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Pasiones TV APK Enciende Mi Pasion Prohibida

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Pasiones TV APK Enciende Mi Pasion Prohibida

Era una noche cualquiera en mi depa de la Roma, con el calor pegajoso del verano colándose por las ventanas abiertas. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, soltera y con un antojo cabrón de algo que me sacara del hastío diario. Mi carnala Lupe me había mandado un mensajito esa tarde: "Órale, neta que tienes que descargar la Pasiones TV APK, tiene canales bien calientes que te van a poner la piel chinita". Al principio pensé que era puro cotorreo, pero el tedio me ganó y saqué el cel para buscarla.

La descargué rapidito, el APK se instaló sin broncas, y de volada abrí la app. La pantalla se llenó de thumbnails con morras despampanantes y galanes musculosos en poses que gritaban sexo. Elegí un canal de telenovelas eróticas, de esas que pintan pasiones intensas con acentos latinos que te erizan el alma. El sonido de gemidos suaves salió de los bocinas, y el cuarto se tiñó de un resplandor azul neón del pantallazo. Sentí un cosquilleo en el estómago, como si el aire se hubiera cargado de electricidad estática.

¿Qué pedo conmigo? Solo es tele, pero esta Pasiones TV APK está cañona, pensé mientras me recargaba en la cama, las sábanas frescas rozando mis muslos desnudos bajo el shortcito de dormir. La escena mostraba a una tipa como yo, con curvas mexicanas bien puestas, besando a su amante contra una pared. El slap de sus lenguas chocando, el jadeo ahogado de ella... olía a mi propio aroma empezando a despertar, ese musk dulce entre las piernas que me traicionaba. Me acomodé, la mano bajando distraída por mi panza, rozando el encaje de mis calzones.

De repente, un ruido en la puerta. Era Marco, mi vecino del depa de al lado, el que siempre me guiñaba el ojo en el elevador. Traía una chela en la mano y esa sonrisa pícara que me hacía mojarme sin querer.

"Oí ruidos raros, Ana. ¿Todo chido? ¿O necesitas compañía para ver esa Pasiones TV APK que todos andan descargando?"
dijo, asomándose con descaro. Neta, ¿cómo sabía? Pero su voz grave, con ese acento chilango puro, me prendió el interruptor.

Lo jalé adentro sin pensarlo dos veces, el corazón latiéndome como tambor en desfile. Esto va a estar de huevos, me dije, cerrando la puerta con el pie. El cuarto olía a mi perfume de vainilla mezclado con el sudor fresco de él, que acababa de salir del gym. Nos sentamos en la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso, y le pasé el cel. La app seguía corriendo, ahora una escena donde la morra chupaba la verga de su galán con labios carnosos, el sonido baboso y húmedo llenando el silencio entre nosotros.

Marco tragó saliva, sus ojos clavados en la pantalla, pero yo noté cómo su pantalón se tensaba. Sí, cabrón, ya te pillé. Rozamos los brazos por accidente, su piel caliente contra la mía, erizada de vello fino. El deseo crecía como lava, lento pero imparable. Le quité el cel de las manos y lo puse en la mesita, mi mano quedándose en su muslo.

"¿Quieres ver la tele o algo más real, Marco?"
le susurré, mi aliento cálido en su oreja, oliendo a menta de mi chicle.

Acto dos de esta pinche noche loca empezó con sus labios en los míos. Fue un beso suave al principio, explorando, saboreando el sudor salado de su cuello mientras él me cargaba a horcajadas. Sus manos grandes, callosas del trabajo en construcción, me amasaron las nalgas, apretando la carne blanda que tanto me gustaba. Neta que este wey sabe lo que hace, pensé, mientras mi lengua bailaba con la suya, un torbellino de saliva y calor. El sonido de nuestras respiraciones agitadas competía con los gemidos de la Pasiones TV APK de fondo, como banda sonora perfecta.

Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al aire. Sus labios chupaban mis tetas, la lengua rodeando los pezones duros como piedras, enviando descargas directas a mi clítoris palpitante. Olía a su colonia masculina, terrosa y adictiva, mezclada con el olor almizclado de su excitación. Yo le bajé el pantalón, liberando esa verga gruesa, venosa, que saltó dura como fierro. La tomé en la mano, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel suave, el calor irradiando a mi palma.

"Qué rica verga tienes, pendejo"
, le dije riendo bajito, y él gimió, "Tú sí que estás mojada, Ana, neta que te quiero chingar ya".

La tensión subía como el volumen de la app, que ahora mostraba a la pareja cogiendo en posiciones que me daban ideas. Lo empujé contra las almohadas, montándome encima, frotando mi panocha empapada contra su pito. El roce era eléctrico, mi jugo lubricando todo, el sonido chap chap de carne húmeda resonando. Internamente luchaba: ¿Voy despacio o me lo echo de una? Quiero que dure, que me haga rogar. Él me miró con ojos negros de lobo, manos en mis caderas guiándome, sus dedos hundiéndose en la carne suave.

Gradual, como buena telenovela, pasamos a misionero. Me abrió las piernas, besando el interior de mis muslos, lamiendo hasta llegar a mi concha hinchada. Su lengua era mágica, plana y ancha, lamiendo de abajo arriba, saboreando mis jugos dulces y salados. Gemí fuerte, el cuarto girando, oliendo a sexo puro, sudor y deseo. ¡Chingado, qué rico! No pares, cabrón. Introdujo dos dedos, curvándolos justo en mi punto G, mientras chupaba el clítoris. Mi cuerpo se arqueó, tetas rebotando, el placer acumulándose como tormenta.

Pero no solté todo aún. Lo volteé, poniéndome en cuatro, mi culo en pompa invitándolo. Él se colocó atrás, la cabeza de su verga rozando mi entrada, untándose de mis fluidos.

"Dime si quieres que te la meta, Ana"
, jadeó. Sí, pinche provocador. "Chíngame ya, Marco, no seas menso". Empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena, el grosor llenándome, el choque de sus huevos contra mi clítoris. Empezó a bombear, primero suave, luego más duro, el plaf plaf de piel contra piel, sus manos jalándome el pelo con cuidado, mi espalda arqueada.

El clímax se acercaba. Cambiamos a vaquera inversa, yo controlando el ritmo, rebotando sobre él, mis nalgas aplastándose contra su pubis. Sudor corría por mi espinazo, goteando en su pecho, el olor a sexo intenso, almizcle y semen preeyaculatorio. Sus manos amasaban mis tetas desde atrás, pellizcando pezones. Ya mero, ya viene. Gritó mi nombre,

"¡Ana, me vengo!"
, y yo exploté, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer mojando las sábanas. Él se vació dentro, caliente y espeso, pulsando.

Acto final, el afterglow. Nos quedamos tirados, jadeando, cuerpos pegajosos entrelazados. El cel seguía con la Pasiones TV APK murmurando pasiones ajenas, pero las nuestras eran reales. Besos suaves ahora, lenguas perezosas saboreando el sudor salado. Esto fue chingón, neta que la app fue el detonante perfecto, pensé, mientras su mano acariciaba mi pelo húmedo. Olía a nosotros, a sexo satisfecho, a promesas de más noches así.

Marco se acurrucó contra mí, su verga semi-dura rozando mi muslo.

"¿Vemos otra en la Pasiones TV APK?"
bromeó. Reí, besándolo. No mames, ya quiero round dos. La noche terminaba con esa calidez en el pecho, no solo física, sino algo más profundo, como si hubiéramos cruzado una línea invisible. Mañana sería otro día, pero esta pasión descargada quedaría grabada en mi piel, en mis sentidos, lista para encenderse de nuevo.

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