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Pasión Cap 15 Fuego en la Piel

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Pasión Cap 15 Fuego en la Piel

Sofía llegó al rooftop de ese hotel en Polanco con el corazón latiéndole como tambor de mariachi. La noche de Ciudad de México se extendía debajo, luces neón parpadeando como promesas calientes. El aire traía olor a jazmín mezclado con el humo dulce de cigarros caros y tequilas reposados. Vestía un vestido rojo ceñido que le marcaba las curvas, sintiendo la tela rozándole la piel como una caricia anticipada. Hacía meses que no veía a Diego, pero cada pasión cap 15 de sus encuentros pasados le ardía en la memoria como capítulo inolvidable de su propia novela erótica.

Él estaba allá, en la barra, con esa camisa blanca desabotonada lo justo para dejar ver el vello oscuro en su pecho. Moreno, ojos cafés intensos, sonrisa pícara que gritaba trouble en mexicano puro. Sofía se acercó, el taconeo de sus zapatos resonando sobre el piso de madera. "¿Qué onda, carnala? ¿Vienes a quemarme vivo otra vez?", le dijo él, voz grave como ronca de tequila, entregándole un shot helado que olía a agave puro.

Bebieron, los vasos chocando con un clink que vibró en su vientre. El líquido bajó ardiente por su garganta, despertando mariposas en el estómago. "Neta, Diego, cada vez que te veo es como si el mundo se pusiera en pausa", murmuró ella, rozando su brazo con los dedos. La piel de él estaba caliente, músculos tensos bajo la tela. Él la miró fijo, inhalando su perfume de vainilla y deseo. "Tú eres mi vicio, Sofi. Mi pasión cap 15, el capítulo donde todo explota".

La música ranchera fusionada con beats electrónicos los envolvió, y bailaron pegados. Sus caderas chocando al ritmo, el sudor empezando a perlar sus nucas. Sofía sentía su verga endureciéndose contra su muslo, dura y prometedora.

Órale, qué chido se siente esto. Quiero que me coma entero aquí mismo
, pensó, mientras su mano bajaba por la espalda de él, apretando su nalga firme. El viento nocturno les refrescaba la piel húmeda, pero el fuego interno crecía.

Se escabulleron a la suite que él había reservado, el pasillo iluminado tenue, alfombra suave bajo sus pies. Apenas cerraron la puerta, Diego la empujó contra la pared, labios devorando los suyos. Sabían a tequila y menta, lenguas enredándose en baile salvaje. ¡Ay, cabrón, besa como dios! Sus manos grandes le subieron el vestido, palmas ásperas rozando sus muslos suaves, subiendo hasta la tanga de encaje húmeda ya.

"Quítamela, Diego, neta que te necesito", jadeó ella, voz ronca de anticipación. Él se arrodilló, lento, ojos clavados en los suyos mientras bajaba la prenda. El aire fresco besó su panocha expuesta, hinchada y lista. Olía a ella, a excitación almizclada que lo enloqueció. "Estás chingona, Sofi, tan mojada por mí". Su lengua la lamió despacio, desde el clítoris hasta la entrada, saboreando su miel salada. Sofía gimió alto, manos enredadas en su pelo negro, caderas empujando contra su boca caliente.

El sonido de sus chupadas húmedas llenaba la habitación, mezclado con sus jadeos. Su barba raspándome justo ahí, qué rico dolorcito. Él metió dos dedos gruesos, curvándolos adentro, tocando ese punto que la hacía ver estrellas. "¡Sí, así, pendejo, no pares!", gritó ella, piernas temblando. El orgasmo la golpeó como ola en Acapulco, cuerpo convulsionando, jugos chorreando por su barbilla.

Diego se levantó, quitándose la camisa con prisa, revelando torso marcado por gym y vida activa. Sofía le desabrochó el pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, goteando precum. La tomó en mano, piel aterciopelada sobre acero, oliendo a hombre puro. "Mírala, toda para ti", gruñó él. Ella se la mamó ansiosa, labios estirándose alrededor de la cabeza, lengua girando en la punta salada. Él gemía ronco, "¡Qué mamada, wey, eres la reina!". El sabor almizclado la volvía loca, succionando hondo hasta la garganta.

La llevó a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra su espalda ardiente. Se puso encima, verga rozándole la entrada, lubricada por sus jugos. "Dime que la quieres, Sofi". "¡Chíngame ya, Diego, hazme tuya!". Empujó lento, centímetro a centímetro, llenándola hasta el fondo. ¡Madre santa, qué llena me siento, partiéndome en dos de placer! El estiramiento ardía dulce, paredes internas apretándolo como guante.

Empezaron a moverse, ritmo pausado al inicio. Sus pechos rebotando contra su pecho, pezones duros rozando vello. Sudor goteando, mezclando sales en sus pieles. Él la besaba el cuello, mordisqueando suave, dejando marcas rojas. "Eres mi fuego, mi pasión cap 15", susurraba al oído, aliento caliente erizándole la piel. Sofía clavaba uñas en su espalda, arañando, dejando surcos rojos. El slap slap de carne contra carne resonaba, cama crujiendo como testigo.

La volteó a cuatro patas, vista al skyline centelleante. Agarró sus caderas anchas, embistiendo hondo, bolas golpeando su clítoris. "¡Más fuerte, carnal, rómpeme!". Él obedeció, polveándola duro, mano bajando a frotar su botón hinchado. Olor a sexo puro inundaba el cuarto, almizcle y sudor. Sus gemidos se volvieron gritos, "¡Me vengo, Diego, ayúname!". Él aceleró, "Yo también, nena, juntos".

El clímax los alcanzó como tormenta. Ella se contrajo alrededor de su verga, ordeñándolo, chorros calientes llenándola hasta rebosar. Él rugió, cuerpo tenso, descargando todo adentro. Colapsaron, enredados, pulsos latiendo al unísono. El aire pesado de sus respiraciones, pieles pegajosas, sabor a sal en sus besos post-sexo.

Después, en la terraza, envueltos en bata suave, fumando un cigarro compartido. Ciudad abajo bullendo indiferente. "Esto fue épico, ¿verdad? Nuestra pasión cap 15, inolvidable", dijo él, acariciándole el pelo. Sofía sonrió, sintiendo el semen aún goteando entre sus muslos, recordatorio cálido.

Qué chido es esto, puro amor carnal sin complicaciones. Ojalá cap 16 sea aún mejor
.

Se durmieron así, luna testigo de su fuego, promesas de más noches ardientes flotando en el aire perfumado de jazmín y deseo satisfecho.

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