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Videos de la Pasión de Cristo Desatada

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Videos de la Pasión de Cristo Desatada

Estás recostada en el sillón de tu depa en la Condesa, con el aire cargado del olor a incienso que prendiste hace rato pa darle un toque místico a la noche. Es Jueves Santo, y tú, carnal, no eres de las que van a misa, pero algo te jaló a buscar en YouTube esos videos de la pasión de cristo. Tu morro, Alex, está a tu lado, con su playera ajustada que marca sus pectorales y unos jeans que le quedan como pintados. "Órale, nena, ¿qué pedo con esto? ¿Quieres ponerte devota de repente?", te dice riendo, mientras te pasa un tequilita con limón.

El primer video arranca: la cámara enfoca el rostro sufriente de Jesús, sudoroso, con venas hinchadas en el cuello, cargando la cruz bajo el sol abrasador de Jerusalén. El sonido de los latigazos resuena en los bocinas, crack, crack, y sientes un escalofrío que te recorre la espina. No es dolor lo que te da, sino algo más profundo, una pasión cruda que te hace apretar las piernas. Alex te mira de reojo, notando cómo tu pecho sube y baja más rápido. "

¿Qué chingados me pasa? Este wey sufriendo me está poniendo caliente
", piensas, mordiéndote el labio.

Pasan los minutos, y el video muestra a María Magdalena secando los pies de Jesús con su cabello, esa devoción íntima que huele a jazmín y a tierra santa. Tocas sin darte cuenta el muslo de Alex, tu mano sube despacio, sintiendo el calor de su piel a través de la tela. Él gira la cabeza, sus ojos cafés brillan con picardía mexicana. "Estás mojadita ya, ¿verdad, corita? Estos videos te prendieron el fuego del infierno". Te ríes bajito, pero es neta, el aroma de tu propia excitación empieza a mezclarse con el incienso, dulce y pecaminoso.

Apagas el tele pa no distraerse más. Acto uno cerrado: la curiosidad religiosa se transforma en deseo puro. Alex te jala hacia él, sus labios rozan tu oreja, su aliento huele a tequila y menta. "Ven, déjame ser tu Cristo esta noche, pero sin clavos, solo placer". Te besa con hambre, lengua explorando tu boca como si fuera el Santo Grial, saboreando el limón en tus labios. Tus manos se enredan en su cabello negro, tirando suave, mientras el sillón cruje bajo el peso de ambos.

El beso se profundiza, act dos inicia con la escalada. Sus dedos bajan por tu blusa, desabotonándola lento, exponiendo tu piel morena al aire fresco. Sientes el roce áspero de sus yemas callosas —fruto de sus partidos de fut en el parque— contra tus pezones, que se endurecen como piedras de obsidiana. "Ay, wey, qué rico", gimes, arqueando la espalda. Él succiona tu cuello, dejando marcas rojas como estigmas de pasión, el sonido de su chupeteo húmedo llena la habitación.

Te levantas, lo empujas al sillón y te sientas a horcajadas sobre él. Tus caderas se mueven instintivo, frotando tu entrepierna contra la verga que ya palpita dura bajo los jeans. El olor de su sudor masculino te invade, terroso y adictivo, como el de un mercado en Xochimilco un domingo. "Quita esa madre", le ordenas, y él obedece, bajándose los pantalones. Su miembro salta libre, grueso, venoso, coronado de un glande rosado que brilla con pre-semen. Lo agarras, sintiendo su pulso acelerado en tu palma, caliente como brasa.

Esto es mejor que cualquier video, neta. La pasión de cristo era solo el preámbulo pa este éxtasis
, reflexionas mientras lo acaricias de arriba abajo, lento, torturándolo. Alex gruñe, "Chíngame, nena, no pares". Le bajas tus calzones, empapados, y guías su verga hacia tu entrada. Deslizas despacio, centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso te hace jadear. Estás llena, completa, sus pelotas peludas rozan tu culo con cada embestida inicial.

El ritmo crece, tus nalgas chocan contra sus muslos con plaf, plaf, eco carnal en el depa. Sudor perla vuestras pieles, goteando entre pechos y pectorales. Él te agarra las caderas, clavando dedos que dejan moretones temporales, guiándote más hondo. "¡Más fuerte, pendejo! ¡Dame todo!", gritas, perdida en el vaivén. El olor a sexo impregna el aire, almizclado, primal, mezclado con el incienso que ahora parece humo de sacrificio erótico.

Internamente luchas: "

Esto es pecado, pero qué pecado tan chingón. Olvídate de la cruz, esta es mi pasión
". Cambian posiciones, él te pone de perrito sobre el sillón, el cuero pegajoso contra tus rodillas. Entra de nuevo, profundo, golpeando tu punto G con precisión mexicana. Sus manos amasan tus tetas colgantes, pellizcando pezones, mientras su boca muerde tu hombro. Sientes cada vena de su verga rozando tus paredes internas, lubricadas por tus jugos que chorrean por tus muslos.

La tensión sube como la Semana Santa, procesiones de placer acumulándose. Él acelera, "Me vengo, corita, agárrate". Tú también, el orgasmo se acerca como un terremoto en la CDMX. Gritas su nombre, el mundo se reduce a pulsos, contracciones, el chorro caliente de su leche llenándote, mezclándose con tu crema. Colapsan juntos, jadeantes, pieles pegadas en sudor compartido.

Acto tres: el afterglow. Te recuestas en su pecho, oyendo su corazón galopante calmarse, como tambores de una conga lejana. El cuarto huele a sexo consumado, satisfecho. "Neta, esos videos de la pasión de cristo fueron el afrodisíaco perfecto", murmuras, riendo. Él te besa la frente, "Sí, pero la próxima vemos la secuela... nosotros como protagonistas".

Te quedas ahí, envuelta en sus brazos fuertes, el cuerpo lánguido y pleno. La pasión no terminó con el clímax; lingers como el eco de un vihuela en una serenata. Piensas en lo empowering de este momento: dos adultos libres, explorando deseos sin culpas ajenas. El incienso se apaga solo, dejando un rastro de humo que se eleva como oraciones paganas. Mañana será Viernes Santo, pero esta noche fue vuestra resurrección carnal.

Su mano acaricia tu espalda en círculos perezosos, trazando espirales de ternura post-sexo. Sientes el peso de su verga semi-dura contra tu muslo, promesa de rondas futuras. "Te amo, wey", susurras, y él responde con un beso suave. La pantalla del tele aún muestra la miniatura del último video pausado: Jesús en la cruz, pero ahora lo ves diferente, no como sufrimiento, sino como entrega total. Igual que la tuya hace minutos.

Duermes plácidamente, sueños llenos de cruces entrelazadas con cuerpos desnudos, pasión eterna sin fin. Despiertas al amanecer, rayos filtrándose por las cortinas, iluminando sus cuerpos entrelazados. Alex abre los ojos, sonriendo pícaro. "Listos pa otra pasión, ¿o qué?". Te ríes, jalándolo de nuevo. La vida es esto: deseo desatado, consensual, mexicano hasta la médula.

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