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Pasion de Gavilanes Capitulo 18 Fuego en la Piel

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Pasion de Gavilanes Capitulo 18 Fuego en la Piel

Estás sentada en el sillón de la sala, con las luces bajas y el aire cargado de ese calor pegajoso de la noche mexicana. El ventilador del techo gira perezoso, moviendo el aroma a jazmín que entra por la ventana abierta. Tus piernas desnudas rozan la tela áspera del sofá, y sientes un cosquilleo subir por tus muslos mientras miras la pantalla del tele. Pasión de Gavilanes capítulo 18 está a todo lo que da, la pasión entre los hermanos Reyes y las Elizondo ardiendo como chile en nogada. Esa escena donde Juan David besa a Norma con hambre de lobo te pone la piel de gallina. Tu corazón late fuerte, y entre las piernas sientes esa humedad traicionera que te hace apretar los muslos.

Al lado tuyo, tu carnal, Marco, te observa de reojo. Es un moreno alto, con esa barba de tres días que te encanta raspar con los dientes, y unos ojos negros que prometen travesuras. Lleva solo un bóxer ajustado, porque el calor de Guadalajara en verano no perdona. Órale, mi reina, murmura con esa voz ronca que te eriza el alma, mira nomás cómo te estás mordiendo el labio. ¿Ya te prendió el culebrón ese?

Tú giras la cabeza, sonriendo pícara. Neta, Marco, este Pasión de Gavilanes capítulo 18 está cabrón. Esos besos... me dan ganas de... No terminas la frase. Él se acerca, su mano grande y callosa se posa en tu rodilla, subiendo despacio por tu piel suave. El roce es eléctrico, como si sus dedos trajeran chispas. Hueles su colonia barata mezclada con sudor fresco, ese olor macho que te hace agua la boca.

En la tele, los amantes se arrancan la ropa con desesperación, y tú sientes el calor subir a tu cara. Marco te jala hacia él, su boca captura la tuya en un beso que sabe a tequila y deseo. Sus labios son firmes, la lengua juguetona explorando tu boca como si fuera un territorio nuevo. Gimes bajito, el sonido ahogado por su beso. Tus manos se enredan en su pelo revuelto, tirando suave para que se pegue más.

¿Por qué carajos me prende tanto esto? Es solo una novela, pero con Marco aquí, se siente real. Quiero que me devore como a esas güilas en la pantalla.

Acto primero: la chispa. Sus manos suben por tus muslos, apartando la playera holgada que usas de pijama. No traes nada debajo, y cuando sus dedos rozan tu monte de Venus, arqueas la espalda. Estás mojada, ricura, susurra contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible. El vello de su antebrazo te hace cosquillas, y el calor de su palma quema delicioso. Apagas la tele con el control remoto que cae al piso, porque ya no necesitas la novela. Tienes tu propia Pasión de Gavilanes capítulo 18 aquí, en carne y hueso.

Marco te acuesta en el sofá, su cuerpo pesado cubre el tuyo como una manta viva. Sientes cada músculo tenso presionando tus curvas suaves. Sus besos bajan por tu clavícula, lamiendo el sudor salado que perla tu piel. El sonido de su respiración agitada llena la sala, mezclado con el zumbido del ventilador y el lejano ladrido de un perro callejero. Tus pezones se endurecen bajo la tela fina, y cuando él los roza con los dientes, un rayo de placer te atraviesa hasta el centro.

Quítate eso, wey, le ordenas, jalando su bóxer. Su verga salta libre, dura y venosa, palpitando contra tu vientre. La tocas, sientes la piel aterciopelada sobre acero, el calor que irradia. Él gruñe, un sonido gutural que vibra en tu pecho. Eres una chingona, Jimena. Me vuelves loco. Tú sonríes, lamiendo tus labios hinchados. Le das una chupada lenta en la punta, saboreando el gusto salado y almizclado de su pre-semen. Él echa la cabeza atrás, gimiendo tu nombre como una oración.

