Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Los Actores de Diario de una Pasion Son Pareja Pasional Los Actores de Diario de una Pasion Son Pareja Pasional

Los Actores de Diario de una Pasion Son Pareja Pasional

7497 palabras

Los Actores de Diario de una Pasion Son Pareja Pasional

El calor de los reflectores del foro en Televisa San Ángel todavía me quemaba la piel cuando terminamos la última toma de Diario de una Pasión. Yo, Daniela Ruiz, interpretando a la intensa Allie, y Marco Salazar como el apasionado Noah. La gente en el set no paraba de murmurar sobre nuestra química explosiva, pero neta, ni idea tenían de lo que pasaba fuera de cámaras. Marco y yo éramos pareja en la vida real, un secreto que guardábamos como oro porque el chisme en el medio mexicano vuela más rápido que un cohete.

La fiesta de cierre estaba en su apogeo en un roof top de Polanco, con luces neón parpadeando sobre la ciudad que brillaba como un diamante mojado por la lluvia reciente. El olor a tacos de suadero y mezcal ahumado flotaba en el aire, mezclado con perfumes caros y sudor de baile. Me serví un trago de tequila reposado, el cristal frío contra mis labios, mientras Marco se acercaba por detrás, su mano rozando apenas mi cintura. Ese toque eléctrico, como siempre, me erizaba la piel.

¿Cuánto tiempo más vamos a escondernos, wey? Quiero gritarle al mundo que eres mío.

De repente, una productora borrachita se nos plantó enfrente, con los ojos brillosos. "¡Oigan, neta que parecen de película! ¿Es cierto que los actores de Diario de una Pasión son pareja? ¡Díganme que sí, porfa!" Marco soltó una carcajada fingida, yo me sonrojé hasta las orejas, pero negamos con la cabeza. "Pura actuación, amiga", le dije, mientras mi corazón latía como tamborazo zacatecano. Esa frase quedó flotando en mi cabeza toda la noche.

Nos escabullimos temprano, subiendo a su camioneta negra, el motor rugiendo suave por Insurgentes. La ciudad nocturna desfilaba: luces de neón en rojo y azul, el aroma a asfalto húmedo colándose por la ventanilla entreabierta. Marco ponía cumbia rebajada en la radio, su mano en mi muslo, subiendo despacito bajo la falda corta que traía puesta. "Ya valió, Daniela. Esta noche no hay cámaras, solo nosotros", murmuró con esa voz grave que me deshace.

Acto de introducción al deseo, pensé, recordando las escenas que habíamos grabado. Pero esto era real, crudo, nuestro.

Llegamos a su penthouse en Lomas de Chapultepec, el elevador privado subiendo en silencio, solo el zumbido suave y nuestras respiraciones aceleradas. Al entrar, el lugar olía a su colonia madera y sándalo, mezclado con el jazmín de mi perfume. Las luces automáticas se encendieron tenues, iluminando el piso de mármol pulido y el ventanal con vista al bosque de Chapultepec. Marco me acorraló contra la pared de la entrada, sus labios capturando los míos en un beso hambriento. Saboreé el tequila en su lengua, salado y dulce, mientras sus manos grandes recorrían mi espalda, bajando hasta apretar mis nalgas con fuerza juguetona.

"Mamacita, desde la primera lectura de guion te quería así", gruñó contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. Gemí bajito, el sonido reverberando en el espacio vacío. Mi cuerpo respondía solo a él: pezones endureciéndose bajo la blusa de seda, un calor líquido formándose entre mis piernas. Le quité la camisa con urgencia, mis uñas arañando levemente su pecho moreno, cubierto de vello suave que olía a hombre puro.

Esto no es Noah y Allie. Somos Marco y Daniela, y la pasión es cien veces más cabrona.

