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El Beso Pasion GIF que Despierta el Alma

7106 palabras

El Beso Pasion GIF que Despierta el Alma

Estaba en ese bar chido de la Condesa, con luces tenues y música de fondo que te hacía mover el cuerpo sin querer. Yo, Ana, acababa de llegar de un día eterno en la oficina, con el estrés acumulado como un nudo en el estómago. Pedí un margarita bien helado, y mientras sorbía el sal de la orilla del vaso, sentí unos ojos clavados en mí. Volteé y ahí estaba él: Diego, moreno, con esa sonrisa pícara que te hace pensar en travesuras. Neta, pensé, este wey tiene algo que me prende.

Se acercó con dos tequilas en la mano, como si supiera que necesitaba uno. "Órale, güerita, ¿te invito este para que la noche no se quede corta?", dijo con voz ronca, ese acento chilango que suena tan sexy. Nos pusimos a platicar de todo y nada: del tráfico infernal, de las series que nos vuelan la cabeza, de cómo la vida en la ciudad te agota pero también te da momentos como este. Sacó su cel para mostrarme un meme, y de repente, en su pantalla apareció un beso pasion gif. Era hipnótico: labios devorándose con furia, lenguas danzando, el brillo del sudor en la piel bajo luces neón. Mi pulso se aceleró al verlo.

¿Por qué carajos me estoy imaginando eso con él?
Nuestras miradas se cruzaron, y supe que él también lo sintió. Ese GIF no era solo un video chiquito; era como un imán que nos jalaba.

La plática fluyó como el tequila, caliente y ardiente. Me contó que era diseñador gráfico, que creaba animaciones que hacían volar la imaginación. Yo le dije que era editora de revistas, siempre rodeada de historias que te erizan la piel. Nuestras rodillas se rozaron bajo la mesa, un toque casual que mandó chispas por mi espina. El aire olía a su colonia fresca, mezclada con el limón de las copas y un leve aroma a tabaco de los fumadores afuera. Sentí mi piel erizarse, el corazón latiendo fuerte contra las costillas. Este wey me va a volver loca, me dije, mientras reía de sus chistes tontos.

Salimos del bar caminando por las calles empedradas, el viento fresco de la noche rozando mis piernas desnudas bajo la falda. Él me tomó de la mano, y juro que esa palma cálida y áspera me hizo temblar. "Vamos a mi depa, está cerca, neta que quiero seguir platicando", murmuró cerca de mi oído, su aliento caliente oliendo a tequila y menta. No lo pensé dos veces. Subimos al elevador de su edificio moderno en Polanco, y ahí, solos, el silencio se cargó de electricidad. Nuestros cuerpos se pegaron sin querer –o queriendo–, su pecho duro contra mis tetas, que ya se sentían pesadas de deseo.

Entramos a su depa, luces bajas, música suave de Julieta Venegas de fondo. Me sirvió un trago más, pero antes de que lo tomara, me jaló hacia él. Nuestros labios se encontraron en un beso pasion gif hecho realidad. Fue como si el mundo se detuviera: su boca suave pero exigente, el sabor salado de su lengua mezclándose con el mío, dulce de margarita. Gemí bajito cuando mordió mi labio inferior, sus manos subiendo por mi espalda, desabrochando mi blusa con maestría.

¡Qué chingón besa este pendejo! Me está derritiendo.
Lo empujé contra la pared, queriendo más, mis uñas clavándose en su camisa.

Nos desvestimos a medias en el pasillo, riendo entre besos. Su piel olía a jabón y hombre, cálida y suave bajo mis dedos. Llegamos a la recámara, la cama king size invitándonos. Me tumbó con gentileza, pero sus ojos ardían de hambre. "Eres preciosa, Ana, déjame hacerte volar", susurró mientras bajaba por mi cuello, lamiendo hasta mis pezones que ya estaban duros como piedras. Sentí su aliento caliente en mi piel, el roce de su barba incipiente raspando delicioso. Mis manos bajaron a su pantalón, sintiendo su verga tiesa presionando contra la tela. La saqué, gruesa y venosa, palpitando en mi palma. Neta, esta cosa me va a partir en dos, pero qué rico.

Él se arrodilló entre mis piernas, abriéndolas con manos firmes. Su lengua encontró mi clítoris como si lo conociera de toda la vida, chupando suave al principio, luego con más fuerza, haciendo círculos que me hacían arquear la espalda. El sonido de sus labios succionando era obsceno, mezclado con mis jadeos roncos. Olía a mi propia excitación, ese aroma almizclado que inunda el aire. "¡Sí, Diego, no pares, cabrón!", grité, mis caderas moviéndose solas contra su boca. Introdujo dos dedos, curvándolos justo en ese punto que me hace ver estrellas, bombeando lento mientras lamía. El orgasmo me pegó como un rayo, mi cuerpo convulsionando, el placer explotando en olas que me dejaron temblando y sudada.

Pero no paró ahí. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, bajando hasta mis nalgas que mordisqueó juguetón. "Tu culo es perfecto, mami", gruñó, y sentí la punta de su verga rozando mi entrada, húmeda y lista. "Dime si quieres, Ana, todo a tu ritmo". Asentí, empujando hacia atrás. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Qué madre, qué grande y qué chido! Empezó a moverse, primero suave, dejando que me acostumbrara, luego más rápido, sus pelotas chocando contra mí con un slap slap húmedo. El sudor nos unía, resbaloso; su pecho contra mi espalda, sus manos apretando mis tetas. Gemía en mi oído, palabras sucias que me encendían más: "Te sientes tan rica, tan apretada, mi reina".

Cambié de posición, montándolo como amazona, controlando el ritmo. Sus ojos devoraban mis tetas rebotando, sus manos en mis caderas guiándome. El cuarto olía a sexo puro: sudor, fluidos, pasión desatada. Sentía cada vena de su verga frotando mis paredes, mi clítoris rozando su pubis. Aceleré, cabalgando fuerte, mis uñas en su pecho dejando marcas rojas. Él se incorporó, capturando mis labios en otro beso feroz, lenguas enredadas mientras nuestros cuerpos chocaban.

Esto es mejor que cualquier GIF, es real, es nuestro.
El clímax nos alcanzó juntos: él gruñendo mi nombre, llenándome con chorros calientes; yo gritando, el placer rompiéndome en mil pedazos, piernas temblando.

Caímos exhaustos, enredados en las sábanas revueltas. Su brazo alrededor de mi cintura, su respiración calmándose contra mi cuello. El silencio era cómodo, roto solo por el zumbido del aire acondicionado. "Neta, Ana, ese beso pasion gif del bar fue el detonador perfecto", murmuró riendo bajito. Yo sonreí, trazando círculos en su pecho. Quién iba a decir que un videíto tonto nos traería hasta aquí. Nos quedamos así, platicando susurros sobre nada, el afterglow envolviéndonos como una manta tibia.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, nos besamos lento, saboreando el remanente de la noche. No fue solo sexo; fue conexión, deseo puro que nos unió. Salí de su depa con las piernas flojas, pero el corazón lleno.

¿Volveremos a vernos? Órale, que el destino –y ese GIF– lo dirán.
Caminé por las calles despertando, oliendo a café de las taquerías, sabiendo que esa noche había cambiado algo en mí para siempre.

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