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Pasion Capitulo 18 El Fuego que Arde en la Piel

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Pasion Capitulo 18 El Fuego que Arde en la Piel

El aroma del tequila reposado flota en el aire de tu departamento en la Condesa, mezclado con el perfume fresco de las gardenias que Diego dejó sobre la mesa. Has pasado siete días eternos sin él, trabajando como loca en esa junta en Guadalajara, y ahora, al cruzar la puerta, lo ves recargado contra la barra de la cocina, con esa camisa blanca entreabierta que deja ver el vello oscuro de su pecho. Órale, wey, piensas, el pulso se te acelera como si hubieras corrido una carrera. Sus ojos cafés te recorren de arriba abajo, deteniéndose en las curvas de tus jeans ajustados y la blusa escotada que elegiste a propósito para volverlo loco.

"

¡Ven acá, nena! Te extrañé un chingo
", dice con esa voz ronca que te eriza la piel, extendiendo los brazos. Tú sueltas la maleta con un ruido sordo contra el piso de madera, y te lanzas hacia él. Sus labios capturan los tuyos en un beso hambriento, áspero al principio, con el sabor salado de su boca y un leve toque de menta de su chicle. Sientes sus manos grandes, callosas por el gym, apretando tu cintura, bajando hasta tus nalgas para levantarte contra él. ¡Qué rico se siente su cuerpo duro contra el mío! El calor de su erección presiona tu vientre a través de la tela, y un gemido escapa de tu garganta mientras enredas los dedos en su cabello negro y ondulado.

Se separan un segundo, jadeando. El sonido de vuestras respiraciones pesadas llena la sala, punteado por el tráfico lejano de la avenida. "Estás cañón esta noche, mi amor", murmura él, mordisqueando tu oreja, enviando chispas de placer directo a tu centro. Tú respondes riendo bajito,

neta que este pendejo sabe cómo encenderme
, y le muerdes el labio inferior, tirando de él. Lo empujas hacia el sofá de piel suave, donde caes sobre él, tus rodillas a cada lado de sus caderas. Tus manos exploran su pecho, desabotonando la camisa con dedos temblorosos, sintiendo los músculos tensos bajo la piel morena, caliente como brasa.

La tensión crece lenta, como el hervor de un pozole en la estufa de tu abuelita. Diego te quita la blusa con un movimiento fluido, exponiendo tu brassiere de encaje negro. Sus ojos se oscurecen de deseo puro mientras recorre con la lengua el valle entre tus senos, inhalando tu perfume de vainilla y sudor fresco. "

Tu piel sabe a gloria, güey
", gruñe, y tú arqueas la espalda, ofreciéndote más. El roce de su barba incipiente raspa deliciosamente tus pezones endurecidos cuando baja la copa del sostén, chupándolos con una succión que te hace mojar las bragas al instante. Sientes el pulso latiendo en tu clítoris, un tambor insistente que pide más.

Pero no quieres apresurarte. Esta es Pasión Capítulo 18 de vuestra historia, la que empezó en esa fiesta en el Reforma y ha crecido con cada encuentro robado. Le das la vuelta, poniéndolo debajo, y desabrochas sus jeans, liberando su verga gruesa y venosa que salta dura contra su abdomen. El olor almizclado de su excitación te golpea, terroso y masculino, haciendo que tu boca se haga agua. La acaricias con la mano, sintiendo el calor pulsante, la piel sedosa sobre el acero. "¡Ay, cabrón, qué chingona estás!", jadea él, cerrando los ojos mientras tú la lames desde la base hasta la punta, saboreando la gota salada de precum que brota.

Lo torturas un rato, chupando lento, girando la lengua alrededor del glande, oyendo sus gemidos roncos que reverberan en tu pecho.