Nos movimos al sofá de piel italiana, suave como caricia contra mi piel desnuda mientras él me desvestía lento, torturándome. Sus ojos oscuros devoraban cada centímetro: mis senos llenos liberados del brasier, el ombligo piercing brillando, las bragas de encaje negro ya empapadas. "Estás chingona, nena", dijo, lamiendo su labio inferior. Se arrodilló entre mis piernas abiertas, el aire fresco besando mi intimidad expuesta. Su aliento caliente primero, luego su lengua trazando círculos lentos alrededor de mi clítoris hinchado. El placer era un rayo: chispas subiendo por mi espina, mis caderas arqueándose solas.

El sonido de mis jadeos llenaba la sala, mezclado con el lamido húmedo y sus gruñidos de aprobación. "Sabes a miel, Daniela. A puta miel mexicana". Metió dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos justo ahí, en ese punto que me hace ver estrellas. El olor a sexo empezaba a impregnar el aire, almizclado y adictivo. Me retorcía, tirando de su cabello negro revuelto, "¡Ay, wey, no pares! ¡Más fuerte!". Él aceleró, su boca succionando, dedos bombeando rítmico. Mi orgasmo llegó como tsunami, olas de éxtasis convulsionándome, gritando su nombre mientras chorros de placer mojaban su mano.

Pero no paró. Me levantó en brazos, mis piernas envolviéndolo, y me llevó a la recámara. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo nuestro peso. Marco se quitó el pantalón, liberando su verga dura, venosa, palpitante. La miré con hambre, lamiéndome los labios. "Ven, pendejito, déjame probarte". Me puse de rodillas en la alfombra mullida, el pelo cayendo sobre mi cara. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, y la chupé despacio, saboreando el precum salado. Él jadeaba, "¡Órale, Daniela, qué boca tan rica!". La tragué profunda, garganta relajada por práctica, mis manos masajeando sus bolas pesadas.

La tensión crecía, psicológica y física. Recordé las noches robadas en trailers, besos a escondidas en locaciones de Xochimilco, donde el olor a flores de cempasúchil se mezclaba con nuestro sudor. Los actores de Diario de una Pasión son pareja, repetí en mi mente, y eso nos encendía más. Éramos fuego real, no ficción.

Me tiró a la cama boca arriba, abriéndome las piernas como alas. "Te voy a coger hasta que grites", prometió, posicionando la punta en mi entrada resbaladiza. Entró lento al principio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena, cada pulso, llenándome hasta el fondo. "¡Chingado, qué apretadita!", rugió, empezando a bombear. El slap slap de piel contra piel, mis tetas rebotando, sus bolas golpeando mi culo. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo salvaje, mis uñas en su pecho, el sudor perlando nuestros cuerpos. Olía a sexo puro, a deseo desatado.

Esto es nuestro clímax, más intenso que cualquier escena. Te amo, cabrón.

Él se sentó, abrazándome fuerte, nuestros pechos pegados, corazones galopando al unísono. Me mecía sobre él, clítoris frotándose en su pubis, mientras sus manos guiaban mis caderas. "Córrete conmigo, nena. Vamos juntos". El orgasmo nos golpeó simultáneo: yo convulsionando, panocha apretándolo como vicio, él llenándome con chorros calientes, gruñendo como animal. Grité, mordiendo su hombro, el sabor salado de su piel en mi boca.

Colapsamos, enredados en sábanas húmedas, el aire pesado con nuestro aroma. Marco me besó la frente, suave ahora, sus dedos trazando patrones en mi espalda. "Neta, Daniela, ¿y si lo hacemos oficial? Que todos sepan que los actores de Diario de una Pasión son pareja". Reí bajito, mi cabeza en su pecho, escuchando su corazón calmarse. "Simón, amor. Pero primero, otra ronda".

La luna entraba por el ventanal, bañándonos en plata. El afterglow era perfecto: músculos laxos, piel pegajosa, sonrisas tontas. Mañana el chisme explotaría, pero esa noche, éramos solo nosotros, en nuestra pasión real, eterna como el lago de la telenovela.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.