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Como Sentir Pasion Por Tu Pareja En Una Noche Eterna

6717 palabras

Como Sentir Pasion Por Tu Pareja En Una Noche Eterna

Imagina esa noche en tu departamento en Polanco, con las luces de la Ciudad de México parpadeando allá afuera como estrellas caídas. Tú, sentada en el sofá de cuero suave, sientes el peso de la rutina en los hombros. Llevan años juntos, tu pareja y tú, y aunque el amor sigue ahí, neta, la pasión se ha enfriado como un café olvidado. Él entra de la cocina con dos vasos de tequila reposado, el aroma fuerte y terroso invadiendo el aire, mezclado con el perfume de jazmín que flota desde el balcón abierto.

Órale, mi amor, dice él con esa voz ronca que todavía te eriza la piel, aunque sea poquito. Se sienta a tu lado, su muslo rozando el tuyo, cálido y firme bajo los jeans ajustados. Tú tomas un sorbo, el líquido quema la garganta como un fuego lento, y piensas en ese artículo que leíste hace días: como sentir pasion por tu pareja. ¿Será posible revivirlo? Tus ojos se encuentran, y hay un brillo juguetón en los suyos, como en aquellos días de novios en la playa de Acapulco.

La música empieza a sonar bajito desde el Bluetooth, un bolero suave de Armando Manzanero que envuelve la habitación en melancolía sensual. Contigo aprendí, canta la voz, y tú sientes un cosquilleo en el vientre. Él deja su vaso y te acaricia la mejilla, el pulgar trazando tu labio inferior con lentitud tortuosa. El toque es eléctrico, despierta nervios dormidos.

¿Por qué dejamos que se apagara esto?
, piensas mientras cierras los ojos, inhalando su colonia fresca, esa que huele a limón y madera.

Acto primero de la noche: el reencuentro. Sus labios rozan los tuyos, suaves al principio, probando como si fuera la primera vez. Saben a tequila y a menta de su chicle, un contraste que te hace gemir bajito. Tus manos suben por su pecho, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa de algodón. Él te jala más cerca, y el calor de su cuerpo te envuelve como una manta en invierno. La tensión crece, un nudo en tu estómago que se deshace en deseo puro.

Te levantas, tirando de su mano hacia la recámara. El pasillo parece eterno, con el suelo de madera crujiendo bajo tus pies descalzos. Enciendes una vela en la mesita, su llama bailarina proyecta sombras danzantes en las paredes blancas. Él te quita la blusa con dedos ansiosos pero pacientes, besando cada centímetro de piel que descubre. Qué rica estás, nena, murmura contra tu cuello, su aliento caliente enviando escalofríos por tu espina. Tú sientes el roce áspero de su barba incipiente, delicioso raspón que enciende todo.

En la cama king size, con sábanas de satén fresco, caes de espaldas. Él se quita la camisa, revelando ese torso moreno que tanto extrañabas tocar. Tus uñas recorren su abdomen, sintiendo la dureza de los músculos contraídos por la anticipación. El aire huele a vuestros cuerpos ya sudados, a esa esencia almizclada de arousal que inunda la habitación. Te deseo tanto, le dices, y él responde con un beso profundo, su lengua explorando la tuya en un baile húmedo y salvaje.

La escalada comienza de verdad ahora. Sus manos bajan a tus jeans, desabrochándolos con maestría. Los desliza por tus caderas, besando el camino: muslos, rodillas, tobillos. Cada roce de labios es un incendio, la piel erizándose como si fuera invierno. Tú arqueas la espalda, el colchón hundiéndose bajo tu peso.

Así es como sentir pasion por tu pareja, volviendo a lo básico, a los toques que queman
, pasa por tu mente mientras él lame la cara interna de tu muslo, cerca pero no del todo ahí.

Le ayudas a quitarse el resto, y ahí está, erecto y palpitante, la vista que te hace salivar. Lo tocas, piel suave sobre dureza de acero, el pulso latiendo contra tu palma. Él gime, un sonido gutural que vibra en tu pecho. Chíngame con la mano, güey, pide juguetón, y tú obedeces, moviéndote lento al principio, acelerando con sus jadeos. El olor de su excitación es embriagador, salado y masculino, mezclándose con el jazmín del balcón.

Lo empujas boca arriba, queriendo tomar control. Te subes a horcajadas, frotándote contra él, sintiendo la humedad entre tus piernas untándose en su longitud. El roce es exquisito, un tease que os deja a ambos temblando. Entra ya, por favor, ruega él, manos en tus caderas guiándote. Desciendes despacio, centímetro a centímetro, el estiramiento perfecto llenándote hasta el fondo. Un grito escapa tus labios, ahogado en placer. El ritmo empieza: tú arriba, rebotando, pechos moviéndose al compás. Él los agarra, pellizcando pezones endurecidos, enviando descargas directas a tu clítoris.

Los sonidos llenan la habitación: piel contra piel, slap slap húmedo, gemidos entrecortados, respiraciones agitadas. Sudor perla vuestros cuerpos, goteando salado en la unión. Saboreas una gota de su cuello, sal y hombre puro. Qué chido se siente esto, piensas, mientras él empuja desde abajo, golpeando ese punto que te hace ver estrellas. La tensión sube como una ola en la costa de Puerto Vallarta, inexorable.

Cambian posiciones, él te pone a cuatro patas, el espejo del clóset reflejando vuestras siluetas unidas. La vista es porno en vivo: su culo firme flexionándose, tus tetas balanceándose. Entra de nuevo, profundo, manos en tu cintura tirando de ti. Más fuerte, papi, exiges, y él obedece, embistiendo con fuerza que sacude la cama. El placer se acumula, coiling en tu bajo vientre como un resorte a punto de saltar. Sus dedos bajan, frotando tu clítoris en círculos precisos, el doble estímulo insoportable.

El clímax te golpea primero, olas y olas de éxtasis puro. Gritas su nombre, cuerpo convulsionando, paredes internas apretándolo como un vicio. Él sigue, gruñendo, hasta que explota dentro, calor líquido inundándote, pulsos interminables. Colapsan juntos, enredados en sábanas revueltas, corazones galopando al unísono.

En el afterglow, él te abraza por detrás, besos suaves en la nuca. El aire fresco de la noche entra por la ventana, enfriando vuestras pieles pegajosas. Saboreas el beso perezoso que os dais, mezcla de sexo y tequila.

Esto es como sentir pasion por tu pareja de verdad, dejando que fluya sin prisa
, reflexionas, mientras vuestras respiraciones se sincronizan.

La ciudad ronronea afuera, autos y risas lejanas, pero aquí dentro solo existe esto: conexión renovada, cuerpos saciados, almas en paz. Mañana será otro día, pero esta noche ha reescrito las reglas. La pasión no se pierde, solo espera el momento perfecto para arder de nuevo.

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