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Pasion Xnxx en la Piel

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Pasion Xnxx en la Piel

La noche en Guadalajara ardía como un chile habanero fresco del mercado. Yo, Ana, acababa de salir de mi turno en la tiendita de abarrotes del barrio, con el cuerpo cansado pero el alma pidiendo aventura. El aire olía a tacos al pastor asándose en la esquina, con ese humo picante que se te mete en la nariz y te despierta los sentidos. Caminaba por la calle empedrada, mis chancletas zapateando contra el suelo, cuando lo vi: un morro alto, moreno, con ojos que brillaban como estrellas en el cielo tapatío. Se llamaba Raúl, y estaba recargado en la pared de un antro chiquito, fumando un cigarro con esa pose de galán de telenovela.

Órale, qué chulo el wey, pensé, mientras mi corazón empezaba a latir más rápido. Me acerqué fingiendo casualidad, pidiendo fuego para mi imaginario cigarro. Él sonrió, esa sonrisa pícara que te derrite los huesos, y me dio el encendedor. Nuestras manos se rozaron, y sentí un chispazo, como si el aire se cargara de electricidad. "Qué onda, morra, ¿vienes a la fiesta adentro?", me dijo con voz grave, ronca como el rugido de un motor viejo.

Entramos juntos al antro, lleno de gente bailando cumbia rebajada, el bajo retumbando en el pecho. El sudor de los cuerpos se mezclaba con olor a cerveza fría y perfume barato. Nos servimos unos chelas heladas, y platicamos de la vida, de cómo la ciudad nos volvía locos con su ruido eterno. Raúl me contaba de su chamba como mecánico, sus manos grandes y callosas oliendo a aceite y metal. Yo le confesaba mis sueños de viajar, de sentir pasiones que me hicieran olvidar el día a día.

"Neta, a veces busco en la red cosas que me prendan, como esa pasion xnxx que te pone la piel de gallina", le solté medio en broma, riéndome nerviosa.
Él se acercó más, su aliento cálido con sabor a limón y sal. "Yo también, Ana. Pero nada como la pasion xnxx en vivo, ¿no?". Sus palabras me erizaron la piel.

La tensión crecía con cada roce accidental: su pierna contra la mía bajo la mesa, su mano en mi espalda baja guiándome al baño. Afuera, en el callejón oscuro iluminado por faroles amarillos, nos besamos por primera vez. Sus labios eran suaves pero firmes, sabían a tequila reposado y deseo puro. Mi lengua exploró la suya, y un gemido se me escapó, ahogado por el bullicio de la calle. Sentí sus manos en mi cintura, apretándome contra él, su dureza presionando mi vientre. ¡Madre mía, qué prieto está el carnal!, pensé, mientras el calor subía desde mi entrepierna como una ola ardiente.

Acto dos: la escalada

Raúl me convenció de ir a su depa, un departamentito chulo en una colonia cercana, con vista a las luces de la catedral. Subimos las escaleras riendo, tropezando como pendejos, nuestras bocas pegadas cada dos pasos. Adentro, el lugar olía a limpio, a sábanas frescas y a su colonia varonil, esa que te hace agua la boca. Me quitó la blusa con delicadeza, besando mi cuello, lamiendo el sudor salado que perlaba mi clavícula. "Eres una diosa, Ana", murmuró, y yo me derretí.

Nos tumbamos en la cama king size, las sábanas de algodón egipcio rozando mi piel desnuda como caricias de seda. Sus dedos trazaban patrones en mi espalda, bajando lento hasta mis nalgas, amasándolas con fuerza juguetona. Yo le arañaba el pecho, sintiendo los músculos duros bajo mis uñas, el vello rizado que picaba delicioso. Quiero devorarlo entero, rugía mi mente, mientras mi boca bajaba por su torso, saboreando el salado de su piel, el aroma almizclado de su excitación creciendo.

Él me volteó boca arriba, sus ojos clavados en los míos, pidiendo permiso con la mirada. "Sí, wey, hazme tuya", le dije, abriendo las piernas. Su lengua encontró mi centro, lamiendo con maestría, chupando mi clítoris hinchado hasta que vi estrellas. El sonido húmedo de su boca en mí, mis jadeos roncos, el crujir de la cama... todo se mezclaba en una sinfonía de placer. Olía a mi propia humedad, dulce y salada, mezclada con su sudor. Introdujo dos dedos, curvándolos justo ahí, y grité su nombre, arqueándome como gata en celo.

Pero no era solo físico; en mi cabeza bullían pensamientos.

Esta es mi pasion xnxx real, no la de la pantalla. Con él, todo es fuego vivo, conexión de almas calientes.
Raúl se incorporó, su verga erecta palpitando contra mi muslo, gruesa y venosa, lista. Me penetró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estiramiento delicioso, el roce de su piel contra la mía, sus bolas golpeando mi culo con cada embestida lenta. Aceleramos, el ritmo como tambores de mariachi enloquecidos, sudor goteando de su frente a mi pecho.

Lo monté entonces, cabalgándolo como amazona, mis tetas rebotando, sus manos en mis caderas guiándome. "¡Qué rico, Ana, no pares!", gruñía él, sus ojos vidriosos de placer. Yo sentía cada vena de su polla frotando mis paredes internas, mi G-spot explotando en chispas. El olor a sexo impregnaba el cuarto, espeso y embriagador, con toques de su esencia masculina.

La tensión subía como volcán, mis músculos internos apretándolo, ordeñándolo. Él me volteó a perrito, penetrándome profundo, una mano en mi clítoris frotando círculos rápidos. No aguanto más, se me va, pensé, mientras el orgasmo me barría como tormenta en el lago de Chapala. Grité, temblando, chorros de placer escapando de mí, mojando las sábanas. Raúl me siguió segundos después, su leche caliente inundándome, su rugido gutural vibrando en mi espalda.

Acto tres: el resplandor

Quedamos jadeantes, enredados en las sábanas húmedas, el aire pesado con nuestro aroma compartido. Él me besó la frente, suave, tierno. "Neta, eso fue la pasion xnxx más cabrona de mi vida", susurró, riendo bajito. Yo sonreí, trazando círculos en su pecho con el dedo, sintiendo su corazón aún acelerado contra mi mejilla.

Platicamos en la penumbra, de sueños futuros, de vernos más, de explorar más facetas de esta química explosiva. El alba empezaba a colarse por la ventana, tiñendo todo de rosa y oro, como bendición de la Virgen de Guadalupe. Me sentía empoderada, mujer plena, dueña de mi placer. No era solo un polvo; era conexión, fuego que prometía más noches así.

Raúl preparó café de olla, con canela y piloncillo, su aroma envolviéndonos como abrazo. Nos vestimos lento, robándonos besos, prometiendo repetir. Salí a la calle con el sol calentándome la piel, piernas flojas pero alma ligera. Esto es lo que necesitaba, mi pasion xnxx hecha carne, pensé, caminando con sonrisa boba.

Desde esa noche, cada recuerdo despierta mis sentidos: el sabor de su boca, el tacto de sus manos ásperas, el sonido de nuestros cuerpos chocando, el olor eterno de nuestra unión. Guadalajara nunca fue tan viva, tan sensual. Y sé que volveré por más.

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