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Pasión Capítulo 48 El Fuego que Nos Consume

6394 palabras

Pasión Capítulo 48 El Fuego que Nos Consume

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te acariciara con dedos invisibles. Bajé del Uber con el corazón latiéndome a mil, el vestido rojo ceñido a mi cuerpo como una promesa de lo que vendría. Hacía semanas que no veía a Marco, mi pendejo favorito, el que me volvía loca con solo una mirada. Su penthouse en la torre brillaba con las luces de la ciudad de fondo, y yo ya sentía ese cosquilleo entre las piernas, ese hambre que solo él sabía saciar.

Subí en el elevador, oliendo mi propio perfume mezclado con el jazmín del lobby.

Esta es nuestra Pasión Capítulo 48, pensé, el capítulo donde todo explota de nuevo.
La puerta se abrió y ahí estaba él, en camisa blanca desabotonada, pantalón de vestir ajustado que marcaba lo que yo tanto anhelaba. Sus ojos oscuros me devoraron de arriba abajo.

"Mamacita", murmuró con esa voz ronca que me eriza la piel, "ven acá, que te extrañé un chingo". Me jaló hacia él, sus manos grandes en mi cintura, y me besó como si el mundo se acabara. Sentí su lengua invadiendo mi boca, sabor a tequila y menta, mientras sus dedos se clavaban en mi carne. Mi cuerpo respondió al instante, pezones endureciéndose contra el encaje del brasier, y un jadeo se me escapó cuando su mano bajó a mi nalga y apretó.

Nos tropezamos hasta el sofá de piel, el más chido del departamento, con vista al skyline de la CDMX. La ciudad parpadeaba allá abajo, pero yo solo veía su cara, esa mandíbula cuadrada, el sudor empezando a perlar su frente. "Te ves riquísima, Ana", dijo, mordisqueándome el lóbulo de la oreja. Su aliento caliente me hacía temblar. Le quité la camisa de un tirón, recorriendo con las uñas su pecho velludo, oliendo su colonia masculina mezclada con su aroma natural, ese que me hace mojarme como tonta.

Me recargó en el respaldo, besando mi cuello, bajando lento por el escote. Sentí sus dientes rozando mi piel, un escalofrío que me recorrió la espina. "Despacio, cabrón", le susurré, pero mis manos ya tiraban de su cinturón. Él rio bajito, ese sonido gutural que vibra en mi vientre. "No mames, si tú eres la que me prende como mecha". Sus labios llegaron a mis tetas, liberándolas del vestido con maestría. Chupó un pezón, lo succionó fuerte, y yo arqueé la espalda, gimiendo alto. El sonido rebotó en las paredes de vidrio, pero qué importaba, estábamos solos en las alturas.

El deseo crecía como ola en el Pacífico, pero él sabía jugar. Me levantó en brazos, mis piernas envolviéndolo, y me llevó al cuarto. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Me tiró con cuidado, gateando sobre mí como pantera. "Quiero comerte entera", gruñó, bajando mi vestido hasta los tobillos. Quedé en tanga roja, empapada ya. Él olió mi entrepierna, inhalando profundo. "Chingao, qué buena hueles, mi amor". Sus dedos separaron la tela, rozando mi clítoris hinchado. Gemí, el toque eléctrico, como chispas en mi piel.

En este capítulo 48 de nuestra pasión, no hay vuelta atrás, pensé, solo puro fuego.

Marco se quitó el pantalón, su verga saltando libre, gruesa y venosa, apuntándome como arma lista. La saliva se me hizo agua en la boca. Me arrodillé en la cama, tomándola en la mano, sintiendo el pulso caliente bajo la piel. Lamí la punta, salado y almizclado, su sabor me invadió. Él metió los dedos en mi pelo, guiándome suave. "Así, chula, trágatela toda". La chupé profundo, garganta relajada, escuchando sus jadeos roncos, el slap de mis labios contra su carne. Él se movía lento, follando mi boca con ternura salvaje, y yo me tocaba, dedos hundiéndose en mi humedad.

Pero quería más. Lo empujé a la cama, montándome a horcajadas. Su verga rozó mi entrada, lubricada y ansiosa. "Entra ya, wey", le rogué, bajando despacio. Sentí cada centímetro estirándome, llenándome hasta el fondo. Un grito se me escapó, placer puro quemándome por dentro. Empecé a moverme, caderas girando como en salsa, tetas rebotando. Él las atrapó, pellizcando pezones, mirándome con ojos en llamas. El sudor nos unía, piel resbalosa, olor a sexo llenando la habitación. Sus manos en mis nalgas, guiando el ritmo, más rápido, más duro.

"Estás apretada como virgen, Ana", jadeó, embistiéndome desde abajo. Cada choque de pelvis era un trueno, mi clítoris frotándose contra su pubis. El placer subía en espiral, tensión en el vientre, piernas temblando. Lo besé feroz, mordiendo su labio, sabor a sangre y deseo. Cambiamos, él encima ahora, misionero profundo. Sus músculos flexionados, abdomen contra el mío, el peso delicioso aplastándome. Follando sin prisa al principio, luego salvaje, la cama crujiendo, cabezal golpeando la pared.

Mi mente era un torbellino.

Esto es lo que necesitaba, su verga partiéndome en dos, su amor consumiéndome.
Sentí el orgasmo acercándose, como marejada. "¡Ya, Marco, no pares!", grité. Él aceleró, huevos golpeando mi culo, gruñendo mi nombre. Exploté primero, coño contrayéndose alrededor de él, olas de éxtasis sacudiéndome, visión borrosa, grito ahogado. Él siguió, unos embistes más, y se vino dentro, chorros calientes inundándome, su cuerpo convulsionando sobre el mío.

Caímos jadeantes, enredados, el aire espeso con nuestro olor. Su verga aún dentro, palpitando suave. Besos lentos ahora, lenguas perezosas. "Te amo, carnal", murmuró contra mi cuello, acariciando mi espalda sudada. Yo sonreí, dedos en su pelo revuelto. La ciudad seguía viva afuera, pero nosotros en nuestra burbuja.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando el sudor, jabón espumoso en curvas y músculos. Sus manos me enjabonaron las tetas, yo la suya verga, risas y besos bajo la regadera. Secos, nos metimos a la cama desnudos, piel contra piel. Pasión Capítulo 48 había sido épico, pero sabía que vendrían más. Con la cabeza en su pecho, oyendo su corazón calmarse, pensé en lo afortunada que era. Mañana el mundo seguiría, pero esta noche era nuestra, eterna en el fuego que nos unía.

El sueño llegó suave, envuelta en su calor, soñando con el próximo capítulo de nuestra historia ardiente.

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