Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad La Pasion Ardiente de la Pelicula La Pasion de Cristo de Mel Gibson La Pasion Ardiente de la Pelicula La Pasion de Cristo de Mel Gibson

La Pasion Ardiente de la Pelicula La Pasion de Cristo de Mel Gibson

3824 palabras

La Pasion Ardiente de la Pelicula La Pasion de Cristo de Mel Gibson

Era una noche calurosa en mi depa de la Condesa, con el ventilador zumbando como loco y el olor a jazmín del jardín colándose por la ventana abierta. Luis y yo nos habíamos acomodado en el sillón de piel, con unas chelas frías sudando en la mesita. Órale, qué chido estar así de relax con mi carnal, pensé mientras me acurrucaba contra su pecho ancho, sintiendo el calor de su piel a través de la playera delgada. Habíamos cenado tacos al pastor en la esquina, bien jugosos y picantes, y ahora buscábamos algo intenso para ver en la tele.

"¿Qué tal si ponemos la película La Pasión de Cristo de Mel Gibson?", sugirió él con esa voz ronca que me eriza la piel. "Dicen que es bien heavy, neta te pone a pensar en el sufrimiento y la pasión pura". Asentí, curiosa, porque aunque la había oído mencionar mil veces en la prepa católica, nunca la había visto completa. Él metió el DVD en el player, y la pantalla se iluminó con esa música épica que te revuelve las tripas desde el principio.

Al rato, las escenas empezaron a golpear duro. Jesús cargando la cruz, el sudor mezclándose con la sangre, los latigazos crujiendo en el aire como truenos. Yo sentía un nudo en el estómago, pero también algo más... un calor bajito que subía desde mi entrepierna.

¿Qué chingados me pasa? Esto es sufrimiento puro, pero su cuerpo... ay wey, ese torso marcado, el dolor convertido en entrega total
, me dije, apretando las piernas. Luis respiraba pesado a mi lado, su mano descansando en mi muslo desnudo bajo la falda corta. El roce de sus dedos callosos era eléctrico, y el aroma de su colonia mezclada con el sudor fresco me mareaba.

En la pantalla, María limpiaba la cara de su hijo con un trapo, lágrimas rodando por sus mejillas. Yo volteé a ver a Luis, y sus ojos brillaban con una intensidad que no era solo por la peli. "¿Sientes eso?", murmuró, su aliento cálido contra mi oreja. "Esa pasión que duele pero quema por dentro". Su mano subió un poquito más, rozando el borde de mis panties de encaje. Asentí, mordiéndome el labio, el corazón latiéndome como tambor en un desfile de muertos. No mames, esto no es solo una película, es como si nos estuviera encendiendo a los dos.

La tensión creció con cada azote en la espalda de Cristo. El sonido de la carne rasgándose, los gemidos ahogados, me ponían la piel de gallina. Luis me jaló más cerca, su verga ya dura presionando contra mi cadera. "Nena, no aguanto", gruñó, y me besó con hambre, su lengua invadiendo mi boca como una promesa salvaje. Sabía a cerveza y a chile de la cena, un sabor picante que me hacía salivar. Mis manos se colaron bajo su playera, palpando esos abdominales firmes, sudados, imaginando por un segundo que era yo la que lo tocaba en Getsemaní.

Apagamos la tele a la mitad, porque ya no podíamos concentrarnos. La película La Pasión de Cristo de Mel Gibson había despertado algo primal en nosotros, una devoción carnal que pedía ser liberada. Luis me cargó en brazos hasta la recámara, riendo bajito. "Eres mi Magdalena, morra", dijo juguetón, tirándome en la cama king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Me quité la blusa despacio, dejando que viera mis tetas redondas brincando libres, pezones duros como piedras por el aire fresco.

Él se desvistió en segundos, su cuerpo atlético iluminado por la luz de la luna que se colaba por las cortinas. Qué prieto está el pendejo, pensé, lamiéndome los labios al ver su verga tiesa, gruesa, con una gota de precum brillando en la punta. Se hincó entre mis piernas abiertas, besando mi ombligo, bajando despacio por mi vientre tembloroso. El roce de su barba incipiente

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.