Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Telenovela El Color de la Pasión Desnuda Telenovela El Color de la Pasión Desnuda

Telenovela El Color de la Pasión Desnuda

7112 palabras

Telenovela El Color de la Pasión Desnuda

Valeria se recargaba en el sillón de la sala, con el control remoto en la mano y los ojos clavados en la pantalla del tele. La telenovela El Color de la Pasión estaba en su capítulo más caliente, ese donde la protagonista, toda sensual y con el escote hasta el ombligo, se entregaba a su amante en una hacienda llena de luces tenues y velas parpadeantes. El aire del departamento en Polanco olía a jazmín de su perfume y al café que se había enfriado en la mesita. Valeria sentía un calor subiéndole por el pecho, entre las piernas, mientras veía cómo los cuerpos se rozaban, los labios se devoraban. "¡Ay, pinche telenovela, me tienes bien caliente", pensó, mordiéndose el labio inferior.

Sus pechos subían y bajaban con cada respiro agitado, y el short de pijama se le pegaba a la piel por el sudor ligero de la noche mexicana de verano. Tenía treinta y dos años, curvas que volvían loco a cualquiera, y un marido que, aunque chingón en la cama, andaba de viaje por negocios en Guadalajara. Pero hoy volvía Diego, su Diego, el moreno alto con ojos que prometían travesuras. Valeria se imaginó recreando esa escena, con él como el galán apasionado y ella la mujer que lo doblegaba con un solo beso. El zumbido del refrigerador y el tráfico lejano de Reforma eran el fondo perfecto para su fantasía.

De repente, la llave giró en la cerradura. Diego entró, cansado pero guapísimo, con la camisa desabotonada dejando ver el pecho velludo y bronceado. Traía el olor a avión y colonia cara, mezclado con ese sudor masculino que a ella la ponía loca. "

¡Hola, mi amor! ¿Qué onda con esa cara de traviesa?
", dijo él, soltando la maleta y acercándose con una sonrisa pícara.

Valeria apagó el tele de un jalón y se paró, contoneando las caderas. "No mames, Diego, justo estaba viendo la telenovela El Color de la Pasión y me dieron unas ganas de..." No terminó la frase. Lo jaló de la camisa y lo besó con hambre, saboreando el salado de sus labios, el rastro de tequila en su lengua. Diego gruñó, sorprendiido pero encantado, y le apretó la cintura con manos firmes. "

¿Qué traes, nena? ¿Quieres que te haga mía como en esas novelas?
"

El beso se profundizó, lenguas danzando, respiraciones entrecortadas. Valeria sentía el bulto endureciéndose contra su vientre, y un cosquilleo eléctrico le recorrió la espina dorsal. Lo empujó hacia el sillón, sin soltar su boca, oliendo su cuello, ese aroma a hombre que la mareaba.

La tensión crecía como en los mejores capítulos de la telenovela El Color de la Pasión. Diego la sentó en su regazo, las manos subiendo por sus muslos suaves, rozando el encaje de las panties. Valeria jadeaba, el corazón latiéndole como tambor en el pecho. "Imagíname como esa morra de la telenovela, la que pinta con los colores de la pasión", murmuró ella, quitándole la camisa de un tirón. Sus dedos trazaron los músculos duros, sintiendo el calor de su piel, el pulso acelerado bajo las yemas.

Él la miró con ojos en llamas. "

Sí, mi reina, tú eres el color de mi pasión. Desnúdate para mí como si fuéramos los protagonistas
". Valeria se incorporó, lenta, provocadora, dejando caer el top. Sus senos rebotaron libres, pezones endurecidos por el aire fresco y la excitación. Diego los tomó en las manos, masajeándolos, pellizcando suave hasta que ella gimió alto, un sonido gutural que llenó la sala. El olor a su excitación flotaba ya, almizclado y dulce, mezclándose con el jazmín.

Se besaron de nuevo, ella frotándose contra su verga tiesa a través del pantalón. "¡Quítate eso, pendejo, no aguanto más!", exigió Valeria, con voz ronca de deseo. Diego obedeció, liberando su miembro grueso, venoso, palpitante. Ella lo tocó, piel aterciopelada sobre acero, sintiendo el pre-semen lubricante en la punta. Lo masturbó despacio, oyendo sus gemidos roncos, mientras él le bajaba el short y las panties, exponiendo su sexo húmedo, hinchado de necesidad.

La escena escalaba. Valeria se arrodilló entre sus piernas, el piso fresco contra las rodillas, y lo tomó en la boca. Saboreó el salado almizcle, chupando profundo, lengua girando alrededor del glande. Diego se arqueó, manos enredadas en su cabello negro largo, "

¡Chíngame, Valeria, qué rica boca tienes, mamacita!
". Ella aceleró, succionando, oliendo su pubis, oyendo los slap-slap húmedos. Su propia humedad chorreaba por los muslos, el clítoris latiendo impaciente.

Pero no quería acabar así. Se levantó, lo empujó al sillón y se montó a horcajadas. "Ahora te voy a cabalgar como en la telenovela El Color de la Pasión, hasta que explotes", dijo, guiando su verga a su entrada. Entró de un solo movimiento, estirándola deliciosamente, llenándola hasta el fondo. Gritó de placer, el ardor inicial convirtiéndose en éxtasis puro. Diego la agarró de las nalgas, amasándolas, mientras ella subía y bajaba, senos botando, sudor perlando sus cuerpos.

El ritmo aumentaba, piel contra piel chapoteando, gemidos mezclándose con el zumbido del ventilador. Valeria sentía cada vena de él pulsando dentro, rozando su punto G, el olor a sexo impregnando todo. "

¡Más fuerte, Diego, hazme tuya!
", rogaba ella, clavándole las uñas en los hombros. Él embestía desde abajo, salvaje, besándole el cuello, mordisqueando la oreja. Sus pensamientos eran un torbellino: Esto es mejor que cualquier telenovela, su calor, su fuerza, me voy a venir como nunca.

La intensidad psicológica crecía con cada thrust. Recordaba las miradas ardientes de la novela, pero esto era real, crudo, mexicano puro. Diego le susurraba guarradas al oído: "

Eres mi pinche diosa, tu coño me aprieta como nadie
". Valeria rotaba las caderas, sintiendo el orgasmo aproximándose, un nudo apretado en el vientre. Sudor goteaba entre sus pechos, el sabor salado en sus labios cuando se besaban.

De pronto, el clímax la golpeó como ola furiosa. Gritó, "¡Me vengo, cabrón!", el cuerpo convulsionando, jugos empapando sus uniones. Diego la siguió segundos después, gruñendo como bestia, llenándola con chorros calientes, pulsando dentro. Se quedaron así, unidos, respiraciones jadeantes, cuerpos temblando en el afterglow.

Valeria se derrumbó sobre su pecho, oyendo el latido frenético de su corazón, oliendo su sudor mezclado con el de ella. Diego le acariciaba la espalda, besándole la frente. "

¿Ves? Nuestra propia telenovela El Color de la Pasión, pero sin comerciales
", bromeó él, riendo bajito.

Ella sonrió, satisfecha, el cuerpo lánguido y pleno. "Sí, mi amor, y mañana vemos el siguiente capítulo... en la cama", pensó, mientras el calor residual los envolvía como manta. La noche mexicana los mecía, prometiendo más pasiones coloridas, más entregas totales. En ese momento, nada más importaba que ellos dos, piel con piel, corazón con corazón.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.