al beber, sentí el frío bajando por mi garganta, contrastando con el calor que subía entre mis muslos.

Nos sentamos en el sofá de invitados, ese mullido donde posaban las celebridades. Hablamos de todo: del pinche tráfico de la CDMX, de cómo Pasión Águila Noticias nos había hecho famosos, de lo solos que estábamos en esta jungla de concreto. Su rodilla tocó la mía, y no la quité. En cambio, puse mi mano en su muslo, sintiendo el músculo tenso bajo el pantalón de mezclilla. "Pasión, tú sabes que desde el primer día que te vi en pantalla, pensé: esa morra es fuego puro", murmuró, su aliento con sabor a cerveza rozando mi oreja.

El deseo creció lento, como tormenta de verano. Lo miré a los ojos cafés, profundos como pozos, y lo besé. Sus labios eran suaves al principio, luego urgentes, con lengua explorando mi boca como si quisiera devorarme. Olía a cerveza y a él, ese aroma masculino que me hacía mojarme sin remedio. Sus manos grandes subieron por mi espalda, desabrochando el sostén con maestría de quien sabe lo que hace. "¡Ay, cabrón!", gemí cuando me quitó la blusa, mis tetas libres saltando al aire fresco del estudio. Él las miró embobado, lamiendo los pezones duros como piedras.

¡Qué chido se siente su lengua! Cada lamida es como noticia bomba explotando en mi cuerpo. Quiero más, neta, quiero que me haga suya aquí, en mi reino de Pasión Águila Noticias.

Me recargó contra el sofá, sus besos bajando por mi cuello, dejando huella húmeda que olía a mi perfume de jazmín mezclado con sudor. Desabroché su camisa, arañando su pecho velludo, sintiendo el latido acelerado de su corazón bajo mi palma. Él metió mano bajo mi falda, dedos hábiles encontrando mi tanga empapada. "Estás chorreando, mi reina", gruñó, frotando mi clítoris en círculos que me hicieron arquear la espalda. El sonido de mi respiración jadeante llenaba el estudio, eco como en catedral.

Lo empujé al suelo, sobre la alfombra gruesa que amortiguaba nuestros gemidos. Me quité la falda a tirones, quedando en medias y tacones, como diosa vengadora. Él se desvistió rápido, su verga erecta saltando libre, gruesa y venosa, con gota perlada en la punta que lamí con deleite. Sabía salado, a hombre puro, y lo chupé hondo, oyendo sus "¡Sí, así, Pasión, no pares!". Su mano en mi pelo, guiándome sin forzar, puro acuerdo mutuo de placer.

La tensión subió como el rating en prime time. Me monté en él, guiando su verga a mi entrada resbalosa. Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. "¡Qué rico, wey!", grité, cabalgándolo lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes. El slap de piel contra piel, el squish de mis jugos, el olor a sexo crudo impregnando el aire. Sus manos en mis caderas, marcándome con dedos fuertes, mientras yo rebotaba, tetas meneándose hipnóticas.

Esto es mejor que cualquier exclusiva. Su mirada en mí, como si fuera la única noticia que importa. Siento su pulso dentro, latiendo conmigo, sincronizados como equipo perfecto.

Cambié de posición, él encima ahora, embistiéndome profundo, mis piernas enredadas en su cintura. Sudor goteaba de su frente al valle de mis tetas, salado en mi lengua cuando lo lamí. Gemía su nombre, "Marco, más duro, dame todo", y él obedecía, clavándome con ritmo feroz pero cariñoso. El orgasmo se acercó como deadline apurado: contracciones en mi vientre, calor subiendo, visión nublada por luces del estudio parpadeando en mi mente.

Exploté primero, un grito ahogado que retumbó en los monitores apagados. Mi panocha apretándolo como tenaza, ordeñándolo, jugos chorreando por sus bolas. Él siguió unos segundos, gruñendo como oso, hasta que se corrió dentro, chorros calientes pintando mis paredes, su cuerpo temblando sobre el mío. Nos quedamos así, pegados, respiraciones entrecortadas calmándose juntas. Su peso era reconfortante, no aplastante, y besé su hombro salado.

Después, en el sofá, envueltos en una manta de utilería, tomamos las cheves tibias restantes. "Esto no fue planeado, pero neta, fue lo mejor del día", dijo él, acariciando mi pelo revuelto. Yo asentí, sintiendo el afterglow cálido en mi piel, músculos laxos y satisfechos. Pensé en mañana, en Pasión Águila Noticias de nuevo, pero ahora con un secreto compartido que hacía todo más vivo. No era solo sexo; era conexión, como dos águilas volando juntas en el cielo nocturno de la ciudad.

¿Volverá a pasar? Ojalá. Por ahora, este calor en mi pecho es la mejor noticia de todas.

Nos vestimos lento, robándonos besos robados, risas cómplices. Salimos del estudio tomados de la mano, el amanecer tiñendo de rosa el skyline de la CDMX. Mañana sería otro día de cámaras y flashes, pero esta noche, Pasión Águila Noticias había cobrado vida de verdad, en carne propia.

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