Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Pasión Obsesiva Online Latino Pasión Obsesiva Online Latino

Pasión Obsesiva Online Latino

6633 palabras

Pasión Obsesiva Online Latino

Estaba sola en mi depa de la Roma, con el ruido de los coches en Insurgentes de fondo y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Tenía veintiocho años, un curro de diseñadora gráfica que me dejaba tiempo libre de sobra, pero esa noche el tedio me carcomía. Neta, necesito algo que me prenda, pensé mientras abría mi laptop. Recordé ese chat online latino que una amiga mencionó, un lugar donde la gente se soltaba sin rollos. "Pasión obsesiva online latino", se llamaba el foro. Sonreí con picardía. ¿Por qué no?

Me creé un perfil rápido: AnaLocaCDMX, con una foto mía en bikini de la playa en Cancún, el sol besando mi piel morena. Empecé a navegar, el cursor parpadeando como un latido ansioso. Ahí estaba él: CarlosGuadalajara, treinta y dos, con una foto de perfil que mostraba unos ojos cafés intensos y una sonrisa que prometía travesuras. Su bio decía: "Buscando esa chispa que queme todo". Mandé un mensaje: "Órale, guapo, ¿qué onda por allá?"

Su respuesta llegó en segundos: "¡Ey, mamacita! Aquí en GDL, listo para encender la noche. Tú traes fuego en esa foto, neta." El corazón me dio un brinco. Empezamos a platicar, las palabras fluyendo como tequila en una fiesta. Me contó de su vida como ingeniero en una cervecera, de cómo extrañaba el calor de una mujer de verdad. Yo le hablé de mis noches solitarias, de cómo mi ex pendejo me dejó seca. La pantalla se llenó de risas virtuales, emojis calientes y confesiones que me erizaban la piel.

Este wey me tiene clavada. Su voz en los audios... ronca, como si me estuviera susurrando al oído.

Pasaron horas. Le mandé una foto más sugerente, mi escote asomando bajo una blusa ligera. Él respondió con una de su torso desnudo, músculos marcados por el gym, un tatuaje de águila en el pecho que gritaba macho mexicano. "Quiero oler tu perfume, Ana. Imagino tu piel suave contra la mía." Me mordí el labio, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Esa noche me toqué pensando en él, mis dedos húmedos deslizándose mientras su voz grabada repetía mi nombre.

Al día siguiente, la obsesión creció. Mensajes a cada rato: buenos días con fotos del sol saliendo sobre el Tequila Valley, buenas noches con promesas sucias. "Te imagino montándome, tus chichis rebotando, gimiendo mi nombre." Le contesté con un video corto, mi mano bajando por mi panza, deteniéndose en el borde de mis calzones. ¡Qué chido! Nunca me había sentido tan deseada. Hablamos por video por primera vez esa tarde. Su cara llenó la pantalla, barba de tres días, ojos que me devoraban. "Eres más rica en vivo, Ana. Muéstrame más."

Me quité la playera despacio, mis pezones endureciéndose al aire fresco del cuarto. Él se bajó los pantalones, su verga gruesa saltando libre, venosa y lista. Nos masturbamos mutuamente por cam, jadeos sincronizados, sudor perlando su frente. "¡Ven a Guadalajara, carnala! No aguanto más." El clímax llegó como un volcán, mi cuerpo convulsionando mientras gritaba su nombre, el sabor salado de mis labios mordidos.

Pero no era solo sexo. Entre sesiones calientes, compartíamos sueños. Él de abrir su propio negocio de mezcal, yo de viajar por México en una troca. "Eres mi musa, Ana. Esta pasión obsesiva online latino nos va a unir de a de veras." Reí, pero en el fondo sabía que era verdad. La tensión crecía: quería sentir su aliento caliente en mi cuello, sus manos callosas apretándome las nalgas. Compré un boleto de avión esa misma semana. ¡Neta voy a explotar si no lo tengo ya!

Llegué al aeropuerto de GDL un viernes al atardecer, el aire cargado de olor a tierra mojada y tacos de carnitas de un puesto cercano. Él esperaba con una chamarra de cuero, flores en la mano y esa sonrisa que me derretía. Me abrazó fuerte, su cuerpo duro contra el mío, su colonia amaderada invadiendo mis sentidos. "¡Por fin, mi reina!" Sus labios capturaron los míos en un beso voraz, lenguas danzando con urgencia, el mundo desvaneciéndose.

En su troca rumbo a su casa en Zapopan, su mano subió por mi muslo, dedos rozando mi entrepierna a través del jeans. "Estás mojada, ¿verdad?" Asentí, gimiendo bajito mientras él aceleraba. Su depa era chido: vista a las luces de la ciudad, cama king size con sábanas de algodón egipcio. No perdimos tiempo. Me desnudó con hambre, besando cada centímetro de mi piel, lamiendo mis pezones hasta que dolían de placer. "¡Qué rica panza tienes, suave como masa de tamal!"

Caí de rodillas, su verga palpitando frente a mí, olor almizclado a hombre excitado. La lamí despacio, saboreando la sal de su prepucio, metiéndomela hasta la garganta mientras él gruñía: "¡Así, mamacita, chúpamela toda!" Sus manos enredadas en mi pelo, guiándome con fuerza pero tierna. Me levantó, me tiró a la cama y se hundió entre mis piernas, su lengua experta en mi clítoris, chupando y mordisqueando hasta que arqueé la espalda, el cuarto llenándose de mis alaridos.

Su boca es fuego puro. Cada lamida me manda chispas por la espalda.

Me volteó boca abajo, nalgueándome suave: "¡Qué culazo, Ana! Te voy a romper." Entró de golpe, su verga llenándome por completo, estirándome delicioso. El slap de piel contra piel, sus bolas golpeando mi trasero, el sudor goteando de su pecho a mi espalda. "¡Más duro, Carlos, fóllame como animal!" Empujaba como poseído, mis paredes apretándolo, el orgasmo construyéndose como tormenta. Grité cuando exploté, jugos chorreando por mis muslos, él siguiéndome segundos después, llenándome con chorros calientes que sentí palpitar dentro.

Nos derrumbamos jadeantes, cuerpos enredados, el aroma a sexo impregnando el aire. Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón galopante calmarse. "Esto fue más que online, wey. Es real." Él besó mi frente: "Pasión obsesiva online latino que se volvió eterna, mi amor."

Pasamos el fin de semana en una burbuja: desayunos de chilaquiles con sus manos vagando por mi cuerpo desnudo, duchas donde nos enjabonábamos mutuamente, risas y más rondas de sexo salvaje. En la terraza al atardecer, con mariachi lejano sonando, me penetró de lado, lento y profundo, susurrando promesas. "Te quiero aquí siempre, Ana. Hagamos esto oficial."

Al despedirme en el aeropuerto, lágrimas picando pero felices, supe que no era el fin. "Vuelve pronto, o yo voy por ti." En el vuelo de regreso, toqué mi piel aún sensible, oliendo a él. Esta obsesión nos cambió la vida. Y qué chido.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.