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Pasión Novela Final

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Pasión Novela Final

Me senté frente a la laptop en el balcón de mi depa en Polanco, con el sol de la tarde bañando la Ciudad de México en ese calorcito que hace que todo se sienta vivo. El skyline brillaba como en una postal, pero mi mente estaba en otra parte. Llevaba semanas escribiendo Pasión Novela Final, mi historia erótica más cruda y honesta. Era el clímax de la trama: la protagonista, una tipa como yo, rindiéndose por completo a su amante en una noche que lo cambiaría todo. Pero las palabras no fluían. Faltaba algo real, algo que oliera a piel sudada, a besos con sabor a tequila reposado.

Ahí entró Marco, mi muse y mi carnal en todo sentido. Alto, moreno, con esos ojos cafés que te clavan como un pinche flechazo. Traía una charola con dos tequilas y unos taquitos de carnitas que olían a gloria. "Órale, güey, ¿ya terminaste esa novela tuya? Neta, me tienes en ascuas con lo que me contaste del final", dijo con esa voz ronca que me eriza la piel. Se sentó a mi lado, su muslo rozando el mío, y sentí ese cosquilleo familiar subiendo por mi pierna.

Le conté del bloqueo. "Es la pasión novela final, Marco. Necesito sentirla de verdad, no solo imaginarla. ¿Y si... la vivimos?" Mis palabras salieron solas, con el corazón latiéndome como tamborazo en una fiesta. Él sonrió, esa sonrisa pícara que dice "ya valió", y me jaló de la mano hacia adentro. El aire del depa estaba cargado de jazmín del jardín, mezclado con su colonia que huele a madera y deseo.

¿Y si esta noche es el final perfecto? La pasión que cierra todo, como en mi novela.

Empezó lento, como debe ser. Me acorraló contra la pared de la sala, sus manos grandes en mi cintura, apretando justo lo suficiente para que sienta su fuerza. "Dime qué quieres, Ana", murmuró en mi oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo. Olía a tequila dulce y a hombre. "Quiero que me hagas tuya, pendejo", le respondí juguetona, mordiéndome el labio. Sus labios cayeron sobre los míos, un beso hambriento, lenguas enredándose con sabor salado y ardiente. Mis manos subieron por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa, el calor de su piel filtrándose a través de la tela.

Me quitó la blusa con calma, besando cada centímetro que dejaba al descubierto. Sus labios en mi clavícula, chupando suave, enviando chispas directo a mi entrepierna. Gemí bajito, el sonido rebotando en las paredes altas del depa. "Qué rico hueles, mi amor", dijo, inhalando profundo mi perfume mezclado con sudor fresco. Yo le arranqué la camisa, arañando leve su pecho, viendo cómo se erizaban los vellos con mi toque. Sus pezones duros bajo mis dedos, y él gruñó, un sonido animal que me mojó al instante.

Nos movimos al sillón de piel, suave contra mi espalda desnuda. El sol se colaba por las cortinas, pintando su cuerpo en dorado. Le desabroché el cinto, sintiendo su verga dura presionando contra los jeans. La saqué libre, pesada en mi mano, venosa y palpitante. "Neta, estás listo para el final", susurré, lamiendo la punta, saboreando el precum salado y almizclado. Él jadeó, enredando sus dedos en mi pelo. "Chúpamela, Ana, como en tu pinche novela". Obedecí, tragándomela profunda, el olor de su sexo llenándome la nariz, el sabor inundándome la boca. Su cadera se movía leve, follándome la garganta con cuidado, siempre atento a mis ojos.

Pero no era solo físico. En mi cabeza, las palabras de la novela cobraban vida. Esta es la pasión novela final, el momento donde todo explota. Lo empujé hacia atrás, montándome encima. Me quité el short, mi coño ya empapado rozando su verga. Él me miró, ojos oscuros de lujuria. "Estás chorreando, carnalita". Metí su punta adentro, despacio, sintiendo cada centímetro estirándome, llenándome. Un gemido largo escapó de mí, el placer punzante como un rayo. Empecé a moverme, arriba y abajo, mis tetas rebotando, sus manos amasándolas, pellizcando los pezones hasta que dolió rico.

El ritmo subió. Sudor perlando su frente, goteando en mi pecho, salado al lamerlo. El slap-slap de piel contra piel, mis jugos chorreando por sus bolas. "Más duro, Marco, ¡fóllame como en la novela!", grité, y él volteó, poniéndome a cuatro patas en el sillón. Entró de nuevo, profundo, su vientre chocando mi culo. Cada embestida mandaba ondas de placer por mi espina, mi clítoris rozando la piel del sillón. Olía a sexo puro, a nuestra unión húmeda y caliente. Sus manos en mis caderas, jalándome contra él, gruñendo "Eres mía, Ana, toda mía".

La tensión crecía, como en el medio de mi historia. Dudas fugaces: ¿Y si esto cambia todo? ¿Y si este es el verdadero final? Pero su voz me trajo de vuelta. "Siente esto, mi reina. No pares". Me volteó de nuevo, cara a cara, piernas enredadas. Misionero intenso, sus ojos en los míos, besos entre jadeos. Mi orgasmo se acercaba, un nudo apretándose en mi vientre. "Ven conmigo", suplicó, y explotamos juntos. Mi coño convulsionando alrededor de su verga, ordeñándolo, chorros calientes llenándome mientras gritaba su nombre. Olas y olas, visión borrosa, pulso retumbando en oídos, piel pegajosa y temblorosa.

Caímos exhaustos, él aún dentro de mí, pulsando suave. El aire olía a semen, sudor y paz. Me besó la frente, suave. "Chido, ¿verdad? El final perfecto para tu pasión novela final". Reí bajito, lágrimas de emoción en los ojos. "Neta, Marco, esto es mejor que cualquier página".

Nos quedamos así un rato, respiraciones calmándose, dedos trazando patrones en piel húmeda. Afuera, la ciudad zumbaba con cláxones lejanos y risas de transeúntes. Pedimos unos tacos por app, comiendo desnudos en el piso, riéndonos de tonterías. "Eres mi inspiración, wey", le dije, y él me abrazó fuerte. Esa noche terminé la novela, cada palabra cargada de nosotros. No era solo sexo; era conexión, pasión que cierra ciclos y abre puertas.

Al día siguiente, envié el manuscrito. Pasión Novela Final. El editor flipó. Pero lo mejor fue saber que nuestro final no era cierre, sino principio. Marco y yo, listos para más capítulos en la vida real.

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