Libro La Pasion de Cristo de Luisa Piccarreta Despierta Fuego Prohibido
Estaba yo en el tianguis de Coyoacán un domingo por la mañana soleado el aire cargado de olor a elotes asados y artesanías de barro cuando mis ojos se clavaron en un puesto viejo lleno de libros polvorientos. Entre novelas rancheras y cuadernos amarillentos vi uno que me llamó la atención: La Pasión de Cristo de Luisa Piccarreta. El título sonaba místico como esas pláticas de mi abuelita sobre visiones divinas pero algo en la portada ajada con una cruz dorada me erizó la piel. Lo compré por veinte varos sin pensarlo dos veces y me lo llevé a mi depa en la Roma Norte donde el tráfico de Insurgentes retumbaba como un latido lejano.
Me tiré en el sillón de terciopelo rojo con una chela fría en la mano el ventilador zumbando perezoso contra el bochorno de la tarde. Abrí el libro y las palabras de Luisa Piccarreta me envolvieron como un susurro ardiente. Hablaba de la agonía de Cristo el sudor de su frente las gotas de sangre resbalando por su piel las espinas clavándose en carne viva. Pero no era solo dolor era una pasión tan intensa tan cruda que me hacía sentir un cosquilleo entre las piernas.
¿Y si esa pasión divina pudiera tocar mi cuerpo mortal?pensé mientras mis dedos rozaban las páginas ásperas el papel oliendo a tiempo y misterio.
Leí más devorando las descripciones de los azotes el cuerpo de Jesús retorciéndose en éxtasis sufriente y de pronto mi respiración se aceleró. Me imaginé a mí misma en esa escena no como espectadora sino como parte del tormento placentero. Mi mano bajó sola por mi blusa de algodón ligera desabrochando botones hasta sentir el aire fresco en mis tetas endurecidas. El olor de mi propia excitación empezó a perfumar la habitación almizclado dulce como miel de maguey. Me toqué despacio los pezones duros como piedras volcánicas y un gemido se me escapó bajito ronco. Qué chingón este libro me dije La Pasión de Cristo de Luisa Piccarreta no es solo fe es puro fuego carnal.
No aguanté más saqué el teléfono y marqué a Alejandro mi carnal de la universidad el que siempre me ponía como moto con su sonrisa pícara y su cuerpo moreno de futbolero. ¡Ey nena qué onda! contestó su voz grave como tequila reposado. Le conté del libro cómo me había puesto caliente y sin rodeos le dije Ven pa'cá güey necesito que me folles como si fueras el Cristo en agonía. Se rio con esa carcajada que me moja al instante Ya mero llego muñeca prepárate.
Esperé con el corazón latiéndome en la garganta el libro abierto en mi regazo mis piernas abiertas sobre el sillón la panocha palpitando húmeda. El sonido de la llave en la puerta fue como un trueno y ahí entró Alejandro alto fornido con jeans ajustados que marcaban su verga ya medio parada. Me miró con ojos de lobo hambriento oliendo a colonia barata y sudor fresco del camión. ¿Dónde está ese pinche libro que te tiene así de rica? preguntó tirando su mochila y acercándose con pasos lentos felinos.
Se sentó a mi lado su muslo grueso presionando el mío calor irradiando como brasa. Le pasé el libro y leí en voz alta un pasaje sobre las llagas de Cristo la sangre tibia cayendo el dolor mezclándose con amor divino. Mi voz temblaba mientras sus dedos subían por mi muslo interno rozando la tela de mis panties empapadas. Carajo susurró él esto es más caliente que cualquier porno. Me besó el cuello su lengua áspera saboreando mi sal su aliento a chicle de canela. Yo arqueé la espalda gimiendo bajito el roce de su barba incipiente erizándome la piel.
El beso se profundizó lenguas enredándose húmedas jugosas el sabor de su boca invadiendo la mía como una comunión pecaminosa. Sus manos expertas desabrocharon mi blusa del todo amasando mis tetas con fuerza juguetona pellizcando pezones hasta que grité de placer.
Esto es la pasión verdadera Luisa Piccarreta lo sabíapensé mientras él bajaba la cabeza chupando mi piel dejando marcas rojas como estigmas. Olía a él a hombre puro a deseo crudo mezclado con el aroma almizclado de mi excitación que ya goteaba por mis muslos.
Lo empujé suave al sillón y me arrodillé entre sus piernas desabrochando su cinturón con dientes el sonido metálico del cierre acelerando mi pulso. Su verga saltó libre gruesa venosa palpitante con una gota de pré-semen brillando en la punta. La olí embriagada ese olor macho terroso y la lamí desde la base hasta la cabeza saboreando su sal amarga dulce. ¡Ay cabrón qué rico! rugió él enredando dedos en mi pelo guiándome sin forzar solo animando. Chupé más profundo garganta relajada succionando con hambre el sonido obsceno de saliva y carne llenando la habitación.
Pero quería más lo subí al cuarto mi cama king size con sábanas de satín negro esperándonos. Caímos enredados cuerpos sudados resbaladizos el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Leí otro fragmento del libro el libro La Pasión de Cristo de Luisa Piccarreta sobre la cruz el cuerpo extendido vulnerable y él me imitó abriendo brazos contra la cabecera su pecho ancho subiendo bajando jadeante. Me trepé encima frotando mi panocha mojada contra su verga dura como hierro el clítoris hinchado rozando venas pulsantes. Fóllame como si cargaras la cruz le supliqué y él obedeció embistiéndome de un golpe profundo llenándome hasta el útero.
El ritmo empezó lento tortuoso como los azotes descritos en el libro cada embestida un latigazo de placer fuego extendiéndose por mi vientre. Sudábamos a chorros gotas resbalando entre pechos pegajosas saladas que él lamía con avidez. Mis uñas se clavaron en su espalda dejando surcos rojos él gruñendo ¡Más dura nena dame más! Aceleramos caderas chocando con palmadas húmedas el sonido de carne contra carne como aplausos pecadores. Mi interior se contraía ordeñándolo apretado caliente jugoso olores de sexo impregnando el aire denso bochornoso.
Inner struggle: por un momento dudé si esto era blasfemo profanar lo sagrado con lujuria pero el placer borró todo no es profanación es celebración de la pasión humana me dije mientras él me volteaba a cuatro patas penetrándome por atrás su vientre peludo golpeando mis nalgas. Grité arqueando la espalda el orgasmo building como una ola imparable. ¡Me vengo güey! chillé y exploté temblores sacudiendo mi cuerpo chorros calientes empapando sábanas él siguiéndome segundos después llenándome con su leche espesa caliente derramándose dentro.
Colapsamos exhaustos respiraciones entrecortadas pieles pegajosas el corazón martillando en sincronía. Me acurruqué en su pecho escuchando su pulso calmarse oliendo nuestra mezcla de fluidos sudor y esencia. Tomé el libro de la mesita lo abrí al azar y leí en susurro sobre redención post-sufrimiento. Gracias por esto carnal murmuró él besándome la frente ese libro La Pasión de Cristo de Luisa Piccarreta nos abrió los ojos a algo más grande.
Nos quedamos así en afterglow el sol poniente tiñendo la habitación de naranja el ventilador secando nuestro sudor. Reflexioné cómo unas páginas viejas habían transformado una tarde cualquiera en éxtasis puro. No era solo sexo era conexión alma con alma pasión divina hecha carne. Y supe que volveríamos a ese libro a esa entrega total porque el fuego una vez encendido no se apaga fácil.