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Novela Pasión Capítulos Completos de Deseo Ardiente

6528 palabras

Novela Pasión Capítulos Completos de Deseo Ardiente

El sol del atardecer en Playa del Carmen te acaricia la piel con sus últimos rayos anaranjados, mientras la brisa salada del mar Caribe juega con tu cabello suelto. Estás en la fiesta privada de un resort de lujo, rodeada de risas, música reggaetón retumbando desde los altavoces y el olor a coco fresco mezclado con piña colada. Llevas un vestido ligero de tirantes que se pega a tus curvas por el calor húmedo, y sientes cada paso en la arena tibia como una promesa de algo salvaje. Qué chido estar aquí, wey, piensas, mientras tomas un sorbo de tu drink helado, el ron quemándote la garganta con dulzor.

Entonces lo ves. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que ilumina sus ojos cafés intensos. Se llama Luis, te lo presenta un amigo común. "Órale, qué mamacita tan rica", dice él con voz grave, extendiendo la mano. Su palma es cálida, áspera por el trabajo en el gym que se nota en sus brazos definidos. Tú respondes con una risa coqueta, neta, este vato me prende con solo mirarme. Bailan pegados al ritmo de Bad Bunny, su cuerpo presionado contra el tuyo, el sudor comenzando a perlar su cuello. Sientes el latido de su corazón acelerado contra tu pecho, el roce de su cadera contra la tuya, y un cosquilleo sube por tus muslos.

Esto parece el arranque de una novela pasión capítulos completos, de esas que te dejan mojadita página tras página

La noche avanza, las luces de neón parpadean sobre la playa, y el sonido de las olas rompiendo se mezcla con gemidos lejanos de otras parejas. Luis te susurra al oído, su aliento caliente oliendo a tequila y menta: "Ven pa'cá, no mames, no puedo dejar de pensar en cómo te verías sin ese vestido". Tú lo miras, mordiéndote el labio, el deseo ardiendo en tu vientre como chile habanero. "¿Y tú qué esperas, pendejo? Llévame a tu suite y demuéstramelo", respondes juguetona, tu voz ronca por la anticipación. Caminan tomados de la mano por el pasillo iluminado tenuemente del hotel, el aire acondicionado erizando tu piel, cada paso acelerando tu pulso.

En la suite, la puerta se cierra con un clic suave, y él te empuja contra la pared con gentileza firme. Sus labios capturan los tuyos en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a sal y ron. Sientes su barba incipiente raspando tu barbilla, sus manos grandes explorando tu espalda, bajando hasta apretar tu culo con posesión tierna. Sí, así, cabrón, tócame toda, piensas mientras gimes bajito. Él desliza los tirantes de tu vestido, exponiendo tus pechos al aire fresco; sus pulgares rozan tus pezones endurecidos, enviando descargas eléctricas directo a tu centro húmedo.

Te lleva a la cama king size, las sábanas blancas crujiendo bajo tu peso. Luis se quita la camisa, revelando un torso esculpido, vello oscuro bajando hacia su abdomen marcado. Tú lo jalas hacia ti, besando su pecho, lamiendo el sudor salado de su piel, inhalando su aroma masculino mezclado con la colonia cítrica que usa. "Estás bien chingón, Luis. Quiero probarte", murmuras, desabrochando su pantalón. Su verga salta libre, dura como piedra, venosa y palpitante. La tocas con manos temblorosas, sintiendo el calor irradiando, el pulso latiendo bajo tus dedos. Él gruñe, "Chúpamela, mi reina, hazme tuyo".

Te arrodillas, el suelo alfombrado suave bajo tus rodillas, y lo tomas en la boca lentamente. El sabor almizclado te invade la lengua, salado y adictivo, mientras lo succionas profundo, oyendo sus jadeos roncos: "¡Neta, qué mamada tan rica! No pares, amor". Tus jugos corren por tus muslos, la panocha palpitando de necesidad. Él te levanta, te tumba en la cama y separa tus piernas con devoción. Por fin, ven a mí. Su boca encuentra tu clítoris hinchado, lengua experta lamiendo círculos, chupando con succión perfecta. Sientes el roce húmedo, el calor de su aliento, olas de placer subiendo desde tu núcleo. Gritas, arqueándote, "¡Sí, Luis, cómete mi panocha! ¡Me vengo!", el orgasmo explotando como fuegos artificiales, tu cuerpo temblando, jugos inundando su rostro.

Pero no para ahí. La tensión crece mientras él se posiciona entre tus piernas, la punta de su verga rozando tu entrada empapada. Entra ya, lléname, suplicas en silencio. "¿Estás lista, preciosa? Te voy a follar como nunca", dice él, ojos clavados en los tuyos pidiendo permiso. Tú asientes, "Dale, métemela toda, consensual y chingón". Empuja lento al inicio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente, el ardor placentero mezclándose con plenitud. Sientes cada vena rozando tus paredes internas, su pubis chocando contra tu clítoris. El ritmo acelera, piel contra piel cacheteando, sudor goteando, gemidos sincronizados con el vaivén de las olas afuera.

Él te voltea, te pone a cuatro patas, el espejo frente reflejando tu cara de éxtasis, pechos bamboleando. Agarra tus caderas, embiste profundo, "¡Qué culazo tan perfecto! Eres mi diosa". Tú respondes empujando hacia atrás, "Más fuerte, wey, hazme gritar". El olor a sexo impregna la habitación, almizcle y deseo puro. Tus uñas se clavan en las sábanas, el placer acumulándose como tormenta. Él alcanza alrededor, frotando tu botón con dedos hábiles, y sientes la liberación acercándose. "¡Me corro contigo, Luis!", gritas, el clímax partiéndote en dos, contracciones ordeñando su verga. Él ruge, "¡Sí, toma mi leche, amor!", llenándote con chorros calientes, profundo y empoderador.

Colapsan juntos, cuerpos entrelazados, respiraciones entrecortadas calmándose. Su mano acaricia tu cabello húmedo, besos suaves en tu frente. El aire se enfría, pero su calor te envuelve. Esto fue épico, como los capítulos completos de una novela pasión que no quieres que acabe, piensas, sonriendo. Fuera, las olas susurran aprobación, la luna alta testigo de su unión.

Despiertan al amanecer, piel pegajosa y satisfecha. Comparten café en la terraza, vistas al mar turquesa, riendo de la noche. "Neta, fuiste la mejor follada de mi vida", confiesa él. Tú respondes, "Y tú el que me hizo sentir reina. ¿Repetimos capítulos?". Se besan lento, promesa de más. La pasión no se apaga; arde eterna, como arena caliente bajo pies descalzos.

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