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Diarios de una Pasión entre Actores

6967 palabras

Diarios de una Pasión entre Actores

Querido diario, hoy empezó todo. Estamos en los estudios de Televisa en Polanco, grabando Diarios de una Pasión, esa novela romántica que promete ser el hit del año. Yo soy Ana, la protagonista, la chica que enamora al galán con sus ojos cafés y su sonrisa pícara. Y él, Javier, el actor principal, con ese cuerpazo de gym y esa mirada que te derrite como chocolate en el sol de junio. Neta, desde el casting supe que íbamos a tener química brutal. Pero hoy, en la primera lectura de guion, sentí algo más. Cuando leyó su línea de "Te amo desde el primer instante", su voz grave me erizó la piel. Olía a colonia fresca, a cilantro y limón, como un taco al pastor recién hecho. Mi corazón latió como tamborazo en una fiesta de pueblo. ¿Será que esta pasión de actores se salga del guion?

Al final del día, en el camerino, nos quedamos solos repasando escenas. "Ana, qué neta buena actriz eres, wey", me dijo riendo, con esa dentadura perfecta. Le contesté juguetona: "Tú tampoco estás tan pendejo, Javier. Ese beso en el puente va a ser épico". Nos miramos fijo, y el aire se cargó de electricidad. Sentí el calor subiendo por mis muslos, mi panocha palpitando suave. Pero paramos ahí. Mañana grabamos la primera escena íntima. No sé si podré contenerme.

Nota mental: Si esto es solo el principio, ¿qué carajos pasará cuando rodemos la cama?

Querido diario, día tres de rodaje y la tensión es un chingo. Hoy tocó la escena del primer beso bajo la lluvia artificial. El director gritaba "¡Acción!", y Javier me jaló contra su pecho duro como piedra. Su boca se pegó a la mía, suave al principio, probando, como si saboreara un churro con cajeta. Pero neta, no fue acting. Su lengua se coló juguetona, danzando con la mía, y yo respondí con hambre. Sentí su verga endureciéndose contra mi vientre, gruesa y caliente a través del pantalón mojado. El agua nos chorreaba, fría contrastando con el fuego de nuestros cuerpos. Olía a tierra húmeda, a sudor mezclado con su esencia masculina, ese aroma que te hace mojar sin tocarte.

Cuando cortaron, no nos soltamos de inmediato. "Joder, Ana, eso fue... real", murmuró en mi oído, su aliento caliente rozándome el cuello. Le mordí el lóbulo suave: "Órale, actorcito, no te emociones tanto". Pero adentro, mi mente gritaba: Quítame la blusa, fóllame aquí mismo. Toda la tarde estuve inquieta, los pezones duros rozando la tela, recordando su sabor salado. En la noche, sola en mi depa en Condesa, me toqué pensando en él. Mis dedos resbalosos en mi clítoris, imaginando su boca ahí. Gemí su nombre hasta correrme temblando. Esto de diarios de una pasión actores se está poniendo intenso.

Pasaron dos semanas, y el set es nuestro playground secreto. Entre tomas, nos escapamos al baño de utilería. Hoy, Javier me acorraló contra la pared, sus manos grandes subiendo por mis muslos. "No aguanto más, mamacita", gruñó, y me besó como poseído. Le bajé el cierre, saqué su verga palpitante, venosa, oliendo a hombre excitado. La chupé despacio, saboreando la gota salada en la punta, mi lengua girando alrededor del glande. Él jadeaba, enredando sus dedos en mi pelo: "¡Qué chida chupas, Ana! Eres una diosa". Lo tragué hasta la garganta, sintiendo cómo se hinchaba más.

Mi coño arde, wey. Necesito que me penetres ya.

Me levantó la falda, rasgó mis panties con un dedo. "Estás empapada, carnal", dijo triunfante, metiendo dos dedos gruesos adentro. Gemí contra su boca mientras me follaba con la mano, el sonido chapoteante llenando el cuartito. Mi jugo corría por sus nudillos, el olor almizclado de mi excitación invadiendo todo. "Fóllame, Javier, no pares", le rogué. Me penetró de un empujón, su verga llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. Nos movimos frenéticos, piel contra piel sudorosa, sus bolas golpeando mi culo. Cada embestida era un trueno, mi clítoris rozando su pubis. "¡Más duro, pendejo!", grité, arañándole la espalda. Él obedeció, bombeando como animal, susurrando guarradas: "Tu panocha es mía, Ana, tan apretada y caliente". El orgasmo me explotó como pirotecnia en el Zócalo, piernas temblando, chorros mojando sus muslos. Él se corrió segundos después, llenándome con chorros calientes, gruñendo mi nombre.

Caímos jadeantes, abrazados en el piso frío. Su semen goteaba de mí, pegajoso y tibio. "Esto es mejor que cualquier guion", dijo besándome la frente. Reímos bajito, sabiendo que el director nos buscaba. Pero en ese momento, éramos solo nosotros, dos actores viviendo su propia pasión.

Querido diario, el clímax llegó anoche, después de la fiesta de medio rodaje en un antro de Polanco. Bailamos pegados, sus caderas moviéndose contra las mías al ritmo de cumbia rebajada. El tequila nos soltó las riendas. Terminamos en mi hotel, desnudos en la cama king size. La luz de la ciudad entraba por la ventana, bañando su piel morena en dorado. Exploramos lento esta vez, con ternura. Besé cada tatuaje en su pecho, lamiendo el sudor salado. Él mamó mis tetas, succionando los pezones hasta ponérmelos morados de placer. Bajó despacio, besando mi ombligo, mi monte de Venus. Cuando su lengua tocó mi clítoris, vi estrellas. "Sabes a miel, reina", murmuró, chupando suave, luego fuerte, metiendo la lengua adentro como follándome con ella. Mis caderas se alzaron solas, follándole la cara, el olor de mi coño mezclado con su saliva.

"Te quiero dentro, amor", le supliqué. Se puso encima, su peso delicioso aplastándome. Entró despacio, centímetro a centímetro, mirándome a los ojos. Sentí cada vena, cada pulso. Nos mecimos en sincronía, lento al principio, construyendo el fuego. Sus manos en mi culo, apretando, guiándome. "Eres perfecta, Ana, tu panocha me aprieta como guante". Aceleramos, la cama crujiendo, nuestros gemidos subiendo como sirena. Sudor chorreando, piel resbalosa. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo salvaje, mis tetas botando, él pellizcándolas. "¡Córrete conmigo, wey!", grité. El orgasmo nos barrió juntos, mi coño contrayéndose alrededor de su verga, ordeñándolo. Chorros interminables, mi jugo mezclándose con su leche caliente.

En sus brazos, exhaustos, olía a sexo puro, a nosotros. Esto no es solo pasión de actores, es algo real.

Despertamos enredados, el sol filtrándose. Hicimos el amor otra vez, suave, con besos perezosos. "Ana, ¿y si esto siga después de la novela?", preguntó serio, acariciándome el pelo. Sonreí: "Neta, Javier, ya es nuestro diario secreto". El rodaje continúa, pero ahora cada escena es un eco de nuestra verdad. La pasión no se apaga; arde más fuerte. Quién sabe qué páginas escribiremos mañana.

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