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Pasión y Poder Capítulo 33 El Abrazo del Dominio

6534 palabras

Pasión y Poder Capítulo 33 El Abrazo del Dominio

Valeria caminaba por el pasillo del hotel en Polanco con el corazón latiéndole como tambor en fiesta. El vestido rojo ceñido a su cuerpo curvilíneo susurraba contra su piel morena cada vez que daba un paso, y el aroma de su perfume de jazmín y vainilla flotaba en el aire cargado de murmullos elegantes. Era la gala anual de empresarios, y ella, como dueña de una cadena de spas de lujo en todo México, no podía permitirse ni un solo error. Pero ahí estaba él, Alejandro, el macho alfa de la competencia, con su traje negro impecable y esa mirada que prometía tormentas.

¿Por qué carajos me pone así este pendejo? Pensó Valeria mientras lo veía recargado en la barra, con un whisky en la mano. Sus ojos oscuros la recorrían como si ya la estuviera desnudando, y un calor traicionero se extendía desde su vientre hasta sus muslos.

Se acercó con la cabeza en alto, sintiendo el roce sedoso de la tela en sus pezones endurecidos. "Buenas noches, Alejandro. ¿Vienes a espiarme o a robarme clientes?", le dijo con voz ronca, juguetona, mientras tomaba una copa de champagne que burbujeaba fresco en su lengua.

Él sonrió, esa sonrisa lobuna que le hacía cosquillas en el alma. "Valeria, mi reina del lujo. Vine por ti. Sabes que nuestro negocio es pasión y poder, ¿no? Como en esas telenovelas que tanto te gustan". Su aliento olía a tabaco fino y deseo, y cuando su mano rozó la de ella al pasarle la copa, un chispazo eléctrico la recorrió entera.

La tensión creció como el humo de un volcán. Hablaron de fusiones y adquisiciones, pero cada palabra era un preámbulo. Él la desafiaba con comentarios pícaros: "Tú mandas en tus spas, pero aquí, conmigo, ¿quién tiene el poder?". Ella reía, pero por dentro ardía. Órale, este wey me trae loca, se repetía, imaginando sus manos fuertes explorándola.

Al final de la noche, cuando la música salsa llenaba el salón con ritmos calientes, Alejandro la tomó de la cintura. "Vamos a mi suite. Hagamos nuestro propio capítulo 33 de pasión y poder". Valeria no dudó. Su cuerpo gritaba sí antes que su mente.

En el elevador, el aire se espesó. Sus cuerpos se pegaron, y ella sintió la dureza de su erección contra su vientre. "Qué rico hueles", murmuró él, inhalando su cuello. Sus labios rozaron la piel sensible, enviando ondas de placer que le humedecieron las bragas de encaje. Valeria jadeó, sus uñas clavándose en su espalda a través de la camisa.

Esto es una locura, pero qué chingón se siente entregar el control por una noche
, pensó, mientras sus lenguas se enredaban en un beso voraz, saboreando el champagne y el hambre mutua.

La suite era un paraíso de lujo: luces tenues, sábanas de satén negro, vista a las luces de la Ciudad de México parpadeando como estrellas caídas. Alejandro la empujó suavemente contra la pared, sus manos grandes abarcando sus senos plenos. "Quítate el vestido, mi amor. Quiero verte toda". Su voz era un ronroneo grave que vibraba en su clítoris.

Valeria obedeció, deslizando la cremallera con lentitud tortuosa. El vestido cayó como una cascada roja, revelando su lencería roja fuego. Él gruñó de aprobación, sus ojos devorándola. "Eres una diosa, Valeria. Tan poderosa, tan cachonda". Se arrodilló, besando su ombligo, bajando hasta el borde de las bragas. El olor de su excitación lo invadió, almizclado y dulce, como miel caliente.

Ella temblaba, el suelo frío bajo sus pies descalzos contrastando con el fuego en su piel. "Tócame, Alejandro. Hazme tuya". Él obedeció, lamiendo su interior a través de la tela húmeda. El roce de su lengua era eléctrico, un vaivén que la hacía gemir alto, sus caderas moviéndose solas. No mames, qué rico lame este cabrón, pensó, mientras sus dedos se hundían en su cabello negro revuelto.

La llevó a la cama, quitándole todo. Desnuda, su piel bronceada brillaba bajo la luz. Él se desvistió rápido, revelando un torso musculoso, marcado por horas en el gym, y una verga gruesa, palpitante, que la hizo salivar. "Chúpamela, reina. Muéstrame tu poder". Valeria se lamió los labios, arrodillándose. Tomó su miembro en la mano, sintiendo su calor y grosor, venoso y vivo. Lo lamió desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Él jadeaba, "¡Qué chula mamada, Valeria! No pares". Ella succionaba con hambre, su lengua girando, mientras sus tetas rebotaban con el movimiento.

Pero Alejandro quería más. La tumbó boca arriba, abriéndole las piernas. "Ahora te voy a follar como mereces". Entró en ella de un solo empujón, llenándola por completo. Valeria gritó de placer, sus paredes internas apretándolo como guante. El sonido de piel contra piel llenó la habitación, chapoteos húmedos y gemidos roncos. "¡Más duro, pendejo! ¡Dame todo tu poder!", exigía ella, arañando su espalda.

Él aceleró, embistiéndola profundo, su sudor goteando en sus senos. Ella olía su masculinidad cruda, mezclada con su propio jugo. Cada roce de su pubis contra su clítoris era fuego puro.

Esto es pasión y poder capítulo 33 en carne viva, carajo. Nunca sentí tanto
, rugía en su mente mientras el orgasmo se acercaba como tormenta.

Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándolo como amazona. Sus caderas giraban, sintiendo cada centímetro de él rozando su punto G. "¡Sí, así, mi reina! Córrete en mi verga". Valeria se arqueó, sus pezones duros rozando su pecho peludo. El clímax la golpeó como ola gigante: temblores violentos, jugos chorreando, un grito gutural que salió de su garganta. "¡Me vengo, Alejandro! ¡Ay, Dios!".

Él la siguió segundos después, gruñendo como bestia, llenándola con chorros calientes que la hicieron estremecer de nuevo. Se derrumbaron juntos, jadeantes, piel pegajosa de sudor, corazones latiendo al unísono.

En el afterglow, él la abrazó, besando su frente húmeda. "Eres increíble, Valeria. Poder y pasión en una sola mujer". Ella sonrió, trazando círculos en su pecho con la uña. "Y tú mi igual, carnal. Esto no fue solo sexo, fue un pacto".

Se quedaron así, envueltos en sábanas revueltas, el aroma de sexo impregnando el aire. Afuera, la ciudad ronroneaba indiferente, pero en esa cama, habían reescrito su historia. Pasión y poder capítulo 33, pensó ella, cerrando los ojos con una sonrisa satisfecha. Mañana volverían a ser rivales, pero esta noche, eran dueños del mundo.

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