Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Muéstrales Tu Pasión Fortnite Muéstrales Tu Pasión Fortnite

Muéstrales Tu Pasión Fortnite

6982 palabras

Muéstrales Tu Pasión Fortnite

Estás en el cibercafé más chido de la Condesa, con el ruido de los teclados mecánicos retumbando como un corazón acelerado y el olor a café recién molido mezclado con el sudor nervioso de los gamers. La pantalla de tu monitor brilla con los colores vibrantes de Fortnite, ese Battle Royale que te tiene enganchado desde hace meses. Neta, es tu vicio, piensas mientras ajustas tus audífonos, el micrófono rozando tus labios como una promesa susurrada. Hoy es el torneo local, y has venido a muestrales tu pasión Fortnite, a dejarles claro a todos estos weyes que nadie domina el loop como tú.

De repente, una voz suave pero firme sale de tu headset: "Órale, carnal, ¿listo para el duo?" Es ella, Luna, la chava que conociste en el Discord del server mexicano. Su tag es "LunaStormX", y desde la primera partida juntos, sentiste esa química, como si sus builds perfectos se acoplaran a los tuyos. No la has visto en persona, pero imaginas su risa contagiosa, ese acento chilango puro que te eriza la piel. "Sí, mami, vamos a romperla", respondes, y sientes un cosquilleo en el estómago, no solo por la partida, sino por algo más profundo, más caliente.

El torneo arranca. Tus dedos vuelan sobre el teclado, el clic-clic de los switches rojos resonando en tus oídos. Ves a Luna en la pantalla compartida: su avatar bailando la floss antes del drop. "¡Muéstrales tu pasión Fortnite, rey!", grita ella por el chat de voz, y su aliento parece llegar hasta ti, cálido y juguetón. Construyes una torre en Tilted Towers, el sonido de las balas silbando mientras evitas el fuego enemigo. Sudas un poco, la camiseta pegándose a tu pecho, y piensas en cómo sería sentir sus manos ahí, guiándote como en el juego.

La primera ronda termina en victoria. El ciber estalla en aplausos, pero tú solo oyes su risa. "Ven al área VIP, wey. Quiero verte en carne y hueso", dice Luna. Tu pulso se acelera. Te levantas, el piso pegajoso bajo tus tenis, y caminas entre las mesas abarrotadas. Ahí está ella, recargada en una silla gamer, con una blusa ajustada que marca sus curvas y shorts que dejan ver sus piernas morenas y tonificadas. Su cabello negro cae en ondas salvajes, y sus ojos cafés te miran con picardía. "¿Eres tú el que me hace ganar?", pregunta, extendiendo la mano.

Te sientas a su lado, tan cerca que sientes el calor de su cuerpo, el perfume dulce de vainilla y algo más, como deseo fresco. "Muéstrame en persona esa pasión Fortnite", susurra, su rodilla rozando la tuya accidentalmente... o no. El segundo mapa carga, pero ahora jugáis codo a codo, hombros tocándose, risas compartidas cada vez que elimináis a un squad. Su mano se posa en tu muslo para señalar la pantalla, y el tacto es eléctrico, suave piel contra tu jeans.

¿Qué chingados? Esto no es solo el juego, piensas, mientras tu verga empieza a despertar, presionando contra la tela.

La tensión crece con cada kill. Luna se inclina más, su pecho rozando tu brazo, el aroma de su sudor mezclado con shampoo invadiendo tus sentidos. "¡Mira cómo lo reviento, carnal! Igual que te voy a reventar a ti después", bromea, y su voz baja un tono, ronca. Pierdes un poco la concentración, fallas un tiro, pero ella te cubre. "Tranquilo, papi. Yo te cuido". El juego avanza, corazones latiendo al ritmo de la música épica de Fortnite, pero tu mente está en otro loot: el de su cuerpo. Imaginas desarmarla capa por capa, como un glider desplegándose.

Al final de la ronda, segundos para el top 1. Están solos en el círculo, tiroteo intenso. Sus dedos aprietan tu antebrazo, uñas clavándose levemente, enviando chispas directo a tu entrepierna. Ganas. El grito de victoria sale de ambos al unísono, y sin pensarlo, te giras y la besas. Sus labios son suaves, calientes, saben a chicle de fresa y victoria. Ella responde con hambre, lengua explorando tu boca como si buscara el chest legendario.

El torneo sigue, pero ya no importa. Luna te jala de la mano hacia el baño del fondo, un cubículo amplio con espejo empañado. "Aquí nadie nos ve. Muéstrame esa pasión de una vez", dice, cerrando la puerta con seguro. Sus manos van a tu camiseta, quitándosela con urgencia, dedos trazando tus músculos tensos por el juego. Sientes su aliento en tu cuello, mordisqueando la piel, mientras desabrochas su blusa. Sus tetas saltan libres, pezones duros como diamantes, cafés y perfectos. Las acaricias, el tacto sedoso bajo tus palmas, y ella gime bajito, "Sí, así, wey. Tócalas como si fueran power-ups".

La pegas a la pared fría, contrastando con su piel ardiente. Bajas los shorts, revelando su tanga húmeda, el olor almizclado de su excitación llenando el aire confinado. "Estás chingón mojada, mami", murmuras, arrodillándote. Tu lengua lame su clítoris a través de la tela, saboreando su esencia salada y dulce. Ella agarra tu cabello, caderas moviéndose al ritmo, jadeos ecoando como storm countdown. "¡Quítamela, pendejo! Quiero tu boca adentro". Obedeces, tela a un lado, lengua hundiéndose en su calor resbaladizo, chupando, lamiendo, mientras sus muslos tiemblan alrededor de tu cabeza.

La pones de pie, volteada, nalgas firmes contra tu pelvis. Bajas tu pants, tu verga dura como un railgun saliendo libre, goteando precum. La frotas contra su entrada, lubricándola, el sonido húmedo obsceno en el silencio. "Métemela ya, cabrón. Muéstrales a todos tu pasión Fortnite... en mi panocha", suplica. Empujas despacio, centímetro a centímetro, su coño apretado envolviéndote como un zero point. Gimes al sentirla pulsar, caliente, viva. Empiezas a bombear, lento al principio, sintiendo cada vena rozar sus paredes, sus gemidos subiendo de volumen.

Acélérate, piel chocando piel con palmadas rítmicas, sudor goteando por tu espalda. Ella se arquea, tetas rebotando, mano entre piernas frotando su clítoris. "¡Más duro, rey! Como en el endgame". La agarras del pelo, jalando suave, y ella explota primero, coño contrayéndose en espasmos, chorros calientes mojando tus bolas. Ese apretón te lleva al límite; te corres dentro, chorros potentes llenándola, el placer cegador como un nuke.

Caen exhaustos, respiraciones entrecortadas, cuerpos pegajosos. Ella se gira, besándote lento, lenguas perezosas ahora. "Neta, eso fue el mejor duo ever", dice riendo, limpiándote con besos. Vuelven al torneo, manos entrelazadas bajo la mesa, sonrisas cómplices. Ganan el campeonato, trofeo en mano, pero el verdadero premio es la promesa en sus ojos: más noches de pasión Fortnite, builds infinitos de placer.

Después, en su depa en la Roma, con tacos de suadero en la mesa y otra partida encendida, la abrazas por detrás. Su cuerpo se amolda al tuyo, aún sensible. "¿Listo para rematch?", pregunta. Sonríes. Siempre, mami. Siempre.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.