Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad El Diario de una Pasión Noah El Diario de una Pasión Noah

El Diario de una Pasión Noah

6986 palabras

El Diario de una Pasión Noah

Querido diario, hoy siento que mi piel arde solo de recordarlo. Todo empezó hace tres meses en esa fiesta en Polanco, con luces tenues y el eco de salsa que retumbaba en el aire cargado de perfume caro y sudor sutil. Yo, Valeria, con mi vestido rojo ceñido que me hacía sentir como una diosa mexicana, lista para devorar la noche. Ahí lo vi: Noah, el gringo alto con ojos verdes que brillaban como el mar de Cancún al atardecer, sonrisa pícara y un cuerpo esculpido que gritaba aventura. Neta, wey, desde el primer vistazo mi panocha se mojó sin piedad.

Nos acercamos bailando, sus manos grandes rozando mi cintura, el calor de su aliento en mi cuello oliendo a tequila reposado y canela. "Eres fuego puro, Valeria", me susurró al oído, su voz grave vibrando en mi pecho como un tamborazo zacatecano. Yo reí, juguetona: "Tú ni te imaginas lo que quemo, güero". Esa noche no pasó de besos robados en la terraza, labios suaves mordisqueando los míos, lenguas enredadas con sabor a margarita salada. Me fui a casa con las bragas empapadas, tocándome bajo las sábanas imaginando su verga dura empujando dentro de mí. ¡Pinche tentación!

Primera entrada: El encuentro que encendió la mecha. Quiero más, diario. Quiero que Noah me haga suya hasta que grite su nombre al cielo de la Ciudad de México.

Acto siguiente, carnal. Quedamos en verme en su hotel en Reforma, suite con vista al Ángel custodiando la urbe. Llegué oliendo a jazmín y deseo, falda corta que ondeaba con cada paso, tetas libres bajo la blusa de seda. Él abrió la puerta en jeans ajustados que marcaban su paquete generoso, torso desnudo brillando con gotas de sudor post-gym. "Ven aquí, mi reina mexicana", gruñó, jalándome adentro. Sus brazos me envolvieron, piel contra piel ardiente, olor a hombre limpio mezclado con feromonas que me mareaban.

Nos besamos como poseídos, sus manos explorando mis curvas, apretando mi culo firme mientras yo clavaba uñas en su espalda musculosa. "Te deseo tanto, Valeria, desde que te vi quise comerte entera", jadeó contra mi boca. Bajó la blusa, chupando mis pezones oscuros que se endurecieron como piedras de obsidiana, lengua girando en círculos que me hacían arquear la espalda. Gemí bajito, "Sí, Noah, métetela, no pares". Mis dedos bajaron a su bragueta, liberando esa verga gruesa, venosa, palpitante, con gota precorial brillando en la punta. La lamí despacio, sabor salado y almizclado invadiendo mi lengua, mientras él gemía "¡Chingada, qué boca tan rica!". Lo chupé hondo, garganta apretando, bolas pesadas en mi mano, hasta que me levantó y me tiró en la cama king size.

Ahí empezó el verdadero fuego. Me quitó la falda, lamió mi panocha depilada, labios hinchados de excitación, clítoris latiendo como tambor. Su lengua experta danzaba, succionando jugos dulces que manaban sin control, olor a sexo puro llenando la habitación. "Estás tan mojada por mí, mamacita", murmuró, dedos gruesos entrando y saliendo, curvándose en mi punto G hasta que exploté en su boca, piernas temblando, grito ahogado: "¡Noooah!". Él se incorporó, ojos salvajes, y me penetró de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. Sentí cada vena rozando mis paredes internas, su pubis chocando contra mi clítoris, ritmo lento al principio, piel sudada pegándose, sonidos húmedos de carne contra carne.

Me volteó a cuatro patas, jalándome el pelo suave como en un rodeo erótico, embistiéndome fuerte. "¡Dame más, pendejo caliente!", le exigí, empujando mi culo contra él, tetas rebotando. El slap-slap de sus caderas contra mis nalgas resonaba, sudor goteando en mi espalda, su aliento jadeante en mi oreja: "Eres mi adicción, Valeria, esta panocha apretada me va a matar". Aceleró, bolas golpeando mi clítoris, yo masturbándome frené mientras él me cogía como bestia. El orgasmo nos golpeó juntos, su leche caliente inundándome, mis contracciones ordeñándolo hasta la última gota. Colapsamos, cuerpos entrelazados, piel pegajosa, risas entre jadeos.

Segunda entrada: Sexo que trasciende lo físico. Noah no es solo verga, es conexión. Mi corazón late al ritmo de sus embestidas. ¿Será amor o pura lujuria? Neta, no importa, lo quiero adentro siempre.

Los días siguientes fueron un torbellino de pasión. Paseos por el Bosque de Chapultepec, besos bajo los ahuehuetes centenarios, olor a tierra húmeda y flores. Noches en su cama, experimentando: él atándome las manos con su corbata de seda, yo cabalgándolo despacio, controlando el ritmo, mis caderas girando como en un huapango sensual. Sentía su verga pulsar dentro, mis jugos chorreando por sus muslos, pezones rozando su pecho velludo. "Córrete para mí, Noah, lléname otra vez", le ordenaba, y él obedecía, gruñendo mi nombre mientras explotaba.

Pero vino el conflicto, diario. Una noche, después de cogernos en la ducha –agua caliente cascando sobre nosotros, jabón resbaloso en curvas, su dedo en mi ano mientras me penetraba por delante–, me confesó: "Vuelvo a Estados Unidos pronto, Valeria. Esto es temporal". Mi pecho se apretó, lágrimas mezcladas con agua. "No mames, Noah, ¿y esta pasión qué?". Él me abrazó fuerte, pieles aún calientes. "Es real, mi amor. Hagamos que cada segundo cuente". Esa vulnerabilidad nos unió más. Esa noche hicimos el amor lento, misionero profundo, ojos clavados, besos eternos. Sus caderas rodando, rozando mi clítoris con precisión, mis piernas enredadas en su cintura. Gemidos suaves, suspiros, olor a sexo maduro y amor naciente. El clímax fue olas suaves, prolongado, su semen derramándose mientras yo temblaba en éxtasis compartido.

El clímax de todo fue en Puerto Vallarta, escapada sorpresa. Playa al amanecer, arena tibia bajo pies descalzos, olas rompiendo con salitre en el aire. Rentamos una cabaña frente al mar, hamaca crujiendo mientras nos amábamos al aire libre. Noah me untó aceite de coco, manos masajeando tetas, vientre, panocha, olor tropical invadiendo sentidos. Me penetró de lado, mar rugiendo de fondo, sol besando nuestra piel dorada. "Eres mi pasión eterna, Valeria", jadeó, ritmo building como tormenta. Yo arañé su espalda, "Cógeme hasta que el sol se esconda, carnal". Orgasmo brutal, gritos ahogados por viento, cuerpos convulsionando en unisono, arena pegada a sudor.

Ahora, de vuelta en la CDMX, escribo esto con el sabor de él aún en mis labios. Noah se fue ayer, pero dejó su esencia en mí. Abro las piernas y siento su fantasma. Esta pasión no muere; la llevo en el alma. El diario de una pasión Noah termina aquí, pero nuestra historia... esa sigue latiendo, caliente y viva.

Última entrada: Adiós no es fin, es pausa ardiente. Te espero, Noah. Mi cuerpo te llama.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.