Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad La Pasion de Miguel Angel Escultura Viva La Pasion de Miguel Angel Escultura Viva

La Pasion de Miguel Angel Escultura Viva

6344 palabras

La Pasion de Miguel Angel Escultura Viva

Entré al Museo Soumaya esa tarde soleada en la Ciudad de México, con el calor pegándome en la piel como una promesa de algo prohibido. ¿Por qué carajos vine aquí sola? me pregunté, mientras mis tacones resonaban en el piso de mármol pulido. El aire acondicionado me erizaba la piel, y olía a ese aroma limpio de museos, mezclado con un leve perfume de turistas. Yo, Ana, treintañera con curvas que no escondía, necesitaba un escape de la oficina, de los pendejos jefes y las juntas eternas. Quería arte que me hablara al alma, o mejor, al cuerpo.

Subí por las rampas interminables hasta la sala de esculturas. Ahí estaba ella: La Pasion de Miguel Angel escultura. Una pieza impresionante, un torso masculino de mármol blanco, contorsionado en éxtasis, con músculos tensos como si acabara de ser tocado por un amante invisible. Los dedos tallados se clavaban en el aire, la cabeza echada hacia atrás, labios entreabiertos en un gemido silencioso. La luz del tragaluz bailaba sobre las vetas del mármol, haciendo que pareciera sudar. Sentí un cosquilleo entre las piernas, neta, qué chingón, pensé. Mi blusa se me pegaba al pecho, los pezones endureciéndose contra la tela. Imaginé esas manos frías recorriendo mi piel caliente.

De repente, una voz grave a mi lado: "

Impresionante, ¿verdad? Esa pasión congelada en piedra te hace querer derretirla.
" Volteé. Él era alto, moreno, con ojos cafés que brillaban como el obsidiana de las leyendas mexicas. Camisa ajustada marcando pectorales, jeans que insinuaban lo que escondían. Javier, se presentó, artista local que estudiaba las formas clásicas para sus propias obras. Charlamos, riendo de lo cursi que sonaba, pero la tensión crecía. Su mirada bajaba a mis labios, a mi escote. Olía a colonia fresca con un toque de sudor masculino, delicioso. "Órale, este cuate me trae loca", admití en mi mente.

La conversación fluyó como tequila reposado: suave al principio, ardiente después. Me contó cómo la pasion de miguel angel escultura lo inspiraba para capturar el deseo humano, no el frío academicismo. Yo confesé que me ponía mojada solo de verla, que fantaseaba con ser la musa que la animaba. Él sonrió pícaro: "

Yo también. Imagina si pudiéramos revivirla, tú y yo, carne contra carne.
" Mi pulso se aceleró, el corazón latiéndome en las sienes. Tocó mi brazo casualmente, y su piel era cálida, áspera por el trabajo manual. Un escalofrío me recorrió la espina.

Salimos del museo tomados de la mano, el sol de la Reforma calentándonos la nuca. Caminamos hasta su loft cercano en Polanco, un espacio luminoso con lienzos a medio pintar y olor a óleo y café molido. "Esto va a pasar, lo siento en las tripas", pensé mientras cerraba la puerta. Nos besamos en la entrada, lento al inicio, sus labios suaves probando los míos, lengua explorando con hambre contenida. Sabía a menta y deseo. Sus manos grandes bajaron por mi espalda, apretando mis nalgas con fuerza juguetona. "

Eres más viva que cualquier escultura, Ana.
"

Me quitó la blusa con urgencia, besando mi cuello, mordisqueando la clavícula. Gemí bajito, el sonido rebotando en las paredes altas. Sus dedos desabrocharon mi brasier, liberando mis senos pesados. Los lamió, chupó los pezones hasta que dolían de placer, mientras yo enredaba mis uñas en su cabello negro revuelto. "¡Qué rico, cabrón!" escapó de mis labios. Lo empujé al sillón de cuero, que crujió bajo nuestro peso. Le arranqué la camisa, besando su pecho velludo, bajando por el abdomen marcado. Olía a hombre puro, salado. Desabroché sus jeans, liberando su verga dura, gruesa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo el calor, las venas latiendo contra mi palma. La lamí desde la base, saboreando la gota salada en la punta. Él gruñó, "

¡Así, mami, qué chido!
"

Pero quería más, inspirados en esa escultura. "

Vamos a recrearla
", susurré. Me puse de pie, quitándome la falda y las tangas empapadas. Desnuda, piel erizada por el aire fresco, posé como la figura: espalda arqueada, manos arriba simulando éxtasis. Él se levantó, desnudo glorioso, y se pegó a mí por detrás. Su pecho contra mi espalda, verga rozando mis nalgas. Me giró despacio, imitando el torsión de la piedra. Nuestros cuerpos se enlazaron, sudor mezclándose, respiraciones jadeantes. El loft olía a sexo incipiente, almizcle y piel caliente.

Me levantó en brazos, piernas alrededor de su cintura, y me penetró de pie, lento, centímetro a centímetro. Sentí cada vena estirándome, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, Dios, qué grande!" grité internamente. Caminó conmigo empalado, follándome contra la pared, el yeso fresco en mi espalda contrastando con su calor. Ritmo creciente: embestidas profundas, mis jugos chorreando por sus bolas. Gemidos nuestros fundiéndose, "

¡Más duro, Javier, cógeme como animal!
" Él obedeció, mordiendo mi hombro, manos amasando mis tetas. El placer subía en olas, vientre contrayéndose.

Cambié de posición, evocando la pasión estática hecha viva. Lo tiré al piso sobre una alfombra persa suave, montándolo a horcajadas. Reboté sobre él, verga golpeando mi punto G, clítoris frotándose contra su pubis. Sudor perlando su frente, ojos clavados en mis senos saltando. "

Eres mi musa, Ana, mi la pasion de miguel angel escultura en carne.
" Aceleré, uñas en su pecho dejando marcas rojas. El orgasmo me alcanzó como un terremoto: espasmos violentos, chillido ahogado, paredes vaginales ordeñándolo. Él rugió, corriéndose dentro, semen caliente inundándome, pulsos interminables.

Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa, corazones tronando al unísono. Me acurruqué en su pecho, escuchando su latido calmarse. Olía a nosotros, a sexo satisfecho, a promesa cumplida. "Neta, esto fue mejor que cualquier arte", pensé, trazando círculos en su piel con el dedo. Hablamos bajito de volver al museo, de más esculturas que revivir. El sol se ponía, tiñendo el loft de naranja, y supe que esta pasión no era efímera. Era eterna, como el mármol, pero viva, latiendo en mis venas.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.