Me encanta tenerlo así, rogando por más, poderoso pero rendido a mí
. Sus caderas se alzan, buscando más profundidad, pero tú controlas el ritmo, subiendo y bajando con la boca húmeda, las manos masajeando sus bolas pesadas. El sudor perla su frente, y el aire se carga con el sonido chapoteante de tu saliva y sus suspiros. Finalmente, él te jala hacia arriba, besándote con furia, compartiendo el sabor de él en tu lengua.

Te lleva en brazos al cuarto, como si fueras liviana como una pluma, y te arroja sobre la cama king size con sábanas de algodón egipcio que huelen a lavanda. La luz tenue de las velas parpadea sobre vuestros cuerpos desnudos ahora. Diego se arrodilla entre tus piernas, abriéndolas con manos firmes pero tiernas. "Quiero comerte entera, mi reina", dice, y su aliento caliente roza tu panocha hinchada antes de que su lengua la invada. Sientes cada lamida como fuego líquido: el roce plano y ancho sobre tu clítoris, succiones en los labios mayores, penetraciones cortas con la punta. Tus jugos lo empapan, y el sonido obsceno de su festín te hace retorcerte, clavando las uñas en las sábanas.

¡Dios mío, este wey me va a matar de placer!
Piensas mientras el orgasmo se acumula, una ola creciendo en tu vientre. Él mete dos dedos gruesos, curvándolos contra tu punto G, bombeando en sincronía con su boca. Tus muslos tiemblan, el olor de tu arousal se mezcla con el suyo, embriagador. "¡Sí, Diego, no pares, pendejo! ¡Chíngame con la lengua!", gritas, y explotas en un clímax que te arquea como un puente, chorros calientes mojando su barbilla. Él lame todo, prolongando las contracciones hasta que caes laxa, palpitante.

Pero la noche apenas empieza. Te voltea boca abajo, besando cada vértebra de tu espalda, mordiendo suave tus nalgas redondas. Sientes la punta de su verga resbalando entre tus pliegues empapados, untándose de tus mieles. "¿Me quieres adentro, amor? Dime", pregunta, siempre atento, siempre respetuoso. "¡Sí, métemela ya, cabrón! Te necesito hasta el fondo", respondes, empinando las caderas. Entra despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. El ardor inicial da paso a una plenitud exquisita, su grosor llenándote como nadie más.

Empieza a moverse, embestidas lentas y profundas que chocan contra tu cervix, sacando gemidos guturales de ambos. El slap-slap de piel contra piel resuena, sudor goteando de su pecho a tu espalda. Cambian de posición: tú encima, cabalgándolo como amazona, sintiendo cómo su verga roza cada rincón sensible. Tus tetas rebotan, él las aprieta, pellizcando pezones. "

Esto es puro vicio, neta que contigo todo es chingón
", piensas mientras aceleras, el placer trepando otra vez. Él se sienta, envolviéndote en brazos fuertes, besos fieros mientras follan sentados, cuerpos fusionados en un ritmo frenético.

La intensidad sube: giran, él arriba ahora, piernas sobre sus hombros, penetrando profundo, brutal pero consensuado, perfecto. Sientes sus bolas golpeando tu culo, el olor de sexo crudo impregnando la habitación. "¡Me vengo, nena! ¡Júntate conmigo!", ruge, y tú explotas de nuevo, paredes convulsionando alrededor de su verga, ordeñándolo. Él se derrama dentro, chorros calientes pintando tus entrañas, un aullido compartido que sacude las paredes.

Colapsan juntos, enredados en sábanas revueltas, el corazón martilleando al unísono. Su peso sobre ti es reconfortante, su aliento en tu cuello un arrullo. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Eres mi todo, mi pasión eterna", susurra, trazando círculos en tu piel sensible. Tú sonríes,

este Capítulo 18 de nuestra pasión es el mejor hasta ahora, y vendrán más
. El afterglow los envuelve como niebla tibia, con el sabor de sal y semen en la boca, el aroma de amor satisfecho en el aire. Afuera, la ciudad duerme, pero en este nido, el fuego sigue latente, listo para arder de nuevo.

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