Pero no lo dejas acabar ahí. Lo empujas para montarte encima, cabalgando su cadera. Tus nalgas redondas se aprietan contra sus muslos fuertes, el roce áspero de su vello púbico contra tu clítoris hinchado te hace jadear. El aire huele a sexo ahora, a feromonas y piel sudada. Tus uñas se clavan en su pecho, dejando marcas rojas que mañana serán trofeos.

El medio tiempo llega con la tensión a tope. Marco te voltea boca abajo, su boca devora tu espalda, bajando hasta las nalgas. Separa tus cachetes con manos expertas, y su lengua encuentra tu ano, lamiendo juguetona. ¡Ay, cabrón! ¡Qué rico! gritas, enterrando la cara en un cojín. El placer es sucio y divino, ondas de calor subiendo por tu espina. Él introduce un dedo en tu coño empapado, curvándolo para tocar ese punto que te hace ver estrellas. Tus jugos corren por sus nudillos, chorreando calientes.

No puedo más. Lo necesito dentro, llenándome hasta reventar. Este wey sabe cómo hacerme volar.

Te pone de rodillas en el piso, el tapete fresco contra tus palmas. Él se para detrás, frotando su pija gruesa contra tus labios vaginales. El glande empuja despacio, abriéndote centímetro a centímetro. Sientes cada vena pulsando, estirándote delicioso. Más adentro, Marco, rómpeme, suplicas, moviendo las caderas. Él obedece, embistiéndote con fuerza controlada. El slap-slap de carne contra carne resuena, mezclado con tus gemidos y sus gruñidos. Sudor gotea de su frente a tu espalda, resbaloso y caliente.

La intensidad sube como la marea. Cambian posiciones: tú de lado, él levantando tu pierna para penetrarte profundo. Sus bolas golpean tu clítoris con cada estocada, enviando chispazos. El olor de tu arousal llena el aire, dulce y almizclado. Tus tetas rebotan, pezones rozando su brazo. Estás apretada como virgen, mi amor, jadea él, mordiendo tu oreja. Tú respondes apretando los músculos internos, ordeñándolo. El clímax se acerca, un nudo apretándose en tu vientre.

Pero él frena, sacándola para no acabar aún. Te besa con ternura ahora, lamiendo lágrimas de placer de tus mejillas. Te quiero tanto, Jimena. Eres mi todo. Ese momento emocional te derrite. No es solo cogida; es conexión, almas enredadas como sábanas revueltas. Vuelven al sofá, él sentado y tú encima, cara a cara. Cabalgas lento al principio, sintiendo cada roce, cada pulso. Sus manos amasan tus nalgas, guiándote. Aceleras, el sofá cruje bajo el ritmo frenético.

El final explota como pirotecnia en feria. Tus paredes se contraen, ordeñando su verga en espasmos. ¡Me vengo, wey! ¡Sí! gritas, el orgasmo rasgándote en olas de éxtasis. Luces detrás de tus párpados, el mundo se reduce a su calor dentro de ti. Él ruge, llenándote con chorros calientes que queman dulce. Sientes cada eyaculación, rebosando y chorreando por tus muslos.

Colapsan juntos, jadeando. Su peso sobre ti es reconfortante, su corazón galopando contra tu pecho. El ventilador enfría el sudor en sus pieles pegadas. Hueles a sexo satisfecho, a jazmín marchito y promesas. Él besa tu frente, suave. Fue mejor que cualquier capítulo de esa novela, ¿verdad?

Tú ríes bajito, acariciando su espalda. Neta que sí. Nuestra propia Pasión de Gavilanes capítulo 18, pero con final feliz. Se quedan así, enredados, mientras la noche envuelve la casa. El deseo se apaga en brasas, dejando espacio para el cariño profundo. Mañana será otro día, pero esta noche, el fuego ardió eterno en su piel.

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