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Pasión en la Isla Karen Robards (1)

7159 palabras

Pasión en la Isla Karen Robards

Tú bajas del ferry en Isla Mujeres con el corazón latiendo a mil por hora el aire cargado de sal y yodo te envuelve como un amante ansioso. El sol del mediodía calienta tu piel morena mientras arrastras tu maleta ligera por el muelle de madera crujiente. Miras alrededor las palmeras mecidas por la brisa el mar turquesa rompiendo en olas suaves contra la arena blanca. Qué chido piensas este paraíso es justo lo que necesitas después de esa ruptura en la CDMX. En tu mochila traes protector solar bikinis diminutos y ese libro que agarraste en una librería de Cancún: Pasión en la Isla de Karen Robards. El título te jaló como imán prometiendo fuegos artificiales en un rincón del mundo como este.

Te instalas en un bungalow frente al mar la brisa marina entra por las ventanas abiertas trayendo olor a cocos frescos y pescado asado de algún puesto cercano. Te pones un bikini rojo que resalta tus curvas te untas aceite de coco que huele dulce y pegajoso y sales a la playa. La arena caliente te quema las plantas de los pies pero es un dolor rico que te despierta los sentidos. Te tiras en una hamaca con el libro en mano. Las páginas susurran promesas de deseo prohibido mientras lees sobre amantes en una isla remota sus cuerpos entrelazados bajo la luna. Tu pulso se acelera sientes un cosquilleo entre las piernas

¿Y si me pasa a mí neta?
murmuras para ti misma.

El sol empieza a bajar tiendo un velo naranja sobre el horizonte cuando decides ir por una chela al bar playero cercano. Ahí está él detrás de la barra un moreno alto de ojos negros como la noche sonrisa pícara y brazos tatuados que se flexionan al servir. Híjole qué mamacita piensas pero no es él quien piensa tú lo notas en su mirada cuando te pide tu orden.

—Una michelada bien fría carnal le dices con voz juguetona.

Él se ríe mostrando dientes blancos perfectos —Órale güey aquí tienes y de una vez te invito otra si me dices tu nombre.

—Karla y tú?

—Diego vivo aquí desde chavo esta isla es mi reino. Te pasa la chela fría gotas de condensación resbalan por el vidrio y por su mano fuerte. Charlan de la vida en la isla de cómo el mar te llama cada amanecer de las fiestas clandestinas en la playa. Su voz grave con acento yucateco te eriza la piel huele a sal y a hombre a sudor limpio mezclado con colonia barata pero excitante. Mencionas el libro —Traje Pasión en la Isla de Karen Robards lo estoy devorando parece mi vida aquí.

Pasión en la Isla Karen Robards suena a película güey pero si te prende yo puedo hacerla realidad guiña y su pie roza el tuyo bajo la barra un toque eléctrico que te hace jadear bajito.

La noche cae rápida estrellas salpican el cielo el sonido de las olas es un tambor constante. Diego termina su turno y te invita a caminar por la playa —Vamos a ver las estrellas de cerca sin tanta gente. Aceptas el corazón te martillea. La arena fresca ahora acaricia tus pies descalzos su mano roza la tuya accidentalmente no tanto. Caminan en silencio la tensión crece como la marea su brazo te rodea la cintura fuerte posesivo pero tierno.

¡Ay wey este cuate me va a volver loca su calor me quema!
Piensas mientras su aliento caliente roza tu oreja —Eres preciosa Karla como salida de ese libro. Se detienen donde las olas lamen la orilla él te gira besa tu cuello suave primero luego con hambre sus labios salados saben a chela y mar. Tú respondes arqueando la espalda tus manos en su pecho duro sientes su corazón galopando al ritmo del tuyo. El beso se profundiza lenguas danzando húmedas calientes el mundo se reduce a su boca su olor su tacto áspero de barba incipiente.

La tensión sube como fiebre él te lleva de vuelta al bungalow la puerta se cierra con un clic suave. Adentro la luz de la luna filtra por las cortinas iluminando su silueta. Se quita la camisa revelando torso esculpido por el trabajo en el mar músculos que brillan con sudor fino. Tú desatas tu bikini caes libre tus pechos se yerguen ante su mirada hambrienta —Qué chingón eres perfecta murmura arrodillándose besa tu vientre bajando lento torturante.

Sus manos grandes recorren tus muslos abriéndolos con cuidado reverente. Sientes su aliento caliente en tu centro ya húmedo palpitante —Diego porfa suplicas. Él lame primero suave explorando cada pliegue sabor dulce salado de tu excitación. Gimes el sonido se mezcla con el romper de olas afuera su lengua círculos rápidos chupadas que te hacen arquearte agarrar sus cabellos.

Neta nunca sentí algo así me derrite este pendejo tan chulo
Tu clítoris hinchado responde a cada roce ondas de placer suben por tu espina.

Lo jalas arriba beso feroz probando tu propio sabor en su boca. Tus dedos bajan a su short lo liberas su verga dura gruesa venosa salta libre palpitando. La agarras dura terciopelada caliente él gruñe —Cárgate Karla me traes al borde. Lo guías a la cama te montas encima frotas tu humedad contra él lubricando resbaloso. Bajas lento centímetro a centímetro lo sientes estirarte llenarte por completo —¡Ay güey qué rico tan grueso! gimes.

Empiezas a moverte vaivén lento primero sintiendo cada vena cada pulso sus manos en tus caderas guiándote fuerte. El slap de piel contra piel sonidos húmedos jadeos roncos llenan la habitación. Sudor perla vuestros cuerpos brillan el olor a sexo almizclado se mezcla con sal marina. Acelera el ritmo él empuja arriba profundo tocando ese punto que te hace ver estrellas —Más Diego cógeme duro pides empoderada dueña de tu placer.

Esto es pasión pura como en el libro pero mejor real su verga me parte en dos de gusto
Piensas mientras el orgasmo se acerca tensión enredada en tu bajo vientre. Él se sienta te abraza chupando tus pezones duros mordisqueando suave el dolor placer te empuja al borde. Gritas su nombre olas de éxtasis te barren contracciones apretando su miembro él ruge —¡Ya Karla me vengo! chorros calientes te inundan profundo sellando la unión.

Colapsan juntos exhaustos pegajosos su peso sobre ti reconfortante. Besos suaves ahora lenguas perezosas risas bajitas —Neta fue chingón ¿verdad? dice él acariciando tu espalda. Tú asientes —Mejor que Pasión en la Isla de Karen Robards esto fue mi propia novela. La brisa enfría el sudor se duermen entrelazados el mar cantando arrullo.

Al amanecer despiertas con su mano en tu cadera el sol nuevo pintando todo dorado. Se aman otra vez lento sensual saboreando cada roce. Después desayuno en la terraza mangos jugosos café negro él te cuenta sueños de navegar juntos. No hay promesas solo esta isla esta pasión que te transforma. Te vas con el corazón lleno el libro olvidado en la mesa pero las memorias grabadas en la piel La próxima vez vuelvo por más piensas mientras el ferry se aleja la isla menguando en el horizonte brumoso.